Arte, Carmen Fernández
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Grandes genios y sus mascotas

Julio Cortázar y su gato Adorno.

Por Carmen Fernández. Jueves, 22 de enero de 2015

Editorial

       Arte

Les conocemos por sus creaciones y parece que todo lo que les rodea respira genialidad. También las mascotas que les acompañaron. Mucho más que animales, algunos fueron la inspiración para su arte, otros el reflejo de las excentricidades del artista, compañeros inseparables, confidentes. Decía Anatole France que hasta que no se ha querido a un animal, una parte del alma estará dormida.

Pablo Picasso tuvo muchas mascotas a lo largo de su vida, pero con el que mantuvo una relación especial fue con su perro LUMP, un teckel que le había regalado el fotoperiodista de guerra David Douglas Duncan. Sentía una complicidad y un cariño tan grande por el animal que incluso dormían juntos y era el único que podía permanecer en la misma habitación que el genio mientras éste trabajaba.

En su libro Lump: el perro que se tragó un Picasso, Duncan cuenta cómo había adquirido el teckel a una familia alemana para hacerle compañía a su perro afgano, pero ambos se llevaban tan mal que cuando fue a visitar a Picasso a su villa La Californie en Cannes, donde vivía con su compañera de entonces Jacqueline Roque, Lump decidió quedarse allí y formar parte de la familia del pintor junto con su perro boxer Yan y la cabra Esmeralda.

Picasso daba de comer a Lump en sus brazos en un plato donde había pintado un retrato del perro con la dedicatoria: Pour Lump. Cannes, 19.4.57 y siempre pensó que era “mucho más que un perro, distinto a una persona, era, simplemente otra cosa”. Lo inmortalizó en algunos cuadros de la serie Las Meninas que se conserva en el Museo Picasso de Barcelona. Lump murió diez días antes que Picasso, un 29 de marzo de 1973, y se convirtió en uno de los perros más famosos de la Historia del Arte (cuenta con su propia página en la wikipedia).

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Picasso, Jacqueline y Lump.

Ernest Hemingway era un enamorado de los mininos. Se cuenta que su primer gato fue el regalo de un capitán de barco y sufría una peculiar alteración genética llamada polidactilia, por la que tenía seis dedos en cada pata. Los marineros creían que los gatos con esta peculiaridad traían buena suerte. Hemingway le llamó SNOWBALL (Bola de nieve) y no pudo separarse nunca de él. A partir de ese momento, la vida de Hemingway se llenó de gatos. Los descendientes de Snowball heredaron la polidactilia y fueron acogidos por el escritor en su casa en Cayo Hueso (Florida) y los bautizó con nombres de personajes famosos.

Según recogen sus biógrafos, uno de los momentos más tristes y traumáticos para el escritor fue cuando tuvo que sacrificar a su querido gato Tío Willie que llevaba con él once años. Así contó la experiencia en una carta a su amigo Gianfranco Ivancich.

“Querido Gianfranco:
Justo después de escribirte y mientras ponía la carta en el sobre, Mary bajó de la Torre y dijo: algo terrible le ha pasado a Willie. Salí y encontré a Willie con sus dos patas derechas rotas: una por la cadera y la otra por debajo de la rodilla. Un coche debía haberle pasado por encima o alguien lo había golpeado con un palo. Había vuelto a casa sobre las patas de un solo lado. Era una fractura múltiple con mucha suciedad en la herida y fragmentos sobresaliendo. Pero él ronroneaba y parecía seguro de que yo podría solucionarlo.

Hice que René trajera un bol de leche para él y René lo sostuvo y cuidó para que Willie estuviera bebiendo leche mientras yo le disparaba en la cabeza. No creo que sufriera y los nervios habían sido machacados, así que las piernas no habían empezado a dolerle realmente. Monstruo (secretario personal de Hemingway) quiso dispararle por mí, pero no podía delegar la responsabilidad o dejar una posibilidad de que Will supiera que alguien iba a matarlo.

He tenido que disparar a gente, pero nunca a nadie que hubiera conocido y amado durante once años. Ni tampoco a nadie que ronroneara con dos piernas rotas.”

 Actualmente la casa de Hemingway en Cayo Hueso es un museo donde viven unos cincuenta gatos que son controlados y cuidados por una fundación.

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Hemingway y sus gatos en su casa de Cayo Hueso.

Frida Kalho vivía rodeada de animales en su Casa Azul de Coyoacán. Monos, loros, venados, perros y gatos eran sus mascotas y aparecen de forma recurrente en sus pinturas con una connotación simbólica. Algunos de sus biógrafos señalan que Frida se hacía rodear de ellos para soportar un sentimiento de maternidad frustrada y superar la soledad y los altibajos de su conflictiva relación con Diego Rivera. Uno de sus animales más queridos era su mono FULANG CHANG (que significa “cualquier chango”, en México se denomina así a los primates). Este mono no le tenía ningún cariño a Diego Rivera y le provocaba heridas y arañazos en cuanto se acercaba a él. Además Frida tenía dos perros xoloitzcuintli, una raza de origen mexicano caracterizada por su falta de pelo y su incapacidad para ladrar. Eran animales muy preciados para la pintora y reflejaban el orgullo por su pasado indígena. Se llamaban SEÑOR XÓLOTL y SEÑORA KOSTIC y dormían a los pies de su cama. En cierta ocasión, el perro orinó en una de las acuarelas que Rivera acababa de pintar y éste, furioso, lo persiguió por toda la casa con un machete en la mano. El perro fue hasta donde estaba Frida y se escondió entre sus piernas y Diego, ya más calmado, bajó el arma, levantó al perro y acariciándole le dijo: Xólotl, emperador de Xibalba, señor de las tinieblas, es usted el mejor crítico de arte que conozco. Y soltó una enorme carcajada.

Autorretrato con mono y el Sr. Xolotl 1945

Autorretrato de Frida Kalho con mono y el Sr. Xolotl, 1945.

El gato de Julio Cortázar se llamaba como el filósofo, TEODORO W. ADORNO, y era en realidad un gato callejero que aparecía cada vez que Cortázar y su mujer iban a su residencia en Saignon al sur de Francia. Los amigos de Cortázar decían que Julio tenía ojos de gato y su gato, ojos de escritor. Quien más influyó en su escritura fue precisamente su gato y los traductores que desconocían esta particularidad se volvían locos buscando las referencias al filósofo Adorno a las que aludía Cortázar. Así le ocurrió a Barber van de Pol según explica el periodista Ricardo Bada. Estando ambos tomando un café en casa de la traductora en Ámsterdam, a Bada se le ocurrió comentar cuál era el nombre del gato de Cortázar. Ella, palideciendo le preguntó: “¿Cómo has dicho que se llama ese gato? Entonces, todas esas citas que Julio le atribuye a Adorno…” “No son otra cosa sino las reflexiones de su gato, Barber”, contestó Bada.

En todas las grandes obras de Cortázar aparecen los gatos: en Rayuela es un felino de circo que suma y multiplica y es odiado por los payasos; en Un tal Lucas los gatos son teléfonos que suenan, maúllan porque tienen un mensaje que transmitirnos pero nosotros “torpes y pretenciosos, hemos dejado pasar milenios sin responder a las llamadas”; y también habla de su gata FLANELLE, que “brinca cada tanto a mi mesa para explorar lápices, pipas y manuscritos. Todo aquí es tan libre, tan posible, tan gato” en Salvo el crepúsculo. Hay gatos en El Diario de Andrés Fava, o en el capítulo “La entrada en religión de Teodoro W. Adorno” de El Último Round; hay gatos en Orientación de los gatos, en Más sobre filósofos y gatos, en La vuelta al día en ochenta mundos y más.

Cortázar y Adorno

Cortázar y el gato callejero Adorno.

Andy Warhol vivía en su casa con 25 gatos, y todos se llamaban SAM. Antes de convertirse en el afamado padre del Pop Art, publicó algunos libros de artista con litografías coloreadas a mano. Uno de esos libros, recoge dibujos realizados entre 1954 y 1956 y fue concebido como un recuerdo de Navidad. En él retrató a cada uno de sus gatos  y lo tituló 25 Cats Name Sam and one Blue Pussy con textos de Charles Lisanby. A partir de la década de los setenta, sustituyó el amor a los gatos por el de los perros. Su amigo Jed Johnson le convenció para adquirir un compañero canino y así llegó ARCHIE a la vida del artista. Era un teckel y se convirtió en su mejor compañero, lo llevaba a todas partes, a su estudio, a inauguraciones de galerías, restaurantes o entrevistas. Se dice que era capaz de cancelar un viaje por no dejar a Archie solo en casa. Nunca se separaban.

Litografía de su gato Sam

Litografía de Andy Warhol de uno de sus 25 gatos llamados Sam.

Virginia Woolf compartió su vida con varios perros pero PINKA ocupó siempre un lugar especial en su corazón. Era una cocker spaniel regalo de su amiga Vita Sackville-West y cuando murió, Virginia Woolf le dedicó unas sentidas palabras: “Ocho años compartidos con un perro tienen que significar algo. Supongo… ¿Es una parte de nuestra vida lo que está enterrado en el jardín? Esos ocho años en Londres, nuestros paseos, un fragmento de nuestra vida privada… ¿es eso lo que ha desaparecido?”. Fue Pinka quien inspiró a la escritora para realizar su novela Flush: una biografía, donde cuenta la vida de la poetisa Elizabeth Barrett vista a través de los ojos de su perro. De hecho fue una imagen de Pinka la que se usó en la portada de la primera edición del libro.

Portada de Flush con retrato de Pinka

Portada de Flush con retrato de Pinka de Virginia Woolf.

El periodista y escritor Truman Capote no escribía sobre su perro sino que escribía a su perro. Su bulldog inglés CHARLIE J. FATBURGER fue en ocasiones la tabla de salvación ante la pesadilla del alcohol y los psicofármacos en la que se vio envuelto Capote. Intentaba no separarse de su perro, pero cuando se veía obligado a realizar algún viaje siempre lo tenía presente. Mientras se encontraba en Kansas documentándose sobre los asesinatos de la familia Clutter para escribir su libro A sangre fría envió varias cartas a Charlie con huesos y obsequios. En una de ellas le decía:

”Querido Charlie: aquí todos los perros tienen miedo y pulgas, no te gustaría nada. Te echo de menos. ¿Quién te quiere? T. (¿quién si no?)”.

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Truman Capote y su adorado Charlie.

El carácter excéntrico de Salvador Dalí se reflejaba en sus mascotas. Era un amante de los gatos pero eligió como compañero peludo un ocelote que adquirió en Colombia en la década de los 60. Se llamaba BABOU y Dalí lo llevaba con una cadena de oro allá donde iba: a los restaurantes, viajó con él en el crucero SS France, y compartían suite en el Hotel Palace. Aún se recuerda el día en que su ocelote se escapó por la ventana provocando el pánico de los huéspedes. Tampoco olvidan a Babou en el Hotel Le Meurice y los destrozos en las alfombras persas y las cortinas. La siguiente mascota de Dalí fue aún más extravagante que su ocelote. La fotografía tomada por Patrice Habans y publicada en Paris Match (26 de julio de 1969) dio la vuelta al mundo y mostraba al genial pintor en una estación de metro de París paseando a un oso hormiguero gigante. Llegó a ser tan influyente que impuso la moda entre los miembros de la alta sociedad de poseer un animal de esta especie.

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Salvador Dalí con su ocelote Babou. Paseando un oso hormiguero gigante por París.

Se dice del poeta Lord Byron que tuvo cientos de amantes (la mayoría mujeres y algunos hombres) pero no quiso a ningún ser humano tanto como a su perro BOATSWAIN. Se atribuye a Byron la famosa frase “cuanto más conozco a los hombres, más quiero a mi perro”. Boatswain era un terranova, nacido en 1803 en Canadá y acompañó al poeta desde cachorro. Se cuenta un hecho que resume perfectamente la devoción que sentía Lord Byron por su perro y que habría ocurrido en un viaje en barco desde el puerto de Londres. En un momento de la travesía, Boatswain cayó al agua y Lord Byron intentó insistentemente que el capitán detuviera el barco para salvarlo pero éste se negó pues según el reglamento un animal no era causa suficiente, así que sin dudarlo, el poeta se lanzó al agua, provocando de esta manera que ambos fueran rescatados. Boatswain murió en 1808 al contraer la rabia y Lord Byron estuvo junto él, día y noche, hasta el final. Mandó construir un mausoleo en la mansión familiar de Newstead Abbey al que añadió un precioso epitafio para que todos pudieran verlo:

“Aquí reposan los restos de una criatura que fue bella sin vanidad, fuerte sin insolencia, valiente sin ferocidad y tuvo todas las virtudes del hombre y ninguno de sus defectos. Estos elogios, que serían alabanzas inmerecidas de estar escritas sobre cenizas humanas, son apenas un justo tributo a la memoria de Boatswain, un perro”.

George Gordon, Lord Byron.

Mausoleo de Boatswain

Mausoleo de Boatswain, el perro de Lord Byron

Quedan muchos en el tintero quizás para una segunda parte. Quienes puedan, arrebújense con un buen libro y su mejor amigo peludo y disfrútenlo.

Carmen Fernández

Carmen Fernández

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