Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 24, Opinión
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Mujeres que no se rinden

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Lidia Sanchis

Lidia Sanchis

Vivimos un tiempo de crisis pero también de esperanza, unos momentos llenos de dificultad y, sin embargo, apasionantes porque algunas cosas van a cambiar. Tengo la sensación de que este país es como esas personas enfermas psicológicamente que sienten que han tocado fondo y que de ese inhóspito lugar sólo pueden salir si toman impulso y se proyectan hacia adelante. El átomo de positivismo que me queda me impide plantearme cualquier otra posibilidad.

Y en los tiempos de dificultad se suele mirar a los vecinos para observar sus movimientos en este inmenso tablero de ajedrez donde casi todos estamos a punto de ser devorados. Exhausto, agotado, desesperado, el pueblo griego habló hace unas semanas para decir no. No a los recortes, no al “austericidio”, no a la troika, no al norte y sí al sur. Grecia, a la que debemos la comedia, el drama y la tragedia, pretende encabezar un tiempo nuevo que aún no tiene nombre pero que despierta simpatías y esperanza.

Ganó Syriza, ya lo saben, en un gobierno que preside Alexis Tsipras. Y, primera polémica: ninguno de los doce ministerios del nuevo gobierno tendrá al frente una mujer. Así pues, esta ausencia de mujeres en la primera línea de la política griega ha generado opiniones encontradas. Para unos es un asunto menor, teniendo el país tantos problemas como tiene; para otros no es sino el reflejo de algo más profundo, de una concepción equivocada de la política e incluso de la vida.

A mí todo ese asunto me ha hecho reflexionar sobre dos mujeres. De una de ellas, Aurora Sales, ya les hablé en otro artículo. Es una “aparadora” de Elche, una empleada del sector del calzado que ha estado trabajando durante muchos años sin contrato hasta que se decidió a denunciar a su empresa, animada por las palabras de la ministra de Trabajo, Fátima Báñez, sobre la conveniencia de señalar a los parados que cobran una prestación y trabajan a la vez en negro. Tal y como lo planteó Báñez esas denuncias eran una obligación, casi un acto de patriotismo.

Aurora así lo entendió, denunció a su empresa y, por supuesto, fue despedida. Inició entonces un largo y solitario camino para dar a conocer su caso, un caso parecido al de tantas y tantas mujeres, pero con una salvedad: Aurora fue valiente, solitariamente valiente, dolorosamente valiente. Ella repite muchas veces que gritaba y gritaba pero nadie parecía darse cuenta. Hasta que, por fin, alguien se detuvo a escuchar. Veremos qué ocurre en el juicio pero les aseguro que jamás he conocido a nadie tan valiente y con tanta dignidad como ella.

En la otra mujer en la que pienso a propósito del gobierno de Tsipras es Amalia Molins, la madre de un joven de Betxí que está en coma vigil desde hace trece años. La Generalitat valenciana le retiró hace unos meses el fisioterapeuta que impedía que Raúl se quedara rígido del todo, alegando que esos cuidados se los podía proporcionar su familia. Amalia gritó y su voz fue escuchada por un medio de comunicación, La Sexta. Gracias a ello, el gobierno valenciano, su conseller de Sanidad, Manuel Llombart, se vio obligado a rectificar y a devolver el tratamiento de rehabilitación para el joven.

En ambos casos ha sido crucial la intervención de los medios de comunicación y de las personas que los sustentan: los periodistas. Quiero decir que si en este momento tiene importancia el periodismo, si ha de servir para algo, si la crisis tiene que tener alguna consecuencia más para los de mi tan castigado gremio, que sea para esto: para que seamos capaces de volver a lo esencial, a ser altavoces de quienes sufren, a ser un vehículo para la denuncia y un límite a las tropelías de los poderosos.

Estoy convencida de que hay hombres tan valientes o más como estas dos mujeres de las que les hablo. Pero si reflexiono sobre esta crisis, la de Grecia y la nuestra, o sobre cualquier crisis pasada o futura, en el centro de todo ello no observo más que a mujeres. Mujeres solitarias que luchan sin denuedo; mujeres solidarias siempre dispuestas a echar una mano; mujeres intrépidas capaces de los más duros sacrificios para sacar adelante a los suyos; mujeres incansables; mujeres que, con sus pequeñas manos, sostienen el mundo.

Señor Tsipras, quizá habría tenido que reflexionar sobre esto usted también. Quizá algún día, cuando vengan mal dadas, necesite de alguien hecho con mimbres de sueños y acero. Alguien como Aurora y como Amalia. Alguien que no se rinda jamás.

L'Avi

L’Avi

 

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3 Kommentare

  1. Lidia Sanchis Sorribes dicen

    Gracias Aurora, Rosa. Un abrazo enorme.

  2. aurora dicen

    gracias lidia es cierto las miles de lidias amalia candelas bienvenidas auroras devemos trabajar muy duro para dar voz a todas las que todavia tienen miedo y no pueden gritar somos solidarias con todas las persona necesitadas eso nos da furzas y juntas podremos siempre
    gracias amigas a todas

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