Número 23, Opinión, Tonino Guitián
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Neogilipollismo

Por Tonino Guitián / Ilustración: Artsenal

Quiero aclarar antes que nada que yihadismo es una palabra inventada o neologismo occidental para dar nombre a la utilización de la violencia en nombre de una supuesta guerra santa en nombre de Alá. ¿Lo ha hecho alguien? Si es así me alegro, porque es importante diferenciar lo que es real y cómo llama nuestro cada vez más agobiante sistema a las cosas; vamos, hasta el punto de que el PSOE se ha dado cuenta a última hora que en el pacto con el Gobierno contra esta amenaza fantasma estaba firmando en pro de la pena de “prisión permanente revisable”, ese pequeño Guantánamo que todo liberal de centro tiene en su corazón para los enemigos.

El segundo problema de los recientes asesinatos en Francia radica en cómo se plantee la barbarie: ¿Crimen religioso, amenaza a Europa y sus principios, atentado contra la libertad de expresión? Como crimen religioso, la comunidad cristiana no ha visto en la muerte de los dibujantes satíricos un motivo para postularlos a mártires, pues eran algo más que laicos. Como amenaza a Europa, la imagen unida de sus líderes, que se cagan cada día en los derechos que consiguieron cada uno de sus países, señala que ataques como este vienen de perlas para acortar más derechos civiles. Y lo del atentado a la libertad de expresión es mejor dejarlo para los cursis, porque si a estas alturas no saben que coarta más masivamente esa libertad una hipoteca que un posible terrorista, es que no se han enterado de nada.

El primer problema, aunque lo cito en segundo lugar, es cuando uno se da cuenta de las idioteces que se pueden decir en un país donde la religión católica no sólo ha eliminado a todas las religiones rivales sino a una gran porción del cerebro de la gente en general, la que generaliza. La semana pasada tuve el placer de comprobar por las redes sociales que apenas nadie tiene una idea clara de en qué consiste la religión musulmana, hasta el punto de, bien odiarla por cuestión de la fe de Santiago Matamoros, bien de disculpar hasta la ablación de clítoris como una costumbre cuyo derecho nadie les puede negar por ser una “cuestión cultural”. Incluso escuché que si Occidente mata a gente en Oriente Medio, nos estamos atrayendo el odio justificadamente: bueno, pues hubieran matado a un militar, o a muchos civiles, no a unos humoristas gráficos.

Si uno ha vivido en Francia, en los barrios marginales, sabe lo complicado y contradictorio que resulta vivir con tu familia siendo musulmán en un país lleno de tentaciones (libertades que a nosotros nos han costado sangre y sudor) cuyos habitantes en general te miran con mucha desconfianza porque eres pobre y porque tienes otras costumbres… muchas de ellas viciadas por la desconfianza y la pobreza. Pues claro que todo es una “cuestión cultural”, pero de la falta de cultura que tienen muchos: los que nunca han salido de su casa y los que han viajado por países exóticos para comprobar lo bien que se vive rodeados de amor a pesar de la miseria en otras sociedades, mientras la nuestra tiene que usar el aire acondicionado en el hotel y para estar frívolamente fresquito, contaminando, sin nada de cariño.

De estas muertes donde curiosamente los objetivos eran unos humoristas, no unos políticos o unos jueces, han salido todos los temas relacionados con nuestras vivencias. Pero curiosamente la gente les atribuye a los musulmantes (ya llega un momento en el que da igual que sean islamistas, musulmanes, turcos o iraníes) unas características muy al estilo de Bin Laden, que hasta cuando recuerdas que era millonario, que fue a un colegio buenísimo y que prácticamente era tan norteamericano que podría haber ser sido aceptado en la CIA, nadie te cree. ¿Que la gente mata por motivos religiosos? Pero qué imbecilidad. Sólo hay que imaginar que volviera –que está volviendo, por ciento– la Inquisición a España: muchos cuñados, hermanos, empleados díscolos y mujeres de libre moral iban a churruscarse en aras de la santidad y en el nombre de Dios.

Tonino Guitián

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Artsenal

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