Entrevistas, Jose Antequera, Robert M. Awa

Boris Izaguirre: “Me siento cómodo siendo una estrella permanentemente”

Por José Antequera / Fotografía: Robert Muñoz. Viernes, 9 de enero de 2015

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  Entrevista

Boris Izaguirre (Caracas, 1965) estará siempre en deuda con Rosalind Fox, el personaje central de su última novela, Un jardín al norte, y no solo porque ella le ha ayudado a afianzar su exitosa carrera como escritor, sino porque en ciertos momentos de su vida fue para él como un hada madrina que lo sacó de lo más oscuro del abismo. “Llegó en un momento en que yo aún no había entendido que estaba delante de una crisis personal y ella realmente me dio una fuerza enorme para salir adelante”, asegura. Escritor, showman, tertuliano, guionista de telenovelas en sus inicios, azote de famosos, Izaguirre dice no echar de menos aquellos años salvajes en que escribía historias para culebrones ni cuando le daba por subirse a la mesa de Crónicas Marcianas para marcarse un striptease. “Lo hacía porque siempre he seguido mis impulsos y porque en televisión hay que arriesgar”. Pese a su reconocimiento como narrador tras ser finalista del Planeta, afirma haber conocido tanto las mieles del éxito como el sabor amargo del fracaso. “Yo es que generalmente me siento cómodo siendo una estrella permanentemente, no sabría hacer otra cosa”, ironiza. Su personaje, Rosalind Fox, vive una azarosa peripecia en Tánger, donde el espionaje y la pasión la arrastran en los confusos y dramáticos días de la guerra civil española. “Ella fue un ejemplo, no tenía miedo, y nosotros no debemos vivir con miedo pese a los horribles atentados de París”, insiste.

Iba a empezar con tu última novela pero ha pasado esta barbarie de París y me gustaría pedirte tu opinión…

He pensado lo mismo, que es una barbarie sin ningún tipo de argumentación inteligente, es acabar con la vida de unas personas de forma gratuita; y además estaba todo perfectamente planificado, ellos sabían que estarían los periodistas allí reunidos, como cada miércoles a esa hora, y en efecto, estaban todos allí. Está clarísimo que no dejaron ningún cabo suelto, la organización de la matanza es apabullante, y eso es lo que lo hace todavía más aterrador.

¿Estamos en medio de una guerra? ¿Esto es Oriente contra Occidente? ¿Choque de civilizaciones, tú cómo interpretas este fenómeno horrible al que parece que tendremos que acostumbrarnos en las próximas décadas?

Los ataques que han ido ocurriendo han sido tremendos: las Torres Gemelas, Atocha, el Metro de Londres, salvo el caso de ese loco muchacho noruego, todos han sido de una manera similar y enfocado hacia el mismo objetivo. Pero lo horrible del terror es vivir en el miedo, es tan distinto de mi novela Un jardín al norte… Su protagonista, Rosalind Fox, es una persona que no tiene miedo, que permanentemente supera el miedo y eso sabiendo que hay un mundo, el siglo XX, el momento histórico que le ha tocado vivir, y que va a estar rodeada de miedo.

Como ciudadano, ¿sientes miedo ante el terrorismo fanático de esta gente?

Yo no puedo sentir miedo después de haber creado a Rosalind Fox, siento indefensión ante tantos organismos internacionales que deberían controlar esto y no lo pueden controlar…

¿Nos vamos a tener que acostumbrar entonces a vivir con el terror en el cuerpo?

Pero yo no puedo sentir miedo, porque acabo de escribir una novela sobre alguien que no tiene miedo. No podemos resignarnos a convivir con el terror, tenemos que eliminarlo, desterrarlo de nuestras vidas…

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¿Y qué puede hacer una sociedad que se enfrenta a amenazas y masacres de este tipo?

Probablemente lo primero que deberíamos hacer es dar el paso y reconocer que tenemos una amenaza porque hasta el momento no reconocemos esa amenaza. Nos hemos ido protegiendo como hemos podido pero nadie ha puesto las palabras juntas: es una amenaza. Ningún estado ha hecho esto.

Volviendo a otras guerras pasadas y a Rosalind… ¿cómo llegaste al personaje y por qué la escogiste para escribir tu historia? ¿la elegiste tú a ella o ella a ti?

Es una gran pregunta porque la verdad es que yo creo que fue un poco de todo. Yo sí creo que ella vino en un momento de mi vida en que yo aún no había entendido que estaba delante de una crisis personal y ella realmente en ese momento me dio una enorme fuerza a través de esta novela, que es una novela como las que a mí me gusta leer, una novela que mezcla Historia, amor, espías, aventuras, y lo mezcla todo como una fórmula de entretenimiento, que realmente te lleva a seguir queriendo leer y a seguir compartiendo la historia con ella todo el tiempo. Y pienso que eso es a lo que yo voy a estar eternamente agradecido. No creo en el destino porque yo sí pienso que cada uno es capaz de cambiarlo y ese aspecto es el que yo comparto con Rosalind Fox. Ella se enfrenta a su destino para hacerlo como ella quiere, no como el destino le depara. Y sin embargo, sí que pienso que ella y yo estábamos destinados a conocernos, lo que sucede es que íbamos por caminos distintos y de repente algo, en este caso claramente El tiempo entre costuras, nos unió. Y claro, el resultado ha sido una novela que es totalmente distinta a la novela de Dueñas, claramente. Rosalind sabe determinar su vida, tomar las decisiones de su vida. Y eso a mí también me ha ayudado como persona, me ha ayudado a ver que me había dejado llevar demasiado y que había dejado pasar varias oportunidades donde yo tenía que tomar una decisión. Y ahora la he tomado, he tomado la decisión de hacer la novela que quería hacer, escribir la novela que quería escribir, seducir a los lectores de la manera en que quería seducirlos.

¿Es decir que Rosalind Fox te salvó en una etapa difícil en tu vida?

Digamos que fue un punto final, porque atravesé claramente la frontera, pero le puse un punto final. Y abrí una puerta con muchísima luz.

¿Qué te ha enseñado Rosalind Fox?

Bueno, pues a escribir y a entender la importancia de crear una narración que está volcada a cautivar lectores. Para mí es muy importante eso porque me hace entender como que por fin he conseguido devolverle a este oficio en el que he estado inmerso hasta ahora la fe que había depositado en mí como escritor. Y también me ha permitido a mí forjarme una nueva fe en el oficio, la idea de que este oficio va a serlo el resto de mi vida.

¿Hay en Un jardín al norte algunas cosas de tu madre?

No, lamentablemente coincidió con su enfermedad y con su muerte, probablemente a eso es a lo que me he referido en otras entrevistas; tuve que hacer frente a la durísima convivencia que supone que mientras la vida de mi madre se apagaba Rosalind Fox empezaba a vivir. Fue algo que me sorprendió mucho, pero realmente no creo que la muerte de mi madre haya influido en la creación de Rosalind Fox. Han sido cosas muy distintas pero sucedieron al mismo tiempo, eso es verdad.

Vivimos un boom de la novela histórica, sobre todo la novela de entreguerras con nazis, espías, mata haris y drama romántico. Las viejas historias siempre funcionan. ¿Crees que tiene que ver con la evasión que todos buscamos para alejarnos de una realidad dura y complicada?

Sí, eso ocurre porque estamos hurgando en nuestra propia historia, necesitamos referencias, ser testigos de esa historia. Estamos echando a andar un nuevo siglo, con sus retos, sus vicisitudes, con sus peligros, con sus terrores, con sus características propias y está bien que queramos mirar cien años atrás. Como bien sabes, Rosalind Fox siempre ocultó su fecha de nacimiento y yo me tuve que inventar una. Ahora que la Wikipedia señala esa fecha me hace mucha ilusión pero realmente no se sabe cuándo nació. Se sabe cuándo murió pero no cuándo nació. Se empeñó tanto en ocultar su fecha de nacimiento que nadie la sabe. Yo escribo que nació en 1915, y esos cien años han sido trepidantes, y estos quince años de nuevo siglo son igualmente trepidantes. Por eso yo creo que está tan de moda la novela histórica, porque de alguna manera nos refleja. Yo quería que una lectora de treinta años de hoy se reflejara en Rosalind Fox y por eso he sido tan riguroso con todo lo histórico, para que esa lectora o ese lector, cuando estén metidos en Un jardín al norte de repente se den cuenta de que las cosas que están viviendo ahora eran cosas distintas de las que pasaron hace cien años.

O también por evasión…

Yo a eso prefiero llamarlo entretenimiento, porque yo creo mucho en eso y he sido una persona muy vinculada desde muy pequeña al entretenimiento. Primero cuando el que observaba era yo y después cuando me ha tocado a mí formar parte como creador o como partícipe incluso. Y creo que es necesario, es necesario… el entretenimiento es una de las mejores fórmulas para asumirlo todo, porque mantiene tu interés y mientras mantiene ese interés tu curiosidad también está en funcionamiento. Tenemos que ser curiosos, tenemos que ser observadores, tenemos que sacar nuestras propias conclusiones sobre lo que pasa a nuestro alrededor, tenemos que aprender, tenemos que estudiar, y todo lo que te posibilite estudiar está relacionado con la curiosidad y todo lo que facilite la curiosidad es útil.

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Villa Diamante te llevó a ser finalista del Planeta y a lograr el reconocimiento público. ¿Es la novela de la que te sientes más satisfecho?

Bueno, pero es que todos siempre dicen que su última novela es de la que están más satisfechos y yo no puedo decir realmente de cuál me siento más o menos satisfecho pero sí que está claro que Villa Diamante me permitió contar una historia que de primeras me atraía y que finalmente consiguió ser finalista de un premio tan importante como el Planeta. Es una sinopsis que puede parecer sencilla pero que en realidad es una novela compleja sobre la Venezuela del siglo XX. Y por eso yo creo que también gustó tanto al jurado. Evidentemente, una vez metido dentro de Planeta cambió mucho mi vida como escritor y sobre todo como escritor publicado. Sí, claramente fue el principio de una nueva etapa muy fructífera, muy bien acompañada.

Siempre he visto algo de Douglas Sirk en tu obra y en tu forma de escribir, el melodrama, las historias apasionadas llevadas al límite, ese amor desbocado… ¿Es así?

Ja, ja, ja… ¡Me encanta Douglas Sirk! Esos encuadres maravillosos, me gustaría escribir una novela que tuviera esos encuadres de Sirk, siempre con muchas puertas, muchas ventanas, muchos cristales, me encantaría sí, sí… También, en el fondo es lo que me encantaba de ese primer Almodóvar, que también es un permanente homenaje a Douglas Sirk. Sí, la verdad es que sí, pero pienso que con Un jardín al norte he dado un salto hacia adelante, he despojado al melodrama de sus peores carencias, se las he quitado, yo diría, lo he dejado menos barroco, menos Sirk y más Douglas, o menos Douglas y más Sirk, y eso me ha gustado, es lo que hizo que Rubén dijera esa frase que la he repetido muchas veces en varias entrevistas: Oye, por fin, has escrito algo interesante. Le pareció que yo había logrado eso: liberarme de tanta parafernalia y hacer algo muy sencillo, que es contar una buena historia que tenga interés…

¿Escribes desde tu biografía o desde tu ideología?

Pero es que la ideología ha quedado tan jodida últimamente, es como si las ideologías hubieran sido suplantadas por otras cosas, no sé, por la realidad virtual, por la corrupción, por el terror… las ideologías realmente dejaron de existir en algún momento, dicen que con la caída del Muro de Berlín, pero yo pienso que no está tan determinado en qué momento empezaron a disolverse. Yo siempre pensé que escribía respetando a mis personajes y la máxima de que todo personaje tiene que tener un buen final, cualquiera que sea, tanto trágico como benévolo. Cualquiera de los personajes que se vayan incorporando a la aventura. Y ésa creo que ha sido mi verdadera piedra mágica. En el caso de Rosalind Fox además se unió el hecho de que ella fuera un personaje real, y ahí me di cuenta de que una de las cosas que más disfruté en la vida fue leer biografías. Y siempre tuve clarísimo que esa biografía de Rosalind no era tal, sino más bien una novela sobre un personaje real, pero que evidentemente mi gran afición fueron las biografías, que se han colado en mi obra y por eso soy tan riguroso con todos los hechos y alusiones históricas por las que atraviesa el personaje y al mismo tiempo esas notas históricas no dejan de ser como un telón de fondo, aunque lo que importa realmente es la vida de Rosalind Fox.

El mercado literario se ha mercantilizado hasta límites extremos. Las promociones y campañas televisivas asfixian al escritor, lo convierten casi en una estrella de cine. ¿Estás de acuerdo con este star system de novelistas? ¿Te parece justo que otros buenos escritores queden olvidados, en la sombra?

Yo es que generalmente me siento cómodo siendo una estrella permanentemente, no sabría hacer otra cosa. Pero sí veo que la principal empresa cultural española es la editorial y tenemos que defender esta industria de cualquiera que sean los problemas por los que tiene que atravesar. Y si el escritor tiene que profesionalizarse pues aprendes a hacerlo, ¿por qué vas a decir que no lo quieres aprender? Lo encontraría un poco absurdo; yo estoy aprendiendo en esta promoción a decir lo que quiero decir y lo que tengo que decir, que no siempre es lo mismo…

Te lo preguntaba porque hay escritores que no se sienten cómodos con el mundo editorial y huyen de los focos como de la peste…

Es complicado, a mí me encantaría ser tan, tan, tan increíblemente literario que no tuviera que conceder entrevistas, y me encantaría heredar el mundo, pero desde luego no estoy en ese momento, sino más bien al principio de mi carrera literaria.

En las tertulias televisivas sigues de cerca los asuntos del corazón de los famosos. Dime una cosa, ¿no te aburren soberanamente o te siguen divirtiendo?

Bueno, es que realmente no dejan de dar sorpresas, el hecho de que Ortega Cano haya entrado en la cárcel y haya salido viéndose prácticamente como un joven hípster de California es apasionante…

¿Y cómo explicas ese fenómeno?

¡Sí, es cierto! ¿qué pasa en esa cárcel? Pero bueno, ahora la pregunta es cómo va a salir Pantoja, si va a salir delgada, más parecida a Ana Torroja, no sé, es increíble, es fascinante lo de las cárceles… ¿cómo será todo lo que pase en el Instituto Noos en el juicio? Es muy complicado decir en España que te aburres, porque es el único lugar en el mundo donde uno no se aburre. Yo sigo manteniendo esa excitación y esa fascinación por los famosos y la compartimos bien, tanto ella como yo, es decir, que no nos molestamos el uno al otro…

Pero es curioso esto de que la cárcel rejuvenezca y adelgace, sí, es cierto…

¡Es lo máximo, pero solo en España…!

Por ejemplo, ya que hablas de la Pantoja: nos retransmiten la última hora de cada minuto que pasa en la cárcel… ¿eres pantojista?

Me he dado cuenta de que cuanto más la criticas y atacas más crece el personaje, es lo grandioso de la Pantoja, sin duda, y está clarísimo que ese paso por la cárcel no es solo que la vaya a rejuvenecer, es que la va a refortalecer, absolutamente, le va a dar otros treinta años. Mucha gente se olvida de que llevamos más de treinta años conviviendo con Pantoja y viviendo con ella todas las cosas por las que ella ha pasado, que no son pocas ¿entiendes? ¡Es una persona que prácticamente le ha pasado de todo! ¡Y a nosotros con ella! Así que este paso por la cárcel es el germen de los próximos treinta años de Pantoja.

Un famoso que te resulta fascinante y otro absolutamente odioso…

Nunca he sabido hacer esas listas, soy fatal para algunas cosas y los rankings son una de ellas. De todas maneras la fascinación y el odio o el desprecio suelen ir bastante unidos en mi caso.

La corrupción lo ha ensuciado todo pero Rajoy parece que siempre mira hacia otro lado, como si la cosa no fuera con él, como si no tuviera ninguna responsabilidad en lo que ha sucedido… ¿Crees que esta desidia puede pasarle factura en las próximas elecciones?

A lo mejor es una estrategia de ellos para afianzar o mantener lo poquito de poder que le dejarán las futuras elecciones, pero creo que está clarísimo que durante un tiempo creíamos que la corrupción era impune y ahora nos estamos dando cuenta de que no solamente es impune sino que realmente destruye la sociedad, destruye los cimientos de esos partidos políticos tradicionales en los que ya no podemos creer de ninguna manera; ha surgido esa tercera posibilidad que es Podemos precisamente por eso, porque la gente ve en ese partido nuevo una manera de demostrar su indignación, su molestia, su hartazgo, su hastío de que se hayan permitido corromperse tanto, hasta el punto de que se ha puesto en jaque la propia existencia de esos partidos…

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¿Y de la infanta Cristina? ¿Crees que se implicó por amor a su marido o por amor al dinero?

La infanta Cristina es la protagonista de mi columna en El País, La paradoja y el estilo; siempre de alguna manera consigue colarse, como se cuela prácticamente en todas las noticias, pero yo no creo que ella le haga ningún favor a las mujeres manteniendo esa actitud de que no se enteraba de lo que estaba pasando en su casa. Es como si la mujer fuera una tonta; es imposible que sigamos poniendo y manteniendo ese tipo de ejemplos a las mujeres de hoy en día.

En cualquier caso es un melodrama aristocrático digno de una gran novela. La decadencia de la monarquía…

Sí, pero desde luego yo no sabría separar el cronista del escritor, del novelista en este caso. Hemos estado demasiado cerca de estos casos, pero sí que seguro que habrá alguien que lo podrá escribir y muy bien. Desde luego, sería una novela más galdosiana que Boris Izaguirre. Yo, de alguna manera, me adelanté a esto en Dos monstruos juntos, que es una novela sobre una pareja que se corrompe y que mezcla su éxito con la corrupción; es verdad que podrían parecerse a los duques de Palma, aunque también es cierto que son unos personajes de ficción.

¿Piensas que debería la infanta renunciar a sus derechos dinásticos?

¿Pero para qué? ¿qué importancia tiene? Si ella, por alguna razón fuera a reinar, tendría que morirse tanta gente, tendría que ser una tragedia shakespeariana de tal calibre, que yo creo que nos quedaríamos como aterrorizados. ¡Ya ha hecho suficiente daño, no podemos pedirle que haga más!

De Guindos nos ha dicho que los trabajadores ya no tienen miedo a perder sus puestos de trabajo. ¿Cómo lo ves tú, crees en esa España de color de rosa que nos quiere vender el Gobierno?

No entendí esa frase. ¿Qué quiso decir? ¿Era una amenaza para los funcionarios? ¿Y él mismo no es acaso un funcionario? Yo cuando la escuché pensé: ¿qué ha querido decir este señor? A mí me pasa mucho que de repente me hacen una pregunta y estoy pensando en otra cosa y se me confunde lo que voy a decir. A lo mejor él estaba pensando en otra cosa, no entiendo de verdad lo que quiso afirmar… En cualquier caso me dio la sensación de que si quiso decir lo que dijo estaba como escupiendo sobre su propio tejado, porque estaba metiéndose con el funcionariado siendo él uno de los más importantes funcionarios de este momento.

¿Te seduce el fenómeno Pablo Iglesias?

Me parece un personaje necesario. Este señor, con su agrupación, y en un determinado momento, ha hecho ver a los partidos políticos que realmente se han pasado de la raya y han terminado haciéndose daño a sí mismos. Yo le encuentro una gran madurez democrática; generalmente sucede que cuando alguien se pasa hay un derramamiento de sangre, pero aquí estos señores, en las elecciones europeas, hicieron perder votos importantes a ambos partidos mayoritarios. Un personaje más sano democráticamente, más maduro, más inteligente, imposible. Por eso me parece que es una persona necesaria para este momento histórico que estamos viviendo.

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¿Echas de menos tus tiempos de guionista de telenovelas?

Para nada, ahora escribo de otra manera, escribo una columna semanal en El País, que soy feliz haciéndola; es mi gran disciplina, y acabo de terminar una novela que me ha gustado mucho cómo me ha quedado, no puedo echar de menos escribir para otros, escribo para mis lectores, ésa ahora es mi ocupación principal; no sé si sabría volver a aquellos tiempos, desde luego no sabría dialogar de la misma manera dentro de ese género, y también ese género ha cambiado mucho, se ha hecho más moderno, yo creo que está todo bien como está…

¿Y te arrepientes de aquellos striptease en Crónicas Marcianas? ¿Por qué lo hacías, por rebeldía, por provocación, por levantar la audiencia o solo porque te apetecía?

Realmente lo hacía en un principio porque era muy apetecible subirse a aquella mesa, yo fui el primero que lo hizo, eso es verdad, pero es que la mesa te llamaba y te decía ¡súbete, súbete, súbete! En el escenario de televisión siempre tienes que hacer algo completamente inesperado. Y yo siempre he tenido una gran vocación para lo inesperado. Ahora, todo lo que sucedía después yo no lo podía controlar, yo no podía interferir en lo que los espectadores de Crónicas esperaban o no. Todo aquello no lo podía calibrar porque yo realmente lo que hacía y lo que hago es seguir mi impulso. Eso sí, siempre. Seguir mi impulso totalmente. Y unas veces funciona, otras no, pero claro, ese riesgo siempre hay que tomarlo.

¿No sería que bajarse los pantalones en público era una especie de terapia tuya contra la timidez? ¿Te consideras un tímido o más bien un lanzado?

No… Rosalind Fox era una mujer muy valiente, increíblemente valiente, y yo pienso que he sido valiente en algunas cosas. He sido valiente en abandonar mi país hace veintitrés años y mudarme a otro, he sido valiente en decirle a Rubén: tú eres el hombre de mi vida, antes de que él me lo dijera a mí. Son valentías que he asumido. Y pienso que ha habido timidez, pero hay momentos en que consigo refugiarme en mi timidez y salir por la puerta que me gusta salir, que generalmente no es la principal.

¿A qué temes más, al fracaso o a la fama descontrolada?

A ambas cosas yo creo, pero temería no conocer ninguna de las dos, sinceramente eso me parecería horrible, pero afortunadamente he conocido ambas.

Tu vestuario dandi me recuerda un tanto a Tom Wolfe. ¿Forma parte del personaje que todos nos creamos?

(Ríe) Le conocí hace unos años…

¿A Tom Wolfe?

Sí, y la verdad es que los dos nos miramos justamente lo que ambos llevábamos puesto. Yo lo hice medio entre risas, pero me temo que él también hizo lo mismo conmigo… Yo creo que es muy importante tu vestuario porque es una prolongación de ti mismo y cada vez más importante.

¿Cómo ves a Venezuela, últimamente se te ve muy involucrado por allí?

Bueno, precisamente por la enfermedad y la muerte de mi madre me he dado cuenta de lo complicado que es vivir allí y viajar hasta allí. Y lo complicado que es también mostrar lo que pasa dentro. Desde luego yo pienso que es un país que ha retrocedido cincuenta años, así como yo he crecido medio siglo este país ha retrocedido todo ese tiempo y ha vuelto a mi fecha de nacimiento. Y ni siquiera, porque cuando yo nací, Venezuela era un país que tenía una situación pujante, era como el timón de América del Sur ¿entiendes? Ahora lo ha sido también de alguna manera, porque no hay que olvidar que el chavismo se ha extendido por toda la región, pero es cierto que viajas a Venezuela y viajas a 1940 o 1950, no ves el 2015 por ninguna parte.

Maduro se refirió a ti últimamente en aquel célebre lapsus que tuvo al confundirte con otra persona. No parece que te tenga demasiada simpatía…

¡Se equivocó con mi nombre! ¡Fue el año que Maduro se equivocó con mi nombre y eso siempre se lo tendré que reconocer y agradecer!

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