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Holmes vuelve a postergar su último saludo en el escenario

Por Miquel Mora. Lunes, 16 de febrero de 2015

Editorial

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En un reciente artículo repasé los acercamientos más recientes del cine y la televisión a los cuentos de hadas con el fin de adaptarlos al gusto del público actual. Otro personaje literario que ha sido ‘víctima’ de cineastas faltos de originalidad o que buscaban devolver laureles perdidos a obras de otras épocas es el detective más famoso del mundo, Sherlock Holmes, quien, si no me falla la memoria, mantenía una dura competición con Drácula como personaje de ficción más veces llevado a la gran pantalla.

El primer intento de darle nueva vigencia al detective británico partió precisamente de la BBC, la televisión pública inglesa, a la que ya podría parecerse, aunque solo fuera un poco, TVE. La clave de esta nueva serie, bautizada simplemente con el nombre del personaje, Sherlock, pasaba por actualizarlo al máximo sin traicionar su esencia. Es decir, por primera vez, desaparecen el vestuario y los decorados de época victoriana y tanto Sherlock como su inseparable Watson… viven sus aventuras en el presente, de modo que el célebre doctor no cuenta sus andanzas en novelas sino en un blog.

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Jonny Lee Miller y Lucy Liu en Elementary.

La apuesta no les ha podido salir mejor, convirtiendo rápidamente la serie en objeto de culto y de audiencia masiva a la vez, algo poco habitual. Y sobre todo, ha convertido en dos estrellas a sus protagonistas, los hasta entonces desconocidos Benedict Cumberbatch y Martin Freeman. El primero acaba de ser nominado al Oscar como mejor actor por The imitation game, después de haberse vuelto casi omnipresente, con apariciones en films como Caballo de batalla de Spielberg, El topo o la última gran ganadora de los Oscar, 12 años de esclavitud, y haber sido la reencarnación de Khan, el más mítico villano de Star Trek. Tampoco le ha ido nada mal a su compañero, que ha asumido el rol de Bilbo Bolsón en la trilogía de El hobbit y también ha triunfado con la versión televisiva de Fargo.

Sherlock, que aprovecha al máximo las nuevas tecnologías, convirtiendo los smartphones en una herramienta de gran utilidad para el detective, y logrando que Londres sea el mejor escenario de sus aventuras, se estructura en miniseries de tres episodios de hora y media de duración, autoconclusivos pero con cierta continuidad que dota de personalidad propia a cada temporada. Eso sí, por desgracia depende bastante de la inspiración del guionista de turno la calidad de cada episodio, aunque el nivel suele ser bastante alto. Entre los autores, por cierto, Steven Moffat, que ha ganado fama gracias a sus guiones para Doctor Who.

Sintetizando, la primera temporada arranca con un episodio impecable que adapta la novela Estudio en escarlata para presentar a los personajes, narrar el primer encuentro entre Sherlock y Watson y ya apuntar a Moriarty como gran rival. Más flojo resulta el siguiente capítulo, en el que vuelve a intuirse la sombra de Moriarty, quien acapara la acción en el tercer y magistral episodio, el primero realmente imprescindible. Por cierto que la nueva versión del archienemigo de Holmes resulta todo menos clásica, y aunque choca al principio, creo que han acertado con su arriesgada apuesta.

Tras un final de ‘continuará’ absoluto, la segunda temporada arranca de manera magistral con el episodio que adapta el relato Un escándalo en Bohemia, donde se presenta Irene Adler, la única mujer a la que amó Holmes, convertida aquí en una espía y dominatrix. Repito, magistral. Nada que ver con el siguiente capítulo, adaptación de la novela El sabueso de los Baskerville, de lo más anodina en esta ocasión. Por fortuna el nivel de la serie vuelve a dispararse con el cierre de esta temporada, el enfrentamiento definitivo entre Sherlock y Moriarty, que todos sabemos como acaba… con la muerte de Sherlock. Pero también sabemos todos que el detective no muere de verdad…

…y ahí los guionistas tenían, tras el brutal final de temporada, el reto de explicar cómo sobrevivía Sherlock. La verdad es que salen bastante airosos en el arranque de una tercera temporada ya demasiado caricaturesca y autorreferencial, marcada especialmente por la aparición de un nuevo personaje, la mujer de Watson. De hecho, la boda ocupa enteramente el segundo capítulo, adaptación de El signo de los cuatro, con el clásico misterio de habitación cerrada, antes de dar paso en el último capítulo a un nuevo enemigo digno de rivalizar con el mismísimo Moriarty.

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Robert Downey Jr. en su papel de Sherlock Holmes.

El éxito de Sherlock se prolongó al otro lado del charco, lo que propició la inevitable imitación. Elementary es el título de la versión USA para televisión, que curiosamente toma como lema aquella clásica frase de ‘Elemental, querido Watson’… que nunca apareció en ninguna obra de Arthur Conan Doyle. Como en Sherlock, aquí la acción transcurre en nuestros días, pero trasladando al detective inglés a Nueva York, en plena cura de desintoxicación. Y es que, en uno de los aciertos de esta adaptación, el detective continúa siendo un drogadicto, aquí en rehabilitación.

Pero claro, puestos a ser originales, en Elementary se da un paso más, convirtiendo a Watson… en una mujer, encarnada nada menos que por Lucy Liu. Sin duda, otro acierto de la serie, y es que la relación entre detective y ayudante está aún mejor tratada aquí que en Sherlock, huyendo de lugares comunes para ir construyéndola poco a poco, con Watson primero como vigilante de la rehabilitación del detective, y después convirtiéndose en su aprendiz… y amiga.

No acaban ahí los saltos mortales de Elementary, que también se la jugó con sus versiones de la Mujer y Moriarty, acertando de nuevo de pleno, y aquí es imprescindible no desvelar nada más. La recta final de la temporada, los últimos cuatro episodios centrados en estos personajes, son de lejos lo mejor que ha dado la serie, que por desgracia baja bastante en una segunda temporada en la que apenas han destacado las apariciones de Lestrade y sobre todo Mycroft, el hermano de Holmes, encarnado por Rhys Ifans, aunque uno acaba prefiriendo la versión absolutamente canónica de Sherlock.

Curiosamente, en esta época de renovación, la versión más fiel al personaje hay que buscarla en el cine, donde Robert Downey Jr. y Jude Law han dado vida a Sherlock y Watson en dos películas que sí transcurren en la época victoriana. Aunque a primera vista esta pueda parecer la adaptación más rompedora, con Sherlock luciendo disfraces y protagonizando escenas de acción, lo cierto es que es escrupulosamente fiel al original, y es que a menudo se olvida que el detective era, precisamente, un maestro del disfraz y un consumado luchador con muy buena puntería. Así que, pese al envoltorio desenfadado y actual, también se mantiene aquí toda la esencia del personaje. Eso sí, la versión de Moriarty, absolutamente académica a diferencia de las dos adaptaciones televisivas, en este caso a cargo de Richard Harris, es la más aburrida de las tres, y si bien Rachel McAdams triunfa en la primera entrega como Irene Adler, es sencillamente imperdonable lo que hacen con su personaje en la secuela. Mucho mejor villano el encarnado por Mark Storng en la primera entrega.

No acaban aquí las nuevas versiones del mítico detective, que prolongará este nuevo y fértil periodo en la pantalla con otro film, titulado simplemente, y tal vez para desmarcarse de su versión televisiva británica, Holmes. Una nueva propuesta que acaba de presentarse en el festival de Berlín y que promete bastante, pues el encargado de dar vida al personaje es nada más y nada menos que Ian McKellen, extraordinario actor inglés que podrá así aumentar la lista de personajes míticos que ha encarnado, y que incluye a Magneto, el gran villano de los X-Men, y especialmente a Gandalf en las dos trilogías de Peter Jackson sobre la obra de Tolkien. Por si fuera poco, en la dirección está Bill Condon, cuya mejor película fue aquella Dioses y monstruos en la que el propio McKellen interpretaba a James Whale, el director del mejor Frankenstein cinematográfico. Por supuesto, hablamos de un Holmes que, a sus 93 años, afronta el último caso de su vida, antes de retirarse. Aunque, visto lo visto, parece que el cine y la televisión no van a dejarle tranquilo.

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