Cine, Miquel Mora
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Cuéntame un cuento

Hollywood reinventa a Blancanieves, un clásico infantil que nunca pasa de moda y que ya tiene sus versiones made in Spain

 

Por Miquel Mora. Miércoles 7 de enero de 2015

Si hay algo que nunca pasa de moda son los cuentos de hadas. Todos hemos crecido con ellos, y que levante la mano quien no conozca múltiples versiones de cada historia que nos contaron de niños. El caso es que en los últimos años el cine parece haberlos redescubierto y se ha impuesto la moda de revisitarlos una vez más, eso sí, adaptándolos a los nuevos tiempos. La mayoría de estas renovadas lecturas comparten una serie de pautas, empezando por ser adaptaciones más adultas, aunque sin perder de vista al público más joven.

En el siguiente artículo me centraré solo en uno de estos cuentos, tal vez el más popular, el de Blancanieves, que posiblemente por ello es el que ha conocido más versiones en los últimos tiempos. En concreto vamos a empezar por las dos últimas adaptaciones realizadas por Hollywood, y seguiremos con dos versiones españolas, cada una con su sello propio, aunque dejemos claro que seguramente ninguna película superará a la ya clásica versión de Disney, un prodigio del cine de animación.

Hollywood ya nos tiene acostumbrados a que coincidan a la vez en cartelera dos versiones de la misma historia, y es que el espionaje industrial en los grandes estudios parece ir viento en popa. Así ocurrió con Blancanieves, eso sí, con dos adaptaciones bien distintas. Empezaremos con Blancanieves y la leyenda del cazador, que fue la que se llevó el gato al agua en la taquilla.

A diferencia de lo ocurrido con la posterior Maléfica, revisitación de La bella durmiente donde al menos en el aspecto formal se imitaba la versión animada de Disney, aquí tiraron de iconografía medieval, logrando un acabado más en la línea de El señor de los anillos, modelo de cuanto film de fantasía se ha rodado en los últimos años. Lo que sí comparten esta adaptación de Blancanieves y Maléfica es el dotar de mayor protagonismo a la mala de la función, y es que si antes era mala y ya está, ahora toca explicar sus motivaciones y darles mayor profundidad.

malefica

Así que en ambos casos se justifican, al menos hasta cierto punto, los malvados actos de las antagonistas, aunque a diferencia de Maléfica, aquí la protagonista sigue siendo una Blancanieves reconvertida en heroína de acción con el físico de Kristen Stewart, la protagonista de la saga Crepúsculo. Y otro que gana peso en el argumento es el cazador, tal como anuncia el título, con Chris Hemsworth que casi maneja el hacha como el martillo de Thor.

Como de lo que se trata es de imitar a El señor de los anillos y que la cosa resulte épica, Blancanieves acabará liderando a las tropas contra la reina mala tras un periplo de fantasía con los enanitos que resulta lo más flojo de una cinta que acaba siendo un quiero y no puedo, tirando de tópicos y que amenaza con secuela. Por cierto, a la hora de reinventar el espejito mágico, otro clásico de los últimos tiempos, aquí se recurre al efecto de plata líquida que popularizara Terminator 2 años ha.

Nada que ver, empezando por lo del espejo mágico, con la película que trató de competir, sin suerte, con el film que acabamos de comentar. Mirror, mirror (Espejito, espejito), era precisamente su título, y aquí la reina mala era capaz de atravesar el espejo y pasar a una isla donde en una habitación encontraba a su parlanchín reflejo.

Si Charlize Theron encabezaba el reparto de Blancanieves y la leyenda del cazador como la reina, aquí el mismo personaje recae en otra megaestrella hollywoodiense, Julia Roberts, en tanto que Blancanieves es encarnada por la joven Lily Collins. Aquí la apuesta del director Tarsem Singh, conocido por el barroquismo visual de obras como La celda, The fall o Immortals, es una visión más desenfadada del cuento, en clave de comedia, que también acaba a medio camino, demasiado infantil para el público adulto y demasiado adulta para el público infantil.

Mirror Mirror (4)

Suerte de vodevil, con la Roberts desatada en una caricatura de la madrastra y Nathan Lane como su lacayo-reinona (que precisamente desempeña el papel del cazador…), Mirror, mirror se desmarcó pues de la tendencia imperante de convertir cada cuento en un émulo de El señor de los anillos, y así le fue en la taquilla. Lo que sí mantuvo es la nueva tradición de convertir a los enanitos en bandoleros y a Blanca en su líder, nada que ver con la mina habitual. Eso sí, no tiene desperdicio el contagioso número musical que cierra la película, con el habitual manierismo visual de su director.

 Y si las dos últimas Blancanieves made in USA optaron por la épica y la comedia, ¿qué óptica eligieron las dos últimas versiones nacionales? Originalidad ante todo, la Blancanieves de Pablo Berger, sin perder en ningún momento el aura de cuento de hadas, se viste de grana y oro para ofrecernos a una Blanca torera rodeada de enanitos-bombero torero, en un arriesgado ejercicio de cine mudo en blanco y negro… que lo hubiera sido más de no haberse estrenado tras el éxito de The Artist.

Hablamos, sin duda, de la mejor de las cuatro versiones de las que nos ocupamos, en la que, como acabo de señalar, Berger demuestra cómo se puede cambiar el cuento de arriba abajo manteniendo toda la esencia. Y aunque aquí Blanca es más protagonista que en las cintas norteamericanas, una vez más la estrella, una magistral Maribel Verdú, se hace cargo de la madrastra, y la joven promesa, Macarena García, con una frescura desbordante, toma el papel de Blancanieves en un oscuro cuento que va adquiriendo tintes expresionistas a medida que avanza un film que, sin desvelar demasiado, no cae en el tradicional ‘fueron felices y comieron perdices’.

 Para encontrar la otra Blancanieves española hay que pasar a la televisión y a esa primera entrega de Cuéntame un cuento ofrecida por Antena 3, consistente en cinco tv movies que actualizan otros tantos cuentos de hadas, trayéndolos a nuestra época y con una visión, una vez más, adulta.

En el caso de Blancanieves, con Blanca Suárez, una de las jóvenes estrellas televisivas, en el rol protagonista, y Mar Saura en el de su madrastra, con algunos aciertos como convertir al padre de Blanca en el dueño de una empresa especializada en cosmética, a quien la madrastra asesina para quedarse con el imperio y perpetuar su belleza, asesorada por una suerte de secretaria que toma el puesto del espejo.

Blanca, a quien debe asesinar otro sicario, perderá la memoria siendo aún niña y será recogida, de nuevo, por un grupo de siete delincuentes a quienes ayudará en sus fechorías ya adolescente, para empezar a recordar al reencontrarse con su hermanastro, el hijo de la madrastra. Aquí se establecerá un triángulo amoroso que completa uno de los enanitos, pero la cosa, llevada sin demasiada gracia, acaba desembocando en un rocambolesco y deslavazado desenlace. Se agradece el intento por renovar la historia, pero en este caso con pobres resultados. Y lo peor, posiblemente, la voz en off que subraya los momentos claves de la historia, leyendo el cuento original, con el fin de hacer evidentes los parecidos entre ambas versiones para espectadores despistados.

 Ya que hablamos de televisión, no quiero cerrar el artículo sin hablar de la versión televisiva made in USA, en este caso no en forma de tv movie sino de serie de largo recorrido. Hablamos de Érase una vez, que ya va por su cuarta temporada y tiene buena parte de culpa en esta fiebre por revisitar los cuentos de hadas.

El serial nos traslada a Storybrook, que podría traducirse por ‘historia rota’, y es que aquí la madrastra de Blancanieves ha triunfado con un encantamiento que ha trasladado a todos los personajes de los cuentos a nuestro universo, situándolos en un pueblecito perdido de Norteamérica, aparentemente aislado, donde, salvo ella y el enigmático Rumpelstiltskin –uno de los personajes más atractivos de la serie, con un magistral Robert Carlyle- todos han olvidado quienes fueron.

erase una vez

La serie alterna los acontecimientos en el presente en Storybrook con los flashbacks en los que se van reescribiendo los cuentos y vamos viendo cómo se ha llegado al momento actual, tomando el modelo que instauró Perdidos. En lo referente a Blancanieves, que ocupa un rol central en el argumento, en el presente es una profesora de escuela primaria de lo más anodina, mientras en el pasado la veremos también convertirse en salteadora de caminos, aunque en este caso los enanitos sí continúan siendo mineros.

Aunque la serie se va dispersando y estirando como el chicle, en algunos casos se aprovechan las posibilidades de desarrollar a fondo los personajes al disponer de muchísimo más metraje que una película, en este caso profundizando en las relaciones entre Blanca y la madrastra, convertida ahora en alcaldesa de Storybrook y el personaje más interesante y complejo de la serie junto con Rumpelstiltskin.

Érase una vez arranca además con la llegada a Storybrook de la hija de Blanca, que siendo bebé fue enviada a nuestro mundo para salvarla del encantamiento, y ahora, ya adulta, es la única esperanza de romperlo. Para ello deberá reencontrar al hijo que dio en adopción, y que, ¿casualidades? de la vida, es ahora el hijo adoptivo de la madrastra.

Tendremos pues, tiempo al tiempo, una Blancanieves adulta con hija y nieto, pero lo mejor llegará en la segunda temporada, en la que mientras la madrastra trata de rehabilitarse, y no será nada fácil, la propia Blanca descubrirá su lado más oscuro. Y es que, como dijimos, en televisión los personajes lo tienen más fácil para evolucionar.

 Por último, no quiero dejar de mencionar mi versión favorita de Blancanieves de los últimos tiempos. La encontramos en el cómic Fábulas, uno de los mayores éxitos del momento en este medio, y sin el cual seguramente no existiría Érase una vez. Aquí también todos los personajes de cuento viven en la misma calle, en este caso un barrio residencial de Nueva York, aunque sí saben quiénes son. De hecho, han llegado aquí huyendo de un misterioso adversario que ha conquistado sus tierras natales. Su autor, Bill Willingham, también hace interactuar a los personajes de cuentos dispares a su antojo, aunque por lo general con mejores resultados que en Érase una vez, donde acabaron convirtiendo al genio de la lámpara de Aladino en el espejo de la madrastra…

En este caso Blanca es la mano derecha del alcalde, en realidad quien se ocupa de que la comunidad de fábulas funcione a la perfección, auxiliada por un lobo feroz que, a modo de Philip Marlowe con el aspecto de Lobezno, desempeña el cargo de jefe de policía o sheriff. Resuelta y con las ideas muy claras, la relación amorosa entre Blanca y Lobo es uno de los golpes de efecto de esta versión.

Y es que parece que por mucho que crezcamos, los cuentos de hadas nos seguirán acompañando.

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