Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 23, Opinión
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La misma, pero arreando

Por Francisco Cisterna/ Ilustración: Gatoto

El terrorismo islamoárabe, mal comparado, me recuerda a aquellas orquestinas verbeneras que, cuando agotaban su reducido repertorio, tornaban a ejecutar la misma pieza, pero arreando. El terror orquestado de cimitarras y alfanjes vuelve a resonar como en épocas pasadas. Esta vez con el agravante de que sus fúnebres ejecutores se han introducido en el hit parade de todos los países. Y se hace difícil distinguir el grano de la paja. Pero todo indica que el trigo está maduro y la simiente arraigada en medio mundo.

El problema no es nuevo ni fácil de resolver. Existe desde que existen los telediarios. ¿Quién no recuerda la masacre de los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972? (Doce atletas israelíes ametrallados en sus habitaciones por un grupo de fedayines, versión laica de los muyaidines islamistas). El secuestro del buque Achille Lauro en 1985 por el Frente para la Liberación de Palestina, FLP, que se saldó con la muerte de un pasajero judío-americano, discapacitado, arrojado por la borda. ¿Se acuerdan de Septiembre Negro? Los autores de la Masacre de Múnich, que sembraron el terror por media Europa hasta 1973: Atentado contra el embajador Jordano en Londrés, sabotaje de una instalación eléctrica en Alemania occidental y de una planta de gas holandesa, secuestro de un avión belga, atentado contra la embajada Saudí en Sudán, que costó la vida al embajador de EEUU y a tres personas más. Disuelta por presiones de la OLP, que creyó que los actos terroristas perjudicaban a su causa, y por los asesinatos selectivos del Mossad (Operación Cólera de Dios), que consiguió eliminar a la mayoría de los líderes –estos israelíes, siempre tan eficientes–. Coches bomba, chalecos explosivos, ejecuciones, secuestro de aviones, toma de embajadas y alguna que otra decapitación ya eran corrientes en esta época. Y hasta el cine bélico creó un subgénero inspirado en estos hechos. Ahora bien, los de Septiembre Negro eran unos angelitos comparados con el ISIS. Lo único nuevo es Internet, su alcance y difusión. Una herramienta que les reporta la máxima audiencia y que utilizan para inocularnos el virus del terror hasta la médula. El terrorismo de las redes sociales. La relación instantánea con todos los que piensan como ellos –si es que piensan– refuerza sus creencias y amplía el horizonte. Vuelven con los mismos métodos, pero arreando. Envueltos en la bandera de la religión y con sus horrores digitalizados a todo color y en HD. Es la historia de la infamia rodada en alta definición y por capítulos. No tiene arreglo. Es un virus larvado que reaparece con mayor virulencia a la más mínima oportunidad. La apoteosis del mal rollo, cutre, medieval y sanguinario.

La apuesta estadounidense –un equilibrio imposible de platillos voladores chinos– por desalojar del poder a dictadores como Sadam, Gadafi, o El-Asad, y retirarse con el puchero a medio cocinar, ha propiciado la inestabilidad de la zona y el auge del Estado Islámico. Un terrorismo que disfruta con la sangre más allá de la consigna es incurable. Y están convencidos de que a cuantos más infieles maten, a más mujeres tocarán en el Paraíso. Asesinar pensando en el placer no es nada sano. Este bárbaro yihadismo es la herencia de una juventud adiestrada en las videoconsolas del terror religioso. El mundo digital se vuelve sanguinariamente analógico. Construyen califatos de la nada para resucitar guerras santas y leyes rancias que legitimen sus atrocidades. Nostradamus lo avisó en sus profecías, la III Guerra Mundial subirá por el estrecho hasta España. Ellos, desde hace tiempo, nos vienen amenazando con la guerra total y la reconquista de ciertos territorios europeos. No han puesto fecha, pero revalidan su juramento año tras año. La debilidad creciente del mundo occidental hace soñar a los bárbaros con la victoria. Nos sienten débiles, desunidos, amorales, decadentes, ensimismados… y quizá no les falte razón. Pero no quiero sustraerme a pensar cuántos se han beneficiado de esta situación. Cuántos han mirado para otro lado a lo largo del siglo pasado. Cuántos países civilizados han hecho y deshecho a su antojo en estos territorios petroleros gobernados por fastuosos jeques, sanguinarios dictadores y fanáticos ayatolás. Ahora nos enteramos, con la muerte en extrañas circunstancias del fiscal argentino, de lo ignominiosas que pueden llegar a ser las oscuras tramas petroleras. Los expertos en terrorismo islámico callan. No tienen respuestas. Al menos, no tienen una respuesta razonablemente satisfactoria. Políticamente correcta. Y ellos lo saben. Y se aprovechan de la debilidad. Pero, al menos, me figuro, que alguien tiene que saber quién compra el petróleo del Estado Islámico. Amén.

Francisco Cisterna

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Gatoto

Gatoto

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  1. Francisco José dicen

    Lo sentimos mucho, pero el Pentágono no está de acuerdo con sus apreciaciones. Pronto tendrá noticias nuestras.

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