Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 23, Opinión
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Esto lo arreglo yo con un par de whatsapps bien dados

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

Diecisiete personas muertas. Ese ha sido el resultado de los brutales atentados de apenas hace unas semanas en Francia, ese territorio al que llamamos “país vecino” y nunca una expresión estuvo tan bien utilizada porque apenas nos conocemos y, desde luego, de ellos no hemos aprendido nada.

Después de asistir casi en directo al asalto a la revista satírica ‘Charlie Hebdo’ y al supermercado de comida kosher; después de vivir esa angustia televisada; después de saber el nombre de los muertos, quiénes eran y adónde iban; después de escuchar a analistas, politólogos, expertos en religiones y en terrorismo; después de llorar tanto rato por unas víctimas a las que no conocíamos de nada (como hacemos con todas las víctimas: su muerte nos conmueve, lloramos por ellas y las olvidamos. Y si los muertos nos pillan muy lejos nos limitamos a chasquear la lengua y a emitir un sonoro suspiro), después de todo eso pero no mucho después, hablaron los whatsapps.

Seguro que saben de qué les hablo. Han sido muchos los mensajes que han circulado desde esos aciagos días por las redes sociales, los teléfonos y demás dispositivos. Pero hubo uno que nos hizo blasfemar, con lo peligroso que es eso. El mensaje comenzaba así: “BIEN, POR EL ALCALDE DE ANTIBES (en la Costa Azul francesa, al lado de Niza y Cannes)” –la colocación de la coma es cosa del autor –. Y enseguida iba al meollo. Según el anónimo autor de esa “noticia”, el susodicho alcalde “ha rehusado –así, con su hache intercalada y todo– suprimir la carne de cerdo en las cantinas escolares”. Al parecer los padres musulmanes habían pedido que el cerdo dejara de ser parte del menú de los escolares de Antibes y el juicioso alcalde les recordó en una supuesta carta que “son los musulmanes quienes deben adaptarse a Francia –nótese aquí una paradoja muy del gusto de Ana Botella y sus peras y manzanas puesto que ser francés y ser musulmán son dos circunstancias irreconciliables según el autor– ya que son ellos los que han elegido emigrar”. No tengo palabras para calificar esta última parte de la frase, así que no lo haré.

El whatsapp seguía en parecidos términos confundiendo musulmán con extranjero, Islam, religión y sharia. Además de lo asombroso que me resulta que cualquier persona con un poco de juicio pueda no sólo tragarse semejante bulo sino contribuir a que esté “circulando” por esa tierra de nadie que es internet y contribuyendo a la ceremonia de echar gasolina al incendio, me alarma sobremanera la maldad que denota el texto. Porque no me negarán que hay que ser despreciable para obligar a los niños musulmanes o judíos (tampoco ellos prueban el cerdo) a comer un alimento que está prohibido en su religión y en sus costumbres. ¿Qué beneficios o ventajas podría tener eso? ¿Demostrar que los franceses la tienen más larga?

Conversaciones parecidas a ese texto recibido en el teléfono móvil se han repetido por los bares y plazas de España, estamos seguros de que habrán escuchado e incluso participado en algunas. Me asombra la capacidad que tenemos las personas de pavonearnos de nuestra ignorancia: algunos de nosotros tenemos dificultades para situar Siria en un mapa, o para explicar cómo surge Al Qaeda, o para dar detalles del Islam más allá de los cuatro tópicos pero ninguna para saber cómo se arregla esto: nos bastan un par de whatsapps bien dados y obligar a los niños a comer carne de cerdo hasta en el desayuno.

(Me he dado cuenta de que he escrito en primera persona del plural como si quisiera incluirles en esta bruma de ignorancia y fanatismo que nos envuelve a algunos periodistas y a mucho indocumentado. Nada más lejos de mi intención: la que no sabe dónde está Siria soy yo; la que participa en conversaciones del tipo “esto lo arreglaba yo en dos patadas” soy yo; la que se puso #JeSuisCharlieHebdo en la foto de perfil del Facebook y se fue a dormir con la conciencia tranquila y el deber cumplido soy yo, la que estuvo a punto de reenviar el whatsapp soy yo. Ustedes son formidables).

Lidia Sanchis

Lidia Sanchis

L'Avi

L’Avi

1 Kommentare

  1. Lorenzo dicen

    … yo haré como si no hubiera leido el último párrafo.

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