Fran Sevilla, Humor Gráfico, Juan Ramón Carneros, Número 23, Opinión
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Je suis Rocco Siffreddi

Por Fran Sevilla / Ilustración: Juan Ramón Carneros

Antes que nada me gustaría aclarar una cosa: yo no soy Charlie Hebdo. No soy Charlie Hebdo como tampoco soy la revista El Jueves o una película de Torrente. No soporto cuando para hacer reír, alguien recurre al recurso fácil del caca, culo, pedo, pis. Podría mentir, comportándome como uno de esos tertulianos televisivos capaces de opinar sobre cualquier tema, vendiéndoles una imagen de joven intelectual y urbano que los fines de semana hace escapadas a París para visitar museos, ver ropa en mostradores y comprar su ejemplar de Charlie Hebdo. Pero lo cierto es que nunca he tenido un número de la revista entre mis manos, por lo que mi opinión sobre el semanario francés se reduce a un arduo trabajo de investigación que ha consistido en introducir las palabras Charlie y Hebdo en el buscador de imágenes de Google. Lo que he visto en sus portadas, un uso continuado del sexo o el desnudo como elementos transgresores, más excrementos, peos y un sinfín de elementos escatológicos, no encaja con mi concepto de un humor inteligente. También tengo la certeza de que si algún día cae un ejemplar en mis manos, seguro que encontraré contenidos interesantes que tengan un tono menos burdo. Sin ir más lejos, yo de adolescente leía todas las semanas El Jueves. Si uno de adolescente no ha leído El Jueves, es que no tiene corazón. Pero llegó un momento en que me cansé de su humor para quinceañeros que beben calimotxo, quizás al mismo tiempo que yo mismo dejé de beber calimotxo y estimé que mezclar cualquier bebida espiritosa con cocacola atenta contra el buen gusto. The Coca-Cola Company enviará en los próximos días un cheque a la sede de Gurb por ser citada en este artículo. Y lo gastaré en una botella de whisky que beberé solo con hielo. Hola The Macallan, vosotros también habéis sido citados en un artículo de Gurb. No estáis obligados a pagarnos con un cheque, aceptamos envíos a la redacción con cajas de vuestro delicioso whisky de malta. Fran Sevilla puede ser la imagen perfecta para vuestra campaña publicitaria, pues escribe siempre bajo los efectos del alcohol. Aunque José Antequera me diga luego aquello de si bebes, no me envíes tus artículos. Pero como decía, seguro que en Charlie Hebdo hay contenidos interesantísimos, al igual que en El Jueves uno puede encontrar todavía un puñado de dibujantes que hacen un humor inteligente y adulto, a pesar del tono general zafio en ambas publicaciones.

No sólo no soy Charlie Hebdo por no sentirme identificado con su humor. No soy Charlie Hebdo como pancarta o eslogan político construido desde la antesala del poder. Un eslogan que intenta canalizar un sentimiento acerca de occidente como un paraíso para la libertad de expresión y donde se respeta la vida humana. Sólo hay que recordar que esta misma semana, Alberto Nisman, fiscal que acusaba a Cristina Kirchner de encubrir atentados terroristas por parte de Irán, fue asesinado de un tiro, casualidades de la muerte, justo la noche antes de tener que ir a declarar. En la prensa hemos podido leer que lo de Alberto Nisman ha sido un suicidio, a pesar de haber reiterado en múltiples ocasiones que temía por su vida. Como también pudimos leer que fue un suicidio el tiro en la cabeza a Helric Fredou, policía encargado de investigar los tiroteos en la sede de Charlie Hebdo, también casualidades de la muerte, justo un día antes del cerco a unos presuntos terroristas, pues en Francia existe la presunción de inocencia mientras un tribunal no sentencie en contra del acusado, que además serían abatidos sin que puedan aportar ya ningún testimonio sobre cosas insignificantes como ya saben, para qué célula terrorista trabajaban o quién les proporcionó las armas.

Occidente también dice respetar la libertad de expresión y el trabajo de los periodistas. Pero lo cierto es que el 24 de abril de 1999, la OTAN, una corporación de mercenarios a sueldo de países como Francia o España, bombardeaba la sede principal de la Radio Televisión Yugoslava con todos sus trabajadores dentro. Atentado terrorista donde murieron 16 periodistas, uno menos que en el asalto a Charlie Hebdo, por el simple hecho de difundir una información que no encajaba con el criterio de las fuerzas aliadas, en su libre ejercicio de esta profesión.

Medios españoles como El País han dado difusión a esa campaña global de “Yo soy Charlie Hebdo”. Pero lo cierto es que en un caso similar, su grupo empresarial Prisa, se lavó las manos en el proceso judicial abierto contra Javier Krahe. Para el que pedían 144.000 euros de multa acusándole de blasfemia, ya saben, como el Tribunal de la Santa Inquisición en la Edad Media, qué tiempos aquellos. Todo por realizar un vídeo sobre cómo cocinar un Cristo. Vídeo que además fue emitido en Canal Plus sin su previo consentimiento. Durante los años que duró el proceso judicial, no pudimos leer en El País un solo artículo o editorial defendiendo su derecho de expresión, dejando al artista al pie de los caballos. En algo que además, era responsabilidad directa de este grupo mediático fundado por Jesús de Polanco, uno de los factótums del franquismo.

Como tampoco hemos leído en prensa artículos que condenen los atentados terroristas contra Leo Bassi, que por hacer un espectáculo teatral incitando a la apostasía, se encontró con una bomba en su camerino. Artefacto explosivo que por suerte no llegó a explotar, no teniendo que lamentar una tragedia. O como los principales grupos mediáticos, y que todos ellos dicen ser Charlie Hebdo, no condenan enérgicamente las amenazas de muerte sufridas por la redacción de Mongolia a raíz de un uso irreverente de la imagen de la Virgen de la Macarena para promocionar un show cómico en Sevilla. Susana Díaz también es Charlie Hebdo, pero está más preocupada en asegurarse de que Pablo Iglesias no pueda pisar un plató de Radio y Televisión de Andalucía, lo que no sería grave si se tratara de una empresa privada y no de una pública pagada con el dinero de todos los contribuyentes.

Mariano Rajoy también se posicionó tras una pancarta de “Yo soy Charlie Hebdo”, símbolo de la libertad de expresión en occidente, todo porque sus asesores le recomendaron que quizá la de ‘Yo soy el Cid Campeador’ era contraproducente. Y salvo que Mariano Rajoy sienta una cierta inclinación por ciertas portadas de la revista con tendencia sodomita, no se explica ese posicionamiento. Al menos si nos atenemos a la nueva Ley Mordaza aprobada por su grupo parlamentario en solitario, y que limita el libre ejercicio de la manifestación. O quizás a Mariano Rajoy las manifestaciones y pancartas sólo le gusten lejos de las fronteras de su país. Quizás Mariano Rajoy nos esté invitando a irnos a gritar y patalear fuera de España, a Francia por ejemplo. Pero eso sí, si os vais, no esperéis poder ejercitar el derecho al voto por correo con libertad. Crearemos procesos kafkianos en los censos para evitar que el máximo número de personas desistan en el intento.

José María Aznar, George Bush o Tony Blair también eran Charlie Hebdo, solidarizándose con el derecho a la vida cuando ordenaron una invasión ilegal de Irak, según el precepto de que existían armas de destrucción masiva en el país. Armas de destrucción masiva que luego, ellos mismos admitieron que no estaban y eran sólo una excusa. Todo ello para derrocar a un dictador, Saddam Hussein, que alcanzó el poder con el apoyo militar de Estados Unidos y sus fuerzas aliadas, no importando los cientos de miles de cadáveres que esto pudiera ocasionar, siempre y cuando sirviesen a occidente para tener el control sobre la producción de petróleo. Y cuya posterior invasión para quitar del poder a quien nosotros mismos habíamos puesto sería justificada y ensalzada por la prensa conservadora. Con la excusa de que previamente, el líder de una célula terrorista entrenado por la CIA, Osama Bin Laden, cuya familia por cierto mantenía negocios estratégicos con los Bush, era el presunto instigador de unos atentados terroristas en Nueva York. Y digo presuntamente porque una vez más, casualidades de la muerte, Bin Laden fue abatido durante una escaramuza militar, sin tener derecho a un juicio. Matado indefenso en su cama, a un país tan obsesionado con la inteligencia (militar, se entiende), no pareció importarle demasiado toda la información que pudiera proporcionales sobre su organización.

Por eso yo les digo que defendiendo el derecho a la vida, a la libertad de expresión y a que un artista pueda transgredir y realizar su obra con los elementos que él crea oportunos, sean Jesucristo o Mahoma, siendo otra cosa bien distinta que pueda estar de acuerdo o no con la necesidad de determinadas acciones artísticas en periodos históricos determinados o sobre su sentido ético, lo siento, pero yo no soy Charlie Hebdo. Ni tampoco soy una pancarta de “Yo soy Charlie Hebdo”. Ni me verán vociferando sobre las bondades de occidente como paraíso de las libertades. Tampoco ojo, sobre las del mundo árabe y sus oligarquías del petróleo, puestas en el poder en base a los propios intereses occidentales y que mantienen en la miseria e ignorancia a sus pueblos. Orgías en Palacio y versos del Corán en las calles, cuánto daño hicieron los poetas. Y si me dan a elegir ser un francés, en todo caso elijo ser Rocco Siffreddi. Je suis Rocco, actor y realizador de porno que daría el salto al cine dramático en la película ‘Romance’ de Catherine Breillat. Autora, por cierto, cuyo primer film ‘Une vraie jeune fille’, estuvo censurado durante más de tres décadas en la Francia paraíso de las libertades.

Fran Sevilla

Fran Sevilla

JUAN RAMON CARNEROS

Juan Ramón Carneros

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