Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 23, Opinión
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Usted

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Usted, pedazo de bestia parda, ignorante enciclopédico sin propósito de enmienda, que es incapaz de gobernar su propia vida ni de meter en vereda a sus hijos, esos aspirantes a acémilas que progresan adecuadamente. Usted, que no sabe hacer la o con un canuto porque jamás le ha importado una higa, orgulloso de ser como sus amigotes de copa de Terry, palillo en boca y viernes noche en casa de putas. Usted, que confunde a Bertolt Brecht con un futbolista del Bayern de Munich y a Adolfo Domínguez con un torero; que no tiene claro dónde tiene la mano derecha y dónde el pie izquierdo. Usted, cerebro abotargado, que no sabe nada de nada pero ello no le supone obstáculo alguno para pontificar con soluciones contundentes que resolverían cualquier asunto. Usted, que insulta llamando “moros” a cualquier ser humano cuyo color de piel oscile entre el blanco nieve y el negro azabache, da lo mismo que sean magrebíes, turcos, rumanos o iraníes, pero sufre cuando su gato se pone enfermo y llora si su retoño rompe un jarrón. Y qué más le da. Sí, a usted me dirijo. Usted, integrante de esa marea grasienta que ha colaborado de forma decisiva a la degradación moral de este país con su pasividad, como agentes de ese ejército silencioso que obedece con las orejeras puestas y no se rebela ante ninguna injusticia que no sea el fallo del árbitro cabrón de cada domingo y fiestas de guardar.

Usted, que se quedaría callado ante cualquier mapa mudo y que se permite la licencia de juntar en la misma cazuela a los yihadistas con los árabes que luchan por ganarse la vida en nuestro país; a los jeques que manejan petrodólares con los ciudadanos nacidos en España de padres magrebíes, o sea, tan españoles como el toro de Osborne; a los ceutíes con los vecinos de Melilla… Se sube al estrado y exhibe satisfecho su incapacidad funcional para enhebrar un discurso no ya coherente sino bien construido: sujeto, verbo y predicado.

Pues usted, ahora va y me suelta que tiene la clave para acabar con el terrorismo islamista: construir un muro de cincuenta metros de altura en Ceuta y Melilla –de momento sólo ahí, pero ya iremos viendo si eso– y a quienes logren saltarlo, meterlos en un barco y abandonarlos en una isla desierta en medio del mar. O transportarlos a Bruselas en autobuses y advertirle a la UE que se encargue de ellos repartiéndolos entre los países de la Unión en proporción a su número de habitantes. Las dos propuestas las han escuchado mis oídos, la primera de boca de una persona joven y la segunda, en cambio, lanzada a los cuatro vientos –este tipo de personas se hacen oír por todos aunque no les quieran escuchar– por un diplomado universitario.

Puede usted irse con esa monserga a otra ventanilla. Y cuando le envíen a por amapolas, por favor, hágales caso. Y, si puede ser, vuelva al colegio.

Javier Montón

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Artsenal

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