Entrevistas, Jose Antequera, Marcial Guillén
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Jerónimo Tristante: “Víctor Ros es un indignado, Sherlock Holmes un aristócrata pasado de rosca”

Por José Antequera /  Fotografía: Marcial Guillén. Viernes, 6 de febrero de 2015

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  Entrevista

De la noche a la mañana, ha pasado de dar clases de biología a chavales del instituto a ser el escritor del momento. Su saga del inspector Víctor Ros, que TVE emite cada semana, consigue reunir a más de dos millones de espectadores frente a la pequeña pantalla en la noche de los lunes. A Jerónimo Tristante (Murcia, 1969) apenas le ha dado tiempo a digerir el éxito que le ha reportado su ya célebre personaje, un agente de la Policía Metropolitana de Madrid que resuelve crímenes al más puro estilo de Sherlock Holmes en aquella España de la Restauración decimonónica plagada de anarquistas, caciques e intrigas políticas. “Es inevitable la comparación entre Víctor Ros y Holmes, a fin de cuentas mi personaje es un homenaje al detective más célebre de la historia”, asegura. Mantenemos la entrevista en un receso, entre clase y clase, en el instituto de eduación secundaria Vicente Medina de Archena donde, pese al éxito de sus novelas, el profesor Tristante sigue con sus lecciones, como siempre. Los chicos del instituto están encantados de tener un profe que los lunes por la noche les da clases de Historia en la televisión, ya que al final de cada capítulo el escritor explica a los televidentes aspectos de la vida social y política española del convulso siglo XIX. La saga de Víctor Ros va ya por la cuarta entrega, aunque el novelista tiene a punto un nuevo libro, que verá la luz este verano, donde el detective viajará a Londres y a otros lugares del mundo resolviendo sus misteriosos crímenes de forma infalible. “Estoy mentalizado, cuando me sale algo bien lo disfruto, miro hacia atrás, veo que estoy un poco mejor que hace un año, pero tampoco tiro las campanas al vuelo porque sé que en cualquier momento esto se acaba y vuelvo a mi instituto con mis clases y más feliz que una perdiz”, asegura el padre de quien todos dicen es el Sherlock Holmes español.

¿Cómo nació Víctor Ros?

Es un personaje que nació en una de mis novelas, que se llama Arcana Dei, una novela que no he publicado porque la hice hace muchos años y era un poco aquello que se dio en llamar el thriller esotérico. Justo cuando la terminé apareció El Código Da Vinci, y me dije: ¿A dónde voy yo con esto? En esa novela salía un personaje, en un flash back, al principio, que se llamaba Víctor Ros. Lo describí a grandes rasgos, con unas características muy básicas que me sedujeron mucho. Emigrante, pequeño delincuente, muy leído, que utilizaba la inteligencia para resolver los casos en lugar de la fuerza bruta, que se había casado con una aristócrata, en fin, que ese personaje me llamó la atención, porque además dominaba los resquicios del sistema, me gustó, me gustó, y decidí hacerle protagonista de una serie de novelas que me permitieron contar una época. Y la verdad es que funcionó bien, porque hibridé la novela histórica con el policiaco y capté elementos de ambos géneros. Y luego me permitió hacer un homenaje a la literatura de folletín, que a mí es la que más me gusta, y a mi personaje favorito, que es Sherlock Holmes. Entonces, pues claro, di con una serie de ingredientes que me permitieron crear el personaje de Víctor Ros.

El siglo XIX no era democrático: bipartidismo, caciquismo, enchufismo. Pues todo eso lo estamos volviendo a vivir hoy

La saga transcurre en la época de la Restauración española. ¿Por qué te atrajo aquel tiempo histórico para ambientar tus novelas?

Me parece muy interesante porque es un siglo en el que están los autores que a mí me gustan y está muy cercano al siglo veinte, pero además ten en cuenta que el diecinueve es un siglo muy convulso. Ambientar una novela en esa época, cuando ya había un cuerpo policial medianamente estable, me atraía. Fíjate la de pronunciamientos militares que hubo antes, la guerra de la independencia, las guerras carlistas, un periodo muy convulso. Sin embargo, en la época de la Restauración todo fue un poco más estable. Fue un momento histórico que a mí me permitía ubicar mucho mejor este tipo de tramas. Y luego también estaba la cercanía al siglo veinte, como te digo. Ten en cuenta que ese final del siglo diecinueve en España es una época maravillosa porque hay una mezcla ambivalente: por un lado una especie de pesimismo por el hundimiento del imperio pero por otra parte la gente de aquella época tenía una gran esperanza en la mejora de las condiciones de vida que iban a deparar la ciencia y la tecnología. Todos esos factores crean un compendio de situaciones que hacen que a mí me llame poderosamente la atención.

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Aquella España guarda ciertas similitudes con ésta: reinado borbónico, bipartidismo o turno de partidos, inestabilidad regional, caciquismo y corrupción, convulsiones mundiales por doquier… Víctor Ros no notaría mucho la diferencia con nuestros días si levantara la cabeza.

La verdad es que estamos viviendo tiempos que nos recuerdan mucho a aquella época. Tú lo has apuntado perfectamente bien: un bipartidismo el que había en aquellos años que sabemos que no era democrático con aquellas elecciones que normalmente estaban amañadas, un sistema caciquil, la figura del cesante, el enchufado. Cuando ganaba un partido los trenes iban llenos de cesantes a provincias. Pues todo eso lo estamos volviendo a vivir hoy día, lo que los de Podemos llaman la casta es, aparte del correspondiente diputado en Cortes, el primo tonto del alcalde de no sé dónde, la otra que enchufan como secretaria, es lo mismo de aquello, un montón de gente viviendo de la administración, sin ser funcionarios, porque los funcionarios no hacemos ningún daño, damos un servicio público. Pero estos, los enchufados que cobran tres mil pavos, no. Pues en aquella época era así, no se trataba de una democracia real, y eso daba pie a que poco a poco fueran cundiendo o tomando más predicamento ideologías como el anarquismo, que como sabes en Cataluña o Andalucía, cuando llegó la guerra, eran movimientos que tenían mucho auge e importancia. El socialismo, el comunismo… Todo esto hizo que la gente se fuera a los extremos y generara una situación explosiva, revolucionaria.

Entonces, podríamos decir que España es un país que prácticamente no ha salido de la casta nunca, que siempre ha estado metida hasta el tuétano en la casta…

Pues hombre, son la burguesía y las clases pudientes de España. Si te pones a analizarlo siempre nos han gobernado los mismos, lo que sucede es que van cambiando de piel. Yo he conocido compañeros que estudiaron conmigo en Maristas cuyos padres eran altos cargos del gobierno socialista en aquella época y a su vez sus abuelos habían sido altos cargos con el Movimiento. Tenemos muchos ejemplos de altos cargos del PSOE que han sido hijos de hombres fuertes del franquismo, y probablemente sus hijos ahora estén en el ala neoliberal o en el PP. En fin, toda esta gente va siempre disimulando su ideología y realmente son los mismos. Ahora mismo PP y PSOE son los partidos que nos han llevado a esta situación en la que nos encontramos, sin ninguna duda. Hay algunas diferencias, matices en algunos temas, pero a la hora de la verdad son los mismos perros con distinto collar. Y lo que hay detrás de todo eso no es una vocación de servicio público al ciudadano sino la determinación de seguir manteniéndose en el poder porque se vive muy bien ahí, lo estamos viviendo recientemente con todos los casos de corrupción que están saliendo a la luz.

La última noche de Víctor Ros es la cuarta y de momento última entrega publicada de la saga…

He terminado la última, la quinta, que está ambientada en Londres, estamos valorando si la sacamos en mayo o probablemente en septiembre, estamos viendo incluso con qué editorial lo hacemos porque queremos hacerlo bien, y es una novela que creo puede ser interesante, ambientada como te digo en la época victoriana, donde Víctor Ros se adentra en aquella atmósfera. Mi idea era moverlo por distintos escenarios de España y de Europa, incluso del mundo. Tengo elegidos escenarios futuribles que me llaman mucho la atención como París o la Nueva York del siglo diecinueve. Pero sobre todo en la capital del imperio británico, la capital del mundo en aquella época, y de la mano de Víctor vamos a pasar por múltiples escenarios, desde la milla de las damas a Whitechapel, empapándonos y viendo cómo era el Londres del diecinueve.

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El detective es contratado para descubrir al culpable del asesinato de Ramón Férez, primogénito de un acaudalado industrial de Oviedo…

Sí, es el hijo de un industrial que resulta ser homosexual y se tocan una serie de temas que tienen que ver con los prejuicios que había en aquella época. Acusan a un afinador de pianos que era el compañero sentimental de la víctima. Ya sabes que en aquellos tiempos ser homosexual era ser algo malo o incluso peligroso. Todo esto genera un escándalo, una cierta convulsión en Oviedo, que era una ciudad muy pequeña. Hay distintos sospechosos, la sociedad se va posicionando, hay un conflicto, y allí se va Víctor a intentar desenmarañar la madeja, pero ten en cuenta que llega casi quince días después del asesinato. Entonces se encuentra con las pruebas estropeadas, es un reto que Víctor afronta con garantías pero se encuentra con su pasado, porque no podemos olvidar que a Víctor le persigue su pasado desde que se infiltró en los movimientos obreros de Asturias para desarticular una red radical. Y eso a él le persigue también, claro.

Nuestros dirigentes han triturado la clase media. Estamos en una mala situación porque no se puede gobernar contra la gente

La historia te sirve como excusa para analizar la clase empresarial española. ¿La elite financiera de nuestro país sigue siendo tan corrupta como entonces?

Pues vamos a ver, hay casos de empresarios en la actualidad que han mejorado aquella imagen en cuanto a su formación, su comportamiento, la forma de entender el mercado, las relaciones con el personal, conceptos como el pacto ecológico. Es cierto que hay empresarios muy modernos, pero en general quizá la clase empresarial española no haya evolucionado tanto como debería haberlo hecho. De la misma manera que muchas veces criticamos a los sindicatos que no sean como los sindicatos alemanes, tampoco podemos dejar de decir que nuestros empresarios tampoco son los empresarios alemanes. Esto es algo que habría que tener muy en cuenta. ¿Qué es lo que ocurre? Pues que en aquella España Víctor Ros se encuentra con un periodista que es un émulo, porque lo bauticé como Vicente Hernández Gil, pero en realidad me he inspirado en las andanzas de un periodista real que se llamaba Maroto, que fue con El Heraldo a hacer una serie de reportajes sobre las condiciones de vida de los mineros, de los pescadores, y a través de Víctor Ros hago los números sobre cómo una familia de mineros se entrampaba literalmente cuando tenía que comprar en el economato, y describo cómo un artículo necesario para la higiene como el jabón era lo más caro de conseguir para los obreros, por ejemplo. Se trataba de un sistema de semiesclavitud. Había unos pocos que vivían muy bien y otros muchos que vivían muy mal. ¿Qué nos sucede a nosotros ahora, en nuestros días? Que habíamos conseguido tener una clase media muy desarrollada, que en el fondo era una garantía de estabilidad para una sociedad política y social, y esa clase social nuestros dirigentes, en los últimos ocho años, la han desintegrado, la han triturado, y estamos en una situación mala por eso, porque no se puede gobernar contra la gente. Esto es lo que está sucediendo. Evidentemente, gracias a Dios no estamos en aquellos mínimos del siglo diecinueve, porque los niños trabajaban en la mina y estas cosas afortunadamente ya no suceden, pero nos estamos moviendo en una situación en la que mucha gente está desahuciada, los comedores sociales están a tope. Yo lo estoy viviendo en mi día a día como profesor de instituto; muchas familias tienen que acudir a servicios sociales para pagar la luz y el agua y esto es muy grave. Mientras tanto hay otros con tarjetas blacks pagándose los coches de lujo. Estos desequilibrios no se pueden consentir en una sociedad moderna y democrática.

Si Podemos lo hace mal, si se equivoca en el futuro, pues ya lo veremos, no es la opción que votaría yo, pero me parece totalmente legítimo que ganen

¿Estás viendo casos de malnutrición en las escuelas?

Quizá casos de malnutrición no, pero sí casos de gente que tiene que acudir a servicios sociales para poder darle el desayuno a sus hijos.  No se llega a una situación de malnutrición porque vivimos en una sociedad en que todo el mundo come, más o menos, pero sí notamos en las escuelas que la realidad, la situación económica de la gente es muy dura, muy dura, incluso a nivel de los recursos que se vuelcan en la educación. En el instituto en el que yo trabajo desde hace unos años éramos noventa y cuatro profesores y ahora somos sesenta y cuatro. Somos treinta menos que hace cuatro años y eso que las necesidades son las mismas o superiores. Todo esto al final se va notando y reflejando en un deterioro de la formación que reciben nuestros jóvenes, en los medios de que disponen. Esta crisis nos va a pasar factura en los próximos quince o veinte años.

Volviendo a Víctor Ros, se dice que es el Sherlock Holmes español, ¿en qué se parecen y en qué se diferencian?

Bueno, esa comparación es inevitable, yo siempre he tenido claro que iban a comparar a ambos personajes porque Víctor es un homenaje mío a Holmes, lo cual no quiere decir que sea como Holmes.  No se parecen, son muy diferentes, pero sí es un homenaje a Holmes. Entonces sí que se nota en una cosa fundamentalmente: en que Víctor Ros utiliza el razonamiento lógico deductivo al servicio de la labor policial, lo cual provoca que cualquier detective que utilice este tipo de razonamiento se va a parecer a Holmes, que es el personaje por antonomasia y el más conocido de todos los tiempos. Pero luego son muy diferentes porque Víctor es un hijo de la Latina, un inmigrante, fue delincuente de pequeño, está concienciado en cambiar la sociedad en la que vive, es una persona que vive integrada en la sociedad, que tiene una vida sentimental estable, que conoce el amor. Holmes no es nada de esto, es un aristócrata pasado de rosca que no quiere a nadie, que solo se dedica a resolver sus casos, que es lo único que le estimula la mente y que cuando no tiene cosas que investigar se chuta cocaína.

Víctor Ros es un indignado de alguna manera, pero siempre dentro de las reglas. Poner bombas solo sirve para agravar el problema

Y además Holmes era un patriota victoriano en un imperio pujante y poderoso, mientras Víctor Ros a mí me parece más un desencantado, alguien que sobrevive en la España ruinosa y decadente que le ha tocado vivir…

Víctor Ros es un liberal, entendiéndose por liberal lo que se entendía en aquella época, no en la actual, alguien que quiere cambiar la sociedad en la que vive; entonces él entiende que el radicalismo lo único que provoca es que la reacción sea más virulenta. Es una persona que intenta cambiar el sistema desde dentro, cosa que es difícil, pero es más eficaz. Es una persona de ideas abiertas, de ideas muy avanzadas, pero que entiende que tiene que aportar cosas a la sociedad, que ésa es la forma de conseguir cambiarla.

¿Sería un indignado de la época de alguna manera?

Pues sí, pero siempre jugando con las reglas. Por ejemplo, cuando se ve en situación de enfrentarse a los radicales de izquierdas es bastante duro, porque entiende que esa gente, aun teniendo razón en los postulados que barajan sobre la situación de gran injusticia social, poniendo bombas lo único que hacen es empeorar la situación, que te detenga la Policía y que esa ideología no pueda progresar, ir hacia adelante, o que acabe proscrita.

¿Qué opinas de Podemos, lo ves como una alternativa política seria y de futuro?

Pues vamos a ver, yo no voy a votar a Podemos, lo tengo muy claro, tienen claroscuros y los oscuros que tienen no me gustan. Veo algunos ramalazos totalitarios que a veces me dan miedo pero si hay muchos ciudadanos que votan a Podemos y ganan finalmente yo no te creas que me voy a llevar ningún disgusto, porque entiendo que PP/PSOE no pueden seguir gobernando este país. Entonces hay que darle un giro de tuerca al sistema bipartidista y que entre gente nueva. Ya te digo que no les voy a votar pero entiendo que Podemos canaliza el descontento de un sector muy amplio de la sociedad que está absolutamente masacrado por nuestros dirigentes y que estos dirigentes no tienen voluntad ninguna de cambiar esta situación porque para ellos su modus vivendi es éste y no quieren salirse de ahí. Y claro, esta concepción de gobernar contra el pueblo es algo que no cabe en sociedades modernas. En la sociedad anglosajona el modelo político es otro, la gente que participa en política es gente brillante, gente que en sus respectivas carreras profesionales ha llegado a lo más alto y que da a la sociedad los mejores años de su vida con una vocación de servicio público. Aquí no, aquí existe el concepto de carrera política, niñatos del partido que desde pequeños están chupando de la teta pública y que luego encima se permiten el lujo de hablar mal del Estado y de la gente que trabaja en la función pública, cuando yo en la vida he cobrado de la empresa privada. Y esto que llaman los de Podemos la casta es verdad que existe, una casta que está por encima del bien y del mal y que están aforados, y que están protegidos. ¿Qué es lo que ocurre? Que el ciudadano se ha dado cuenta de que esta gente a la que no puedes tocar judicialmente, ni a través de los medios, porque los tienen copados, y que parecen dioses, en el momento en que no les votas se desmoronan. Y claro, se tienen que ir. Esto fue lo que pasó en las elecciones europeas, y esto ha permitido a la gente de la calle ver que si no los votas se van. La gente lo ha entendido así y éste es el gran poder que tiene ahora mismo Podemos y éste es el miedo que tienen a Podemos. Si Podemos lo hace mal, si se equivoca en el futuro, pues ya lo veremos, no es la opción que votaría yo, pero me parece totalmente legítimo que ganen. Creo que lo que no se puede hacer bajo ningún concepto es votar PP o PSOE. Habrá que votar otras opciones, los que son más de derechas a Vox, otros de izquierdas a Ciudadanos o UPyD o Podemos, pero lo cierto es que creo que está llegando el momento de un cambio.

PP y PSOE son los mismos perros con diferentes collares. Y el tema de Monedero lo tengo muy claro: es la financiación de Podemos

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Si Víctor Ros se pusiera a investigar las cuentas de Monedero, quizá nos llevaríamos una sorpresa…

Bueno, a mí el tema de Monedero me parece muy claro que no es un tema de lucro personal sino que creo que es un tema de financiación de las propias actividades de Podemos. Me da esa sensación. Por eso Pablo Iglesias lo defiende tanto y dice que no cree que el dinero fuera para él. Que eso esté hecho correctamente, en base a la ley, cumpliendo con la legalidad fiscal, eso ya lo desconozco. Lo que sí es cierto es que es una obviedad que ahora mismo Podemos está bajo la lupa de toda la maquinaria de los dos grandes partidos y que a estos tipos les están mirando hasta los calzoncillos. No me cabe la menor duda. Por eso tienen que andar muy finos en comportarse de manera muy legal, porque cualquier cosa que hagan al margen de la legalidad se la van a sacar.

Con todo lo que está pasando, Bárcenas, Urdangarin, tarjetas black, hay material para un Víctor Ros contemporáneo. ¿No te apetecería la idea de escribir sobre una trama de nuestros días?

No, absolutamente no, porque en primer lugar a mí me gusta ambientar mis novelas en otra época, la época actual me resulta muy aburrida, y luego esos temas que mencionas son tan obvios y los conocemos tanto todos ya que quizá no me apetezca escribir sobre ello. Tampoco me apetece meterme en líos con este tipo de gente que te toma la matrícula, sinceramente. A mí me gusta contar historias de otra época, porque me gusta viajar en el tiempo, sí que creo que va a haber una literatura de la crisis, ya está surgiendo, la situación que vivimos ya se está reflejando en novelas y lo que ha ocurrido lo vamos a ver contado en el mundo de los libros para que la gente dentro de treinta o cuarenta años sepa lo que ocurrió. Pero no es un tema que a mí me interese mucho porque me aburre un poco y luego también me asquea, porque ésa es la realidad que estamos viviendo a todas horas, y yo escribo también para evadirme. Novela juvenil tampoco me apetece mucho porque cuando salgo del instituto necesito hacer otras cosas. Trabajo todo el día bregando, luchando, intentando sacar adolescentes adelante. Si encima salgo de aquí y me tengo que poner a escribir sobre ellos pues apaga y vámonos. Pues con esto de la corrupción me pasa igual. Esta realidad social que nos rodea, que estamos viviendo de forma tan patente, ponerme a escribir sobre ella, hoy por hoy no me apetece. Quizá cuando pasen unos años y lo veamos con perspectiva igual sí.

Hay un personaje en la saga que me interesa mucho, Armando Martínez, que es quien saca del mundo de la delincuencia a Ros siendo un jovenzuelo y lo convierte en el mejor policía de Madrid. ¿Hubo un Armando Martínez en tu vida que te guió por el buen camino?

Por supuesto que sí. Tengo una novela que se llama El caso de la viuda negra, que dediqué a dos personas que han tenido una influencia tremenda en mi vida, dos grandes maestros. En concreto Manolo Caballero fue un jefe mío cuando fui visitador médico durante casi cuatro años, cuando terminé la carrera. Y luego un preparador de oposiciones que tuve, que ya falleció. Y estos dos a mí me enseñaron, tanto profesionalmente como a nivel personal, a cómo comportarte en la vida, qué se debe hacer y que no, en fin, me armaron con una serie de herramientas que a mí me ayudaron mucho a moverme por la vida. Uno me hizo persona y me ayudó a entender cómo funcionan las empresas, desde cómo hacer una presentación hasta cómo organizar tu trabajo, y el otro me enseñó a ser profesor de Biología. Lo más valioso que hay en este mundo es un buen maestro, todos hemos tenido algún profesor que nos ha influido decisivamente en nuestra vida. Y a Víctor le ocurre esto con don Armando, que es un tipo que le tiende una emboscada cuando era niño para asustarlo y le ve cualidades para ser un gran policía. Afortunadamente lo consigue llevar por el buen camino. Una de las cosas que aprende Víctor es que de no haber sido por Armando y de haber seguido por el camino de tironero, a los veintisiete años hubiera estado muerto seguramente.

Lo más valioso que hay en la vida es un buen maestro, todos hemos tenido un buen profesor que ha influido decisivamente en nuestra vida

En aquellos años también empezaba a gestarse el terrorismo. Anarquistas, pistoleros, fanáticos, gente que quería subvertir el orden político y económico. Y sin embargo el terrorismo religioso que padecemos hoy es otra cosa, algo aún más difícil de entender y explicar, ¿no te parece?

Esto es una cosa totalmente distinta, aquello era producto de una situación de injusticia social muy fuerte. Ten en cuenta que los pistoleros anarquistas de la época la mayoría de ellos habían vivido infancias durísimas, en Las Peñuelas, en los poblados chabolistas de Cataluña, en los latifundios de Andalucía, y esto de ISIS es un fenómeno religioso. No vale decir que la realidad social está detrás de todo porque no siempre es así, la mayoría son niños de papá de sociedades occidentales, inmigrantes de segunda generación, con buen inglés, ciudadanos de pleno derecho, europeos. Es un tema muy complicado. Y luego son fenómenos absolutamente ligados a una interpretación integrista de la religión que nosotros, cuando se dan aquí en España, los criticamos mucho como al Opus Dei, o a los Legionarios de Cristo, que tienen una visión de la religión muy extrema. Y a estos parece que no se les critica tanto. Es un fenómeno muy peligroso porque estamos en una situación de preguerra con esta gente.

¿Te ha gustado la adaptación que ha hecho TVE de tu novela?

Tengo que decirte que me ha gustado mucho. Siempre hay cosas que cambiarías o que podrías mejorar. Muchas de estas cosas se ven a posteriori, porque las cosas se evalúan cuando las pones en marcha. Pero la adaptación en general es muy buena, estoy muy contento. Las reacciones de los lectores son muy buenas, sobre todo porque estamos en una cadena pública que tiene vocación de servicio y que por tanto apuesta por hacer series de calidad, que tengan un poso cultural. Además, añadimos ese espacio después de cada capítulo que presento yo y que trata de explicar cómo era la España de la época. Todo ese trabajo se nota en la calidad final de la serie.

¿Qué te parece el cine que se hace en España?

Nos metemos mucho con los americanos, nos vamos a los topicazos de que el cine americano es comercial, y eso no es cierto. Nuestro cine ha tenido un problema de base que ha sido siempre la subvención y en Estados Unidos el cineasta, el guionista, tiene que pensar en el público. Cuando tú piensas en el lector, en el espectador, generas productos que generalmente se entienden bien, lo cual no quiere decir que sean comerciales, sino que se piensa en la persona que va a estar al otro lado de la pantalla. Nosotros a veces nos hemos metido en una línea pseudointelectual que quizá ha perjudicado que pudiéramos llegar al público. Obviamente tenemos muy buenos cineastas, buenos guionistas. Sí que es verdad que una de las excusas que se ponían, que era la falta de medios, hubo un momento en que dejó de ser real, pero ahora, con la crisis, vuelve a ser real. Ahora mismo el mundo del cine está bastante parado, es difícil conseguir hacer adaptaciones porque no hay dinero para ello. Veo que sí que hay una patente falta de medios porque hacer una película cuesta una pasta. En el mundo de la literatura hay más imaginación, en el mundo del cine todo es más técnico. Yo creo que el cine español ha llegado a un nivel bueno, muy bueno, a una gran profesionalidad de directores, guionistas, productores, y de técnicos por supuesto, pero el problema es que no hay combustible para el motor, y esto es lo preocupante…

Un problema que no afecta solo al cine, sino a la cultura en general, que no pasa por el mejor momento en nuestro país…

No hay nada más que mirar las páginas que los medios de comunicación dedican a la cultura y que se han reducido drásticamente. Ha habido un bajón de patrocinadores, de ERES, de profesionales que han ido a la calle.  Lo primero es despedir a la gente de la cultura, en cambio en el mundo del fútbol siguen publicando páginas y páginas y páginas para decir si a Cristiano Ronaldo le duele un juanete o le duele una rodilla. El otro día vi una noticia en los informativos deportivos que hablaba de que cuando Cristiano pasaba con el coche delante de los cámaras tenía mala cara. ¡Ésa era la noticia, compañero! Eso ocupa cuatro minutos en televisión en una hora de máxima audiencia. Es una descompensación grave que está afectando a la cultura en general, al cine, al teatro, es cierto que a veces se produce una especie de selección natural en la que quizá solo los buenos sobrevivan, aunque en muchas ocasiones no es solo cuestión de ser bueno o malo sino de contar con la financiación suficiente para llevar a cabo el proyecto que se quiere sacar adelante. Es muy complicada la situación y lo que hay que hacer es seguir trabajando, empujando, es como cuando en la época de Franco la censura no hacía sino estimular el talento de los creadores que querían burlar al franquismo. En esta situación no nos queda otra que intentar estirar al máximo nuestro ingenio, nuestro talento, nuestra capacidad de contar historias que sean buenas para conseguir llegar al público.

¿Te esperabas el éxito de Víctor Ros cuando empezaste a escribir siendo un profesor de biología?

Hombre, cualquier escritor empieza a escribir con la ilusión de que le lean. Yo siempre soñé con llegar al gran público, siempre que escribo una novela me imagino cómo será la película, pero de ahí a que vaya a llegar el éxito hay mucho trecho. Yo soy profesor de Biología, me gusta mi trabajo, tengo una vida afortunada y si además lo de la novela funciona y hay gente que te lee, y te publican, pues de matrícula de honor. Me lo tomo de esa manera. ¿Que si pensaba que me iba a ir bien? Pues hombre, yo tenía confianza en mis libros, en poder llegar a los lectores, pero éste del editorial es un mundo muy voluble en el que hoy te quieren mucho y mañana no te cogen el teléfono. Estoy mentalizado, cuando me sale algo bien lo disfruto, miro hacia atrás, veo que estoy un poco mejor que hace un año, pero tampoco tiro las campanas por lo alto porque sé que en cualquier momento esto se acaba y vuelvo a mi instituto con mis clases. Y más feliz que una perdiz.

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