Número 23, Opinión, Rosa Palo
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La infiltrada

Por Rosa Palo  

Aquí no somos racistas, sino clasistas. Lo dijo Manuel Pimentel, ministro de Trabajo durante el aznarismo y padre del hijo de Alicia Camacho, hechos ambos que demuestran claramente que él no es racista ni clasista. Y lleva razón Pimentel: de toda la vida, lo que nos da miedo es la pobreza, que el dinero limpia, fija y da esplendor, y es capaz de convertir a un moro en árabe. Y los árabes ricos riquísimos no son sospechosos, aunque financien grupos islamistas extremistas con el dinero obtenido a través de sus relaciones económicas con multinacionales occidentales. Por ello, Marbella recibe con las piernas abiertas a los jeques, el cine les pone la alfombra roja a los productores con petrodólares y los equipos de fútbol les dejan serigrafiar sus camisetas. Hasta Carmina Ordóñez (Dios o Alá la tengan en su Gloria) plantaba al Chuli, al Pai, al Cabra, a la Virgen del Rocío y al polvo del camino para irse a La Mamounia.

Por eso, si de clase se trata, necesitamos alguien que vaya a la cabeza de la serpiente, que se infiltre en el enemigo y lo destruya desde dentro: necesitamos a la chica del tambor de LeCarré con perras, buenas maneras y capaz de lucir un sayo de Óscar de la Renta con donaire. Y aquí es donde entra en juego Carmen Lomana. O LoMané.

Su currículum avala su enorme capacidad de adaptación al medio: socialité que nadie sabe de dónde ha salido, directora de La joya de la Corona, danzarina derviche en “¡Más que baile!”, saltadora de trampolín, amiga, enemiga y otra vez amiga de “Sálvame”… Carmen es camaleónica, mutante, amoldable. Tanto que su última misión ha sido infiltrarse en Podemos haciéndose pasar por una intelectuala liberala pijifláutica: le estuvo tirando los tuits a Monedero hasta que acabaron tomando cañas, para después invitarlo a tomar el roscón de Reyes en su casa, territorio comanche, reuniendo a lo más selecto del pijerío madrileño. Y el pijerío, encantado con la nueva mascota de Carmen, que para ellos “Yo tengo un amigo de Podemos” es el nuevo “Yo tengo amigos gays”.

Y Lomana tan contenta, que ella es muy de mezclar gente, que su casa es como The Factory. La aburrida con ínfulas quiere ser como Andy Warhol y sus artistas, Gertrude Stein y sus pintores, Paloma Segrelles y sus políticos o Mona y sus lentejas, pero se queda en Carmen y su roscón. De Reyes. No me extraña que Monedero no probara bocado.

Pero la capacidad de Lomana para convencer al enemigo es infinita: Monedero llegó con su cara de cura progre dispuesto a evangelizar a las señoras de Serrano y a llevarlas por la república hacia la santidad, pero salió convertido por Lomana. En su próxima reunión, Carmen llevará a Monedero a la sastrería López Herbón para que le corten un traje, y luego a la doctora Ana Vila Joya para que le practique un microlifting (la doctora ya estuvo en la Roscón Party, por cierto). Y así hasta que Monedero acabe metrosexual perdío, vestido como Jaime de Marichalar, jugando al polo y diciendo “Fenomenaaaaal”. ¿Lo ven? Carmen podría ser nuestra Carrie Mathison, sólo que en vez de escuchar free jazz cuando se le va la pinza, escucha a Los del Río.

Si infiltramos a Carmen en la Yihad, son ellos los que acaban llevando el burka. Eso sí, a medida. Y no me miren con esa cara: para aniquilar ese espanto que es el terrorismo islámico, hay que intentar cualquier cosa, hasta infiltrar a Carmen, que Carmen es muy de infiltrarse. Sobre todo, bótox.

ESTHER-BAEZA-(ROSA-PALO)

Rosa Palo

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