Artsenal, Humor Gráfico, Número 25, Opinión, Rosa Palo
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Listas y tontas

Por Rosa Palo / Ilustración: Artsenal

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

Nos gusta una lista más que comer con los dedos. La de las mejor vestidas, la de las películas de la década, las de los libros más vendidos, la de los mejores restaurantes, la de las tonadilleras más pelúas. Y, ahora, la Falciani. Y todo el mundo echándose las manos a la cabeza, como si fuera una sorpresa los nombres que aparecen en ella. Y todo el mundo mosqueado por el trato de favor que se les dispensó para que regularan su situación con Hacienda, como si la vida no fuera un continuo trato de favor para ellos. Así que tranquilos, que no hay nada nuevo bajo el sol: sólo un grupo de ricos riquísimos que quieren serlo aún más, pasándose por el forro el país del que se llenan la boca. Lo de siempre. Además, queda mucho camino por recorrer y mucho sinvergüenza por pillar, porque en la lista sólo consta un 0,001% de todo el dinero opaco que se mueve en el mundo. ¿Dinero opaco? Mi dinero es tan transparente que ni se ve.

No aparezco en la lista Falciani, ni en la lista de las columnistas más leídas, ni siquiera en la lista de las más elegantes junto a la cursi de Paloma Cuevas, la minsa de Nieves Álvarez, la sonsa de Genoveva Casanova, la incorruptible de Isabel Preysler y la loca del coño de Naty Abascal. Señoras bien que afirman que la elegancia es una actitud y que se puede ir fantástica vistiendo de Zara; declaraciones que hacen puestas de Óscar de la Renta, enjoyadas por Suárez y mirando al infinito, como Greta Garbo al final de La reina Cristina de Suecia. Así cualquiera, monas: os querría ver yo con la ojera colgando a primera hora de la mañana, con los pelos que ni Eduardo Punset un día de viento hipohuracanado, con la camiseta arrugada porque tienes una montaña de plancha más alta que el Aconcagua y con la bolsa de la compra y la cartera del niño como complementos ideales para completar el conjunto. Si vas así y consigues no parecer María Jiménez arrastrándose por el camino del Rocío, eres elegante de verdad. La paradoja del estilo.

La ventaja es que, una vez que has entrado en esa lista, ya nunca sales. Si estás hecha una pasa por los estragos de noches marbellíes y abracadabrantes junto a Charo Vega, dirán que luces “una espléndida y serena madurez”. Si te pillan hecha un Cristo por la calle porque tienes menos pulso con el eyeliner que el Marqués de Villaverde operando a corazón abierto, irás “sencilla y natural”. Si perteneces a esa nueva generación de cachorras de la jet que son DJs, it girls, diseñadoras y mamarrachas, con Brianda Fitz-James Stuart a la cabeza, describirán tu pinta de niña esquizofrénica como “atrevida y original”. Y si eres Kalina de Bulgaria… bueno, con Kalina han tocado fondo. Pobres. No hay redactor que encuentre un eufemismo para hablar de su estroperada nariz.

Servidora no estará nunca en una de esas listas porque por mucho que ponga boquita de piñón y le pida a mi charcutero 200 gramos de fuagrá, me calzo unos leggins y viene a detenerme la UDEF, la Unidad de Defensa del Estilo Fashion. Y si me coloco un escote vertiginoso para enseñar esternón, se me salen esos leotardos estiraos que tengo por mamellas. ¿Ven? Cada uno defrauda a quien puede: los ricos a Hacienda, y yo a las más elementales normas de la moda.

Así que, descartada la lista de las más elegantes, la única esperanza que me queda es aparecer en la de amantes de Michael Fassbender y desaparecer de la lista de espera de la Seguridad Social. Claro que, si los listos que hay en la lista Falciani hubieran pagado sus impuestos correspondientes, es posible que la sanidad española funcionara mejor. Qué cosas tengo.

Artsenal

Artsenal

 

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