Ángel Vilarello, Deportes
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Las sin nombre

Por Ángel Vilarello

Editorial

Deportes

Subcampeonato del mundo de balonmano, campeonato mundial de bádminton, subcampeonato del mundo de fútbol sub-17, mejor clasificación histórica en el rally París-Dakar, numerosos récords, títulos mundiales y europeos en natación, campeonato del mundo de waterpolo, subcampeonato mundial de baloncesto, campeonato de Europa de salto de altura, campeonato mundial de gimnasia rítmica (especialidad mazas), subcampeonato mundial de vela, mundial de golf (International Crown), múltiples medallas en natación sincronizada, campeonato europeo de halterofilia, nominación al Balón de Oro, campeonato europeo de hockey patines, subcampeonato mundial de windsurf,… y no sigo porque no es mi intención aburrirles, pero principalmente porque no me resulta fácil acceder a la información relativa a los éxitos que nuestras deportistas han logrado en los últimos tiempos.

Seguro que le vienen a la mente noticias recientes en los medios de comunicación, incluso alguna portada en la prensa escrita, junto a numerosas referencias en todo tipo de páginas web, pero poco más. Imaginen una conversación intrascendente y saquen el tema: “menudo año lleva el deporte femenino en este país”; tal vez todos asientan con la cabeza y el más lanzado recurrirá a algún topicazo mientras se enorgullece de su apoyo incondicional a las atletas. Insisto, poco más. Quizás la mejor manera de intentar explicarles lo que quiero decir sea proponiéndoles una sencilla pregunta, que tal vez puedan además utilizar para ganar alguna apuesta al pesado de turno que maneja el Marca como el trilero los cubiletes; este artículo comienza con más de una docena de espectaculares logros de las chicas, otra generación de oro tal vez, pero ¿cuántos nombres de ellas son capaces de recordar?

Tal y como está la Seguridad Social en este país, hagámonos un favor y dejemos de pensar, antes que un ictus o algo peor acabe con nuestro cerebro en urgencias. No creo que me equivoque mucho si por su cabeza han aparecido nombres como la descomunal Mireia Belmonte, tal vez Laia Sanz por lo reciente de su última proeza y seguramente Ruth Beitia, un clásico en los podiums del salto de altura. Si es usted un consumado consumidor de los espacios deportivos, probablemente tenga en su mente nombres como Ona Carbonell, Amaya Valdemoro o Verónica Boquete. Y sólo los cum laude de la información podrán nombrar a Gisela Pulido, Marina Alabau, Carolina Marín o Teresa Perales. Una ingente cantidad de nombres quedan en el tintero, verdaderas heroínas que han sabido sacar lo mejor de sí mismas a pesar de los acuciantes recortes que el deporte de élite ha sufrido en los últimos años, heroínas que en la mayoría de los casos quedarán relegadas al olvido, si es que verdaderamente en algún momento han dejado de estarlo.

He tenido la fortuna de vivir en el deporte la sensación de lograr algo que ni siquiera había soñado, y les puedo asegurar que pocas experiencias me han resultado tan gratificantes en la vida, pero para muchas de estas campeonas me pregunto hasta qué punto merecerá la pena el ingente sacrificio realizado, las miles de horas de entrenamiento, en muchos casos vivir lejos de su familia y amigos, en definitiva, el apostarlo todo. Pienso que sí, cuando me imagino a alguna de ellas subiendo al pódium a recoger su medalla mientras escuchan el himno nacional y su bandera es izada en el mástil. Esta afirmación se tambalea cuando el pensamiento se dirige a aquella deportista o equipo que se quedó a las puertas del éxito, a la cuarta clasificada, a aquella que no salió en la prensa, a aquella que no obtuvo premio, aquella que dijo adiós a su anhelado sueño por unas miserables décimas de segundo, por unos insignificantes centímetros, aquella que se esforzó tanto o más como la campeona, aquella que quizás simplemente no tuvo su mejor día, aquella de la que nadie habló al día siguiente, aquella cuyo nombre no será recordado o peor aún, ni tan sólo escuchado.

A pesar de todo, creo sinceramente que hemos llegado a un punto de inflexión, que esto sólo ha sido un primer paso hacia el verdadero reconocimiento de estas luchadoras, que se han convertido en el espejo en el que miles de niñas se miran y que ya demandan a sus padres hacer todo tipo de deportes. Me alegra también ver que el Consejo Superior de Deportes parece haberse puesto las pilas en este tema y que los patrocinadores se han dado cuenta del filón que tienen a su alcance. Ojalá no me equivoque, pero creo que esto no tiene vuelta atrás y dentro de unos años nuevas generaciones estarán en boca de todos y sus nombres tendrán el enorme honor de por fin, ser recordados, merecidamente recordados. Estas chicas son imparables. Sois imparables.

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