Artsenal, Humor Gráfico, Número 24, Opinión, Tonino Guitián
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Si oigo una vez más lo de “país heleno” me tiro por las escaleras

Por Tonino Guitián / Ilustración: Artsenal

Tonino Guitián

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Viene a cuento, respecto a la situación en Grecia, el chiste de la mujer de Leví, que le pregunta a su marido por qué da vueltas en la cama sin poder dormir. Este le confiesa que le debe una suma considerable al vecino y que no podrá pagarla. La mujer de Leví se levanta de la cama, abre la ventana, grita “¡Vecino! ¡Mi marido no podrá pagarte el dinero que te debe!”, se vuelve la cama y le dice a su esposo: “Ya está, ahora el que no puede dormir es él”.

El partido de la izquierda radical griega dirigido por Alexis Tsipras, favorito en las legislativas del pasado 25 de enero, quiere rechazar de esta manera –aparentemente sencilla– la política de austeridad que el único efecto que ha tenido es que la extrema derecha progrese. Pero sus propuestas chocan contra el imposible peso de la deuda y las expectativas de los acreedores europeos e internacionales. Así que como en todas las terapias, lo principal es reconocer el problema: no hay dinero suficiente en Grecia para alcanzar algún día el pago de la deuda. El clientelismo de la oligarquía griega se armó de blindajes y echó sobre la responsabilidad de los ciudadanos las obligaciones del pago. La solución europea a la crisis griega fue echar gasolina al incendio regalando trajes de amianto a algunos ya afortunados. El “Guantánamo fiscal”, como lo llamó entonces el actual ministro de economía griego, Varoufakis.

Es normal, dicho sea con muchísimo cinismo, que la prensa española haya esgrimido casi de forma unánime la opinión de que la situación griega no tiene nada que ver con la nuestra. Vamos, hombre: los números son distintos, pero la oligarquía, lo que algunos llaman casta, está conformada casi en el mismo ordenamiento. Hasta tenemos algo que ellos ya no tienen, su aristocracia, de cuando mandaron a la familia real griega a la mierda, que por cierto es alemana, los Glücksburg.

Grecia, o el gobierno de la derecha griega, el estabilizador, sólo impuso acciones sobre individuos y colectivos, no sobre áreas económicas como pretendía Alemania, condenando al país y a sus ciudadanos a una eterna y patológica dependencia de Europa, convirtiéndolos en un valor ajeno a sus intereses, aumentando el paro y bajando el PIB. Aceptemos esa frase tan inteligente que dijo algún sabio político de que “Grecia no es España”, de acuerdo, pero Grecia sí es ahora el espejo donde se mira España.

Lo realmente interesante de Syriza no son los datos, sino la confrontación entre lo que se dice que es imposible y el pragmatismo. Su confrontación y la nuestra, que todos los días nos enfrentamos a las situaciones impuestas por kafkianas compañías telefónicas, bancos, compañías eléctricas y de agua y gas que confabulan contra nosotros. Si hemos hablado de antes de la situación griega con términos como dependencia, terapia y patología no es casual: es que la situación mundial de toda la gente que estamos interconectados por un medio u otro, es una situación puramente mental y enfermiza: ni el dinero corresponde a un valor efectivo –no es real sino una deuda en sí mismo– ni las políticas hasta ahora tienen relación con los deseos de la gente sino con sus miedos, ni lo que consumimos nos hace felices ni nada es realmente íntimo o querido, porque todos nuestros valores están trastocados. Todo gira en torno a unas convenciones que se sostienen por unos hilos como un castillo de naipes. Syriza representa la pelea de la racionalidad contra esas ideas preconcebidas. Y sí, es cierto que hay quien ha comparado estas ideas con las de Hitler o José Antonio. Otros con Castro o con Chávez. Yo, por ahora, no veo esa analogía sino una búsqueda del entendimiento. Luego ya veremos si son ciertas las predicciones de que se convertirá en un partido totalitario elegido por el pueblo, pero de ese pecado participan no pocos movimientos políticos alentados por la cómoda tiranía de la economía, sin ir más lejos… no me tiren de la lengua…

Artsenal

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