Artsenal, Humor Gráfico, Número 24, Opinión, Xavier Latorre
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24 horas

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Xavier Latorre

Xavier Latorre

Cuando pones el despertador antes de irte a dormir, alguien que no eres tú, faltaría más, se está levantando un dineral especulando con la depreciación del euro. Algunos han hecho negocio últimamente hasta con los bonos griegos. Lo decía el premio Nobel de Economía del año 2013. Por absurdo que parezca alguien hace caja con unos valores que pensábamos inocentemente que eran pura basura, pura ruina.

Cuando desayunas un bollo, absorto en las noticias, escuchas la inyección de dinero a la zona euro por parte del BCE. En ese mismo instante, un banquero recibe a domicilio un chorro de dinero nuestro para ponerlo en circulación a un tipo de interés que le hará redondear los beneficios anuales dos dígitos más. Los grandes bancos se han puesto las botas el pasado año con indecentes beneficios. El Banco de Sabadell o Caixabank han arrojado grandes beneficios, pese a tragarse entidades arruinadas valencianas, previamente rescatadas por nosotros mismos. O sea que nos han timado por triplicado: somos unos primos malparados de cuidado, como los griegos.

Cuando coges el autobús, después del café, lees en la prensa del día, con argumentos dictados por el propio Draghi, los enormes beneficios para nuestras economías que va a suponer esa inyección de dinero fresco a los bancos para que vuelvan a sablear a los malparados de siempre. Unos bancos que lo que hacen ahora es pillar de los recibos astronómicos de luz, de los seguros y de las escuálidas nóminas. Se dedican a la rapiña con el cobro de obscenas comisiones. Todo ello al tiempo que no paran de despedir a empleados de banca y de cerrar sucursales.

Cuando llegas al curro precario ves que te toca hacer el trabajo de dos a mitad de precio y por un horario infumable. La desigualdad aumenta por encima de nuestro umbral de supervivencia como sociedad. A una parte indefensa de mortales malparados les saquean por todos lados, excepto por uno que se llama Euribor que lo han puesto bajito porque ya han pillado suficiente con las hipotecas sobrevaloradas puestas en el mercado por encima de las necesidades del país, o sea, del suelo patrio.

Cuando vuelves a casa y ves el telediario, compruebas que la Troika puede desaparecer. Ahora ya no mola. Un ministro griego de gira por Europa la ha puesto patas arriba. Sin embargo, los hombres de negro se inventarán otro macabro disfraz para seguir dejando a más malparados tirados en la cuneta: sin luz, sin ingresos, sin cobertura sanitaria y a la intemperie.

Cuando, por fin, agotado y extenuado, te vas a dormir, alguien se está jugando la pasta en el gran casino de la economía. Unas operaciones que al levantarse le habrán dejado una pasta gansa. Y si, por un casual, le saliera mal la partida, ya estamos nosotros para compensarle, para enjuagar –dicen– “sus” pérdidas, como hacemos con negocios ruinosos de esos poderosos a los que no les gusta perder ni un solo euro. Para que el sablazo colectivo continúe nos embaucan con ligeras variaciones del PIB o de la EPA para que nos creamos que el fantasma de la crisis se va a evaporar. ¡Ilusos! Lo cierto es que cada vez salimos más malparados, como les ocurre a los griegos. Ellos al menos, hartos de todo, han votado algo distinto. Ahora todos somos Syriza, por eso la gran banca teme que los españoles despertemos de la pesadilla y nos contagiemos del virus griego. ¡Ay, qué miedo!
Riiiinnngggg!!!!

Artsenal

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