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Niños esclavos, el precio de llevar unos vaqueros de marca

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 Internacional

Por Julia Castro. Sábado, 22 de febrero de 2015

En un segundo, la fábrica Rana Plaza de Bangladesh se vino abajo, sepultando a cientos de trabajadores. Al menos 1.127 personas murieron y muchas, aunque lograron sobrevivir, sufrieron graves mutilaciones. Ocurrió en Savar, en el distrito de Daca, capital del país, en abril de 2013, y supuso la peor tragedia industrial en la historia de ese estado asiático. Rana Plaza era una fábrica textil de ocho plantas en la que trabajaban en condiciones infrahumanas, de sol a sol, más de cinco mil personas, todas ellas contratadas para la confección de ropa y posterior envío a grandes firmas multinacionales occidentales. Decenas de trabajadores quedaron sepultados, vivos, bajo los escombros. El accidente sirvió para airear la situación terrible, de esclavitud, que soportan cientos de personas en el Tercer Mundo. La mitad de las víctimas eran mujeres que se veían obligadas a tener a sus hijos consigo en las instalaciones al no poder dejarlos con nadie más. Los testigos del siniestro relataron que fue como si la tierra se abriera bajo sus pies por un terremoto, pero lo cierto es que el edificio sufría graves deficiencias por grietas y amenazaba ruina desde hacía tiempo. Nadie hizo caso al tratarse de un bloque propiedad de altos gerifaltes del gobierno de Bangladesh, uno de los países más pobres del mundo.

Rana Plaza fabricaba ropa para marcas como Grupo Benetton, The Children’s Place, DressBarn, Mango, Monsoon, Primark y El Corte Inglés. Tuvo que ocurrir semejante tragedia para que las grandes corporaciones firmaran un acuerdo multilateral con el fin de paliar las miserables condiciones laborales de los trabajadores*. El derrumbamiento de la factoría es solo la punta del iceberg de la sangrante explotación laboral que sufren los habitantes de los países del Tercer Mundo, una situación que, como siempre, pagan los más débiles: los niños. Hajira, de 8 años, trabaja catorce horas diarias machacando viejas baterías de teléfonos móviles hasta poder extraer la varilla de carbono para su reutilización en Daca, capital de Bangladesh. La madre de Hajira consigue sacar y limpiar unas 3.000 varillas al día. Ella las aplasta con fuerza para que puedan ser recicladas. “El trabajo de una jornada nos permite comer cada dos días”, asegura la menor. En esta planta industrial, por llamarla de alguna manera, ya que más bien es un vertedero, familias enteras trabajan bajo una nube de polvo negro que lo invade todo. En unos pocos años muchas de estas personas desarrollarán enfermedades respiratorias graves y cáncer.

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Niños y jóvenes son captados para trabajar en las hilanderías de India. Imagen: Euronews.

Según la oenegé Save the Children, actualmente existen 218 millones de niños trabajadores en el mundo con edades comprendidas entre los 5 y los 17 años, pero las cifras podrían alcanzar los 400 millones de menores considerados “esclavos”, según datos que barajan algunas organizaciones no gubernamentales. Es el caso de la Confederación Española de Religiosos (Confer), quien ha llegado a denunciar en sus comunicados que “puede ser que los plátanos que comemos y el café que degustamos estén empapados con el sudor de muchos niños y niñas latinoamericanos o africanos. Puede ser que las alfombras que pisamos estén tejidas por esclavos paquistaníes; cortinas, camisas, joyas y otros productos manufacturados podrían ser fruto del trabajo oculto y forzado de menores en la India; balones y juguetes de nuestros niños podrían gotear sangre de tantos menores asiáticos y caribeños”. Se calcula que unos 126 millones de niños en todo el mundo realizan trabajos peligrosos y que unos 8 millones y medio lo hacen en condiciones de esclavitud, atrapados en las peores formas de empleo sumergido ilegal, degradante y tóxico. Los informes de Confer describen las terribles condiciones en que los menores son obligados a trabajar, el impacto directo que todo esto tiene en sus vidas y recomendaciones para combatir los abusos. El listado de la explotación infantil es tan largo como difícilmente digerible: salarios medios de 1,3 euros diarios, en el mejor de los casos, por 68 horas de trabajo semanales, sin contrato, en ambientes insalubres, sin derechos básicos como la cobertura sanitaria en caso de enfermedad o la afiliación sindical, y en régimen de privación de libertad.

Captados por bandas organizadas

El trabajo infantil está prohibido por ley en la mayoría de los países del mundo, pero sigue siendo moneda corriente en algunas de las zonas más pobres del planeta. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) estima que 170 millones de niños trabajan en las fábricas textiles, las nuevas galeras del siglo XXI, para satisfacer la demanda de los consumidores de Europa y EE.UU. La industria de la moda rápida ha embarcado en una carrera frenética a las compañías multinacionales en su objetivo de conseguir precios cada vez más competitivos y en su obsesión por encontrar mano de obra barata en países subdesarrollados. Y esa mano de obra llega a ser tan barata y precaria que millones de niños terminan trabajando durante jornadas interminables a cambio de un trozo de comida que llevarse a la boca. Sofie Ovaa, coordinador global de la campaña ‘Alto al trabajo infantil’, asegura: “Hay muchas niñas en países como la India y Bangladesh que están dispuestas a trabajar por precios muy bajos y son reclutadas bajo falsas promesas de ganar un salario decente”.

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Los niños sufren explotación laboral de todo tipo en los países subdesarrollados. Foto: Daniel Berehulak

 Un reciente informe realizado por el Centro de Investigaciones sobre Empresas Multinacionales y el Comité de la India de los Países Bajos (ICN) reveló que los reclutadores en el sur de la India convencen a los padres de las zonas rurales más pobres para que envíen a sus hijas a las hilanderías con promesas de un trabajo bien remunerado, un alojamiento, tres comidas al día y oportunidades en formación y educación, así como un pago único al final de tres años. El estudio muestra que tales promesas suelen verse a menudo incumplidas y “en realidad, los niños están trabajando en condiciones deplorables que llevan a la esclavitud moderna y a las peores formas de trabajo infantil”. Todo es una estafa. Los niños son obligados a vivir en sórdidas cuevas, cobertizos, casas viejas sin luz ni agua, y lo que es aún peor, sin perspectivas de futuro y sin remuneración alguna. Muchos son golpeados con palos y barras de hierro y ni siquiera se les permite ver a sus padres. Son marcados con hierros al rojo vivo, quemados con cigarrillos, dejados morir de hambre, azotados, golpeados, encadenados, sometidos a abusos y encerrados durante días y días. Un niño de apenas diez años, Shankar, describe así su dura experiencia personal: “Estábamos todos allí, encerrados. Nos quemaban con cigarrillos en la espalda y las piernas. Si llorábamos por nuestras madres nos dejaban metidos en una habitación durante días, sin aire ni luz suficiente. Nos vimos obligados a trabajar 20 horas por jornada sin paga. No nos daban de comer, nos golpeaban si nos veían hablando entre nosotros o si nos reíamos. Una noche me metí en el río Ganges para suicidarme, quería escapar de esta vida. Nunca más se nos permitió volver a ver a nuestros padres, ni regresar a nuestros pueblos”. La mayoría de los talleres clandestinos tienen barrotes en ventanas y puertas para evitar que los niños escapen. Suele haber matones armados con garrotes vigilando los recintos y, ocasionalmente, perros guardianes.

Los empresarios prefieren niños antes que adultos para recoger el algodón porque sus dedos son más delicados

La explotación laboral de los niños en el Tercer Mundo es un tema tabú para la industria de la moda, y los gabinetes de comunicación de las multinacionales suelen despachar a los molestos periodistas que les preguntan por lo que está pasando. Buena parte de la cadena de suministro requiere mano de obra poco cualificada y muchas empresas prefieren a niños antes que a adultos para llevar a cabo ciertas tareas. Por ejemplo, en la recolección de algodón, los empleadores prefieren contratar a niños por sus pequeños dedos, que no dañan el cultivo.

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Las jornadas laborales son interminables, muchos de ellos contraen enfermedades profesionales.

El pasado mes de enero, la Policía india rescataba a cientos de niños esclavos en varios talleres en la ciudad de Hyderabad. Los agentes encontraron a 120 menores –algunos de ellos enfermos, desnutridos y traumatizados– durante lo que el Gobierno del país vendió como una ofensiva en toda la ciudad contra la esclavitud infantil. Los niños se quejaron de que eran obligados a trabajar 16 horas al día, sin interrupciones, y de que eran amenazados con violencia y con dejarlos sin comer si desobedecían las órdenes de los capataces. Muchos fueron transportados desde el estado norteño de Bihar después de que sus padres los vendieran a traficantes por una cantidad que oscila entre las 5.000 y las 10.000 rupias (entre 100 y 200 dólares americanos). Los “controladores” de las tramas organizadas los tenían vigilados día y noche y recluidos en lúgubres habitaciones, sin ventilación, y expuestos a gases nocivos. Cuando la Policía irrumpió en los habitáculos de los talleres, los niños estaban acurrucados y muy asustados.

Esclavizados en las grandes urbes

Muchos de los menores esclavos son captados por las bandas organizadas y obligados a ejercer la prostitución, según denuncian las oenegés. La Policía saca pecho de sus redadas pero en realidad buena parte de los agentes hacen la vista gorda y en muchas ocasiones las propias autoridades gubernamentales están implicadas en las redes clandestinas. Las grandes urbes de la India como Delhi, Calcuta y Bombay son objetivos principales para las tramas organizadas, que atraen a los padres pobres de las zonas rurales con la promesa de puestos de trabajo y salarios mensuales, pero que luego venden a los niños en régimen de servidumbre. La mayoría de ellos terminan en la construcción o como trabajadores domésticos. Otros, en la industria textil, trabajos agrícolas, pirotecnias, sector del tabaco, canteras, fabricación de baratijas y confección de alfombras. Unos cuatro millones de niños indios estarían siendo explotados, según el Gobierno del país. Los expertos, sin embargo, afirman que las cifras reales son mucho más aterradoras.

El activista indio en pro de los derechos civiles Kailash Satyarthi acaba de ganar el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos para poner fin al trabajo infantil y muchas voces se alzan ya en todo el mundo contra la explotación de menores en el trabajo, pero el problema es de tal magnitud que no parece tener fácil solución, al menos en este siglo.

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Los niños son amenazados por las mafias que los captan en las grandes urbes indias.

“Nos encerraron, nos quemaban la espalda con cigarrillos y nos marcaban con hierros ardientes. Yo quise suicidarme en el Ganges”

Los niños son considerados por las mafias como trabajadores obedientes y fáciles de manejar. Ovaa dice: “No hay mecanismos de control social, no hay sindicatos que puedan ayudarles a negociar mejores condiciones de trabajo. Se trata de obreros muy poco cualificados sin voz, por lo que son un blanco fácil”.

Los niños trabajan en todas las etapas de la cadena de suministro en la industria de la moda: en la producción de semillas de algodón en Benin, cosechando en Uzbekistán, en hilanderías de la India y posteriormente en la venta y distribución en los pequeños comercios de los suburbios. En la industria del algodón, los niños se emplean para transferir el polen de una planta a otra. Están sometidos a largas y exhaustas jornadas de trabajo, a exposición de pesticidas y todo ello por un salario mísero. Se calcula que el 11% de la población mundial infantil sufre este tipo de abusos, según la Organización Internacional del Trabajo. Una vez dentro de las fábricas textiles, los niños realizan tareas diversas y a menudo arduas, como el teñido, el cosido de botones, el corte y recorte de hilos, el plegado, movimiento y embalaje de prendas… Muchas de estas tareas son muy duras, exigen grandes esfuerzos físicos y los niños terminan pagándolo caro con graves enfermedades profesionales, cardiacas, pulmonares, de espalda y desnutrición antes de llegar a los 20 años.

Uno de los mayores desafíos en la lucha contra el trabajo infantil está en terminar con las subcontratas, ya que las grandes multinacionales muchas veces firman con empresas del Tercer Mundo a las que ni siquiera llegan a conocer. De esta manera, las empresas que venden sus productos en Europa y EE.UU en ocasiones no tienen ni idea de la procedencia de los textiles, lo cual no les exime de responsabilidad.

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Un taller clandestino en Delhi, India, donde se fabrica ropa para multinaciones occidentales. Foto: AFP

El Fair Wear Foundation dispone de una lista de más de 120 marcas que se han adherido a su código de prácticas laborales, y que en teoría no permiten el uso de trabajo infantil. Marcas acreditadas que deben garantizar con auditorías periódicas que todos sus proveedores cumplen con la ley. No obstante, estas normas la mayoría de las veces quedan en papel mojado.

Para Vicenç Navarro, médico, sociólogo y politólogo experto en economía política y catedrático de Economía Aplicada en la Universidad de Barcelona, el problema mayor que tiene Bangladesh –según las estadísticas internacionales el país más pobre del mundo junto con Haití– no es la falta de recursos, sino el control sobre los mismos. Navarro señala que “Bangladesh no puede considerarse un país pobre, aunque la inmensa mayoría de sus habitantes lo sea. El problema es que la oligarquía terrateniente –el 16% de los propietarios de la tierra controlan el 60% de toda la superficie cultivable–, produce alimentos que exportan a los países llamados desarrollados, consolidando una estructura agrícola que provoca un número importante de población misérrima que acaba emigrando del medio rural a las ciudades donde es explotada –en condiciones económicas, laborales y de seguridad penosas– en las distintas manufacturas e industrias urbanas, entre ellas la textil”. Según Navarro, el poder político responde únicamente a los intereses de los terratenientes rurales y los empresarios urbanos, sectores que producen según las demandas exteriores sin atender las necesidades de la población de Bangladesh.

Tras la tragedia de Rana Plaza, la ONU puso en marcha un innovador sistema de indemnizaciones para que las empresas no pudieran lavarse las manos, pero una compañía se niega a pagarlas: Benetton. Desde algunas organizaciones sociales se ha lanzado una campaña a través de las redes sociales para literalmente “hacer trizas su reputación a menos que se comprometa a pagar”. Tras lo sucedido, miles de personas protestaron en la calle para exigir la detención de los dueños del inmueble y el cierre de los cinco talleres que se ubicaban en su interior.

Niños indios trabajan en una fábrica de ladrillos en Chandigarh (India)  REUTERS

Niños indios trabajan en una fábrica de ladrillos en Chandigarh. Foto: Reuters

Benetton participa en la Semana de la Moda, que se celebra del 19 al 24 de febrero en Milán y que se convierte en el centro neurálgico de la industria textil a nivel mundial. De Prada a Giorgio Armani pasando por Gucci o Versace ofrecen sus propuestas textiles. Algunas oenegés han advertido a través de las redes sociales de que es la oportunidad perfecta para crear un escándalo que golpee la imagen de las grandes marcas en todo el mundo. “Haz clic para exigirle a Benetton que pague y respete el sistema de indemnizaciones. Cuando lleguemos a un millón de firmas, les pondremos en ridículo con una acción espectacular durante la semana de la moda que no podrán ignorar. Firma ahora”, dice el manifiesto que circula por internet.

Por primera vez la ONU logró un acuerdo de las multinacionales para compensar a las víctimas de Rana Plaza, que reunió a los actores clave: el gobierno de Bangladesh, las manufactureras, las marcas internacionales y los sindicatos. Pero, si Benetton no cumple, otras compañías harán lo mismo y la posibilidad de sentar un precedente que brinde justicia a las víctimas se esfumará, advierten las oenegés.

Benetton es la única gran empresa internacional que mantiene una relación directa con Rana Plaza que aún no se ha sumado al acuerdo. Sus ganancias durante el año del derrumbe fueron de 139 millones de euros, pero desde la firma se asegura que ya han cumplido con su parte de responsabilidad al haber donado una cantidad de dinero a una organización solidaria local. Las corporaciones se lavan las manos. Los niños siguen siendo explotados.

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MDG : Mali : child labour and gold mining

Edmund, de 10 años, rompe rocas de grava para ayudar a su familia en Zambia. Foto: Human Rights Watch.

* El acuerdo para la indemnización por el derrumbe de Rana Plaza fue firmado por H&M, Inditex, C&A, PVH, Tchibo, Tesco, Marks & Spencer, Primark, El Corte Inglés, JBC, Mango, Carrefour, KiK, Helly Hansen, G-Star, Aldi, New Look, Mothercare, Loblaws, Sainsbury’s, Benetton, N Brown Group, Stockmann, WE Europe, Esprit, Rewe, Next, Lidl, Hess Natur, Switcher, A&F.

16 Kommentare

  1. Maria alarcon dicen

    Es sobrecogedor saber la vvida de estos niños .pero nadie hace nada y estas personas que venden se seguirán llenándose llos bolsillos de dinero y seguiran explotando niños .la única forma que podemos ayudar es no comprando esos productos

  2. Zaira dicen

    Hola,
    Es una vergüenza q ocurra esto. Me gusta cocienciarme de estos asuntos: no compro ropa de marca, y del resto de tiendas compro cuando me hace falta algo y no por capricho. Pero, tengo una pregunta: ¿en que tiendas podemos cmprar ropa en la q no estemos fomntando la exclavitud infantil?
    Gracias.

  3. Pingback: Niños esclavos: el precio de llevar unos vaqueros u otros artículos de marca | IBASQUE.COM

  4. Revista Gurb dicen

    Hola Cristina, hasta donde nosotros sabemos, lo que ha firmado Benetton es el acuerdo para la indemnización a las víctimas por el derrumbe de Rana Plaza, que por cierto según cuentan periódicos extranjeros aún no han recibido la totalidad de las compensaciones por el siniestro. Otra cosa distinta es que las prendas Benetton siguen fabricándose en países del Tercer Mundo, como hacen la mayoría de las grandes firmas textiles. Los resultados de un reciente estudio indican que cadenas como la sueca H&M, o la española Mango “muestran una mayor preocupación por estas cuestiones y están empezando a disponer los medios para mejorar, aunque siguen sin tener un buen control de sus proveedores y de objetivos medioambientales cuantificados”. Adolfo Domínguez, Springfield, Zara y C&A “han hecho progresos, pero aún podrían mejorar”, mientas que Benetton, Celio y Promod, afirma la OCU, “no están tomando apenas ninguna medida para garantizar que su ropa se ha fabricado de forma responsable”. Esperemos que en el futuro estas firmas vayan firmando convenios que respeten los derechos humanos.

    Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/1805187/0/ropa-barata/bangladesh/claves/#xtor=AD-15&xts=467263

  5. Cristina dicen

    Esto es lamentable, pero aclaradme una cosa, Benetton ha firmado o no, porque decís que no, y en la lista del final pone que sí. Yo compro ropa para mis hijos en Benetton y me gustaría saberlo.

  6. Eliana dicen

    PATETICO!!! BASTA YA DE NUESTRO CONSUMISMO!!!

  7. Carlos Alzate dicen

    y la Corte Penal Internacional que acciones podrá realizar en este tipo de problemas?

  8. Mary Francisc Farías dicen

    aqui en venezuela lo presenta hasta el momento segun mi conocimiento es el ministerio del poder popular para la educación quienes por aceptar cargas en execeso del presupuesto en el pago de la nomina de los trabajadores decuidaron erogaciones presupuestarias fijas para el pago de otros beneficios ya que le dieron alo mejor otro destino cuestion que es un delito sobre todo si el monto se mantiene como una deuda por ejmplo bueno que no tenemos seguridad social y es extraño por que a la empresa privada le exigen bastante que cumpla con esto cuando el estdo o los ministerios no lo cumplen.

  9. ana dicen

    Es patético ver imágenes tan tristes y lo peor cruzarse de brazos.

  10. LELIS dicen

    ESTOY TAN IMPACTADA POR ESTA REALIDAD, QUE NO SE QUE DECIR DIOS TODAVÍA EXISTE LA ESCLAVITUD, Y QUE REALIDAD TAN HORRIBLE QUE UTILIZAN A LOS NIÑOS COMO ESCLAVOS DIOS MIO QUE EL SEÑOR TENGA MISERICORDIA DE ESTAS CRIATURAS

  11. Sara Figueroa dicen

    Que triste que siga la explotación Infantil y por mi parte no compro más en esas tiendas hasta que termine la explotacion en genetal pero mas la Infantil y difundo esta información.Felicidades por los reportajes

  12. JAVIER dicen

    una vez alguien me dijo , esos pantalones son caros, le conteste es verdad, ponerlos mas baratos es facil, al que cose le pagamos la mitad, pero imaginate que la que cose es tu madre. El cambio de cara… esa idea no le gustaba.

    Cada dia el rico mas rico y el probre mas pobre, pero HABER SI NOS ENTERAMOS QUE AL RICO LO HACE MAS RICO EL PROBRE

  13. Nadia Mora dicen

    Gracias a la actitud pasiva e indiferente de una sociedad tóxica que se alimenta del descontento y resentimiento, no existe una defensa a semejantes atropellos a la dignidad humana, por ello cada día mas estas actitudes destructivas crecen en audacia e insolencia. No más explotación infantil.

  14. Valentin sanchez dicen

    Es una vergüenza lo que hacen estas grandes empresas , son las culpables de que esto pase para ellos enriquecerse y nosotros por comprar sus productos , deberíamos dejar de comprarlos

  15. Silvia Villalobos dicen

    Derechos Humanos Internacional por favor difúndanlo por todas las redes
    yo lo estoy haciendo , tenemos que acabar con esto

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