Alaminos, Carmen Fernández, Humor Gráfico, Número 22, Opinión
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Coplilla al duque imputado

Por Carmen Fernández / Ilustración Jorge Alaminos

Yo que nunca sé callar y larga tengo la lengua

a todos quiero contar, la historia de un duque empalmado

que andaba todo colorado porque lo iban a entrullar.

Ganábase el pan el zagal jugando con una pelota,

conoció a infanta de España y ya no sudó ni una gota.

Conferenciante y tunante enredos iba tejiendo,

politiquillos bordando y su patrimonio creciendo.

Largo era de estatura pero corto de vergüenza

y proclamaba su inocencia entre toda la magistratura.

Más rubio que  las pajas (de un pajar),

y más pálido que cera en un altar

nunca tuvo rubor al robar a ancianos, pobres o niños,

iba haciéndose guiños con los capos del lugar.

Y puestos a malversar, todo presuntamente,

mejor los caudales de gente

que a Robin Hood le fue mal,

no tenía que pagar un palacete en Pedralbes

ni clases particulares de salsa, rumba o de jazz.

La infanta a la que desposó, grande de España sería

mas corto el entendimiento tenía

y  no le consta qué firmó cuanto documento vio

de manos de su rubio Cupido,

que  la prosa hermosa es la del amor y no el texto administrativo,

que eso da mucho sopor y es mucho mejor el olvido.

Estas rimas simplonas pretenden homenajear a los pliegos de cordel o cantares de ciego que iban arrastrando los viejos trovadores por caminos, fondas y pueblos desde el Siglo de Oro. De poca o nula calidad literaria, eran sin embargo el único contacto que tenían con el mundo muchos lugares remotos y se esperaba con impaciencia la llegada de estos ciegos cantores con sus noticias y sucesos.

Carmen Fernández

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Jorge Alaminos

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