Artsenal, Humor Gráfico, Número 23, Opinión, Xavier Latorre
Deje un comentario

Ilécebra

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Lilit conoce cuánto valen las palabras. Es armenia y se ha encumbrado en el concurso televisivo “Pasapalabra”. Con solo siete años en Valencia sabe más español que Artur Mas, ¡dónde va a parar!, y tiene más léxico que Rajoy. Un presidente que parece importado de un país lejano, que balbucea y que no acertaría ni una en “Saber y ganar”. Esta mujer de 31 años, que se embolsó más de 300.000 euros en la tele, llegó en 2007 ya adulta. Era cuando recalaban por aquí un gran número de extranjeros como ella antes de abrirse las hostilidades de la crisis.

La admirable Lilit tiene un profundo respeto por el diccionario y no como los políticos al uso que adulteran las palabras con una pasmosa facilidad. La “flexibilidad laboral” como sinónimo de despido está más desgastada que un insulto a un árbitro en un estadio de primera. ¿Por qué el ministro de Interior confunde ofrecer “seguridad” con reprimir al personal? ¿Por qué “empoderarse” es mejor que pegar una patada en el trasero a los corruptos? ¿Por qué se manosea la expresión derechos sociales justo antes de ejecutar de un tajo unos drásticos recortes? El idioma de los poderosos, de los actores políticos, está plagado de “ambigüedad, polisemia y equívoco”, como pregona una catedrática de la Universidad de Valencia, Beatriz Gallardo, que sabe lo suyo y que lo ha compilado en su último libro, “Usos políticos del lenguaje”.

El vocablo “casta”, que tanto irrita a personajes subidos en el estribo del tren parlamentario desde hace la tira de años, pronto va a quedar desfasado. Desactivarán toda su carga crítica y lo van a reconvertir en piropo. El idioma, y no hay que ser armenio para descubrirlo, también se corroe de usarlo sin propiedad: los cocineros deconstruyen la comida para que esté buena, el déficit tarifario oculta siderales subidas de precios, las políticas transversales que deben ser posteriormente implementadas sirven, supongo, para dejar aparcado una eternidad cualquier problema gordo. A veces, estos astutos parlanchines recurren a discursos huecos y vagos o a voces extranjeras para no descubrir sus vergüenzas. Estos gobernantes seudoanalfabetos, que huyen de la precisión lingüística, llenan las entrevistas de letanías sosas y repetitivas. Lilit ganó el premio al definir como halago engañoso la palabra “ilécebra”. Justo lo que hacen desde sus respectivos púlpitos mediáticos los que mandan.

Estamos en plena campaña de redacción de los programas electorales. No sé a qué esperan algunos partidos políticos grandes para fichar a Lilit para que les suministre palabras del vocabulario con doble sentido para robárnoslas, para que les proporcione términos de usar y tirar o en desuso para poder formalizar unas promesas que luego incumplirán sistemáticamente una vez tomen posesión de su cargo. Aunque lo mejor sería presentar directamente a esa armenia prodigiosa a presidenta. Yo le votaría. Ella sí sabe lo que dice.

Xavier Latorre

Xavier Latorre

Artsenal

Artsenal

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *