Ecto Plasta, Humor Gráfico, LaRataGris, Número 23, Opinión
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Charlie Hebdo: Preguntas sin respuestas

Por Ecto Plasta / Ilustración: LaRataGris

Supongo que le pasará a todo el mundo, o por lo menos a la gran mayoría, cuando sucede un atentado de las características del ocurrido recientemente en la revista Charlie Hebdo en París. Pasado el susto inicial se inicia un proceso, un intento de comprensión lleno de preguntas de difícil respuesta. Las incógnitas se amontonan en la cabeza, pero la solución permanece en las sombras.

El interrogante primero, el principal, siempre es: ¿cómo puede evitarse algo así? A partir de ahí una cascada de dudas surge de manera automática. Lo primero que se le ocurre a uno es pensar que quizá la sátira sin medida debería evitarse, al fin y al cabo somos absurdamente correctos para algunas cuestiones y tremendamente brutales para otras. Pero, ¿quién pone la barrera? ¿dónde está el límite? No parece razonable que en una sociedad libre, el uso del humor pueda tener algún tipo de limitación. Estas publicaciones se convierten en pequeños reductos dónde todo parece posible y la frontera debe ser puesta por el autor. Con todo, siempre hay censuras (al menos en España) y si no que se lo pregunten a los trabajadores de “El Jueves” con la monarquía, talón de Aquiles particular del semanario. ¿Debería ser Alá intocable? No suena lógico hacer excepciones cuando se habla de satirizar. O todo puede ser objeto de crítica o nada puede serlo.

Llegados a este punto del razonamiento las cosas se complican, pues parece que no tocando ciertos temas algunas cosas serían evitables. Sin embargo esto es falso, en el caso del terrorismo (lo sabemos por experiencia) cualquier otra cosa hubiese servido para atentar contra víctimas inocentes, para poner una bomba o para secuestrar y decapitar a cualquiera que sea contrario a cierta forma de pensamiento.

El problema parece no tener solución, los terroristas siempre tienen una razón, siempre encuentran una ofensa con la que justificar sus actos. Lo peor es que tal parece que jugamos en un mismo tablero, pero con reglas diferentes. Para ellos todo vale, el fin justifica los medios. En nuestro caso somos más cautos o eso quiero pensar.

Puestos a ser prácticos en esos momentos de enajenación, de shock ante el atentado, le apetece a uno ser norteamericano. Siempre parece que tienen las cosas muy claras cuando se trata de este tipo de ataques, responden con brutalidad y no dejan escapar a la presa hasta que consiguen abatirla. Es como una especie de pensamiento binario: o conmigo, o contra mí. Facilita mucho la vida.

¿Es esto correcto? No lo parece, más bien todo lo contrario. Actuaciones de este tipo son la que crean conflictos eternos e irresolubles.

¿Cómo se puede entonces atajar este tipo de atentados? Volvemos de nuevo al punto de partida. En Europa (también en EE.UU) los políticos aprovechan para crear leyes que limitan nuestras libertades, nuestra privacidad, pero que, realmente, son poco eficaces contra el terrorismo. En un mundo conectado a través de internet siempre hay una manera de mandar mensajes sin ser detectados, siempre hay una manera de reclutar a futuros asesinos y lo que es peor, siempre hay quien está dispuesto a matar escudado en alguna ideología de tipo político o religioso.

No somos nuevos en esto, Europa tiene sus particulares fantasmas autóctonos, de cosecha propia y no tan lejanos. Quizá nos hace falta cierta unidad. Mientras en EE.UU. recurren al patriotismo para unir sus grandes diferencias, en Europa se recurre a ese patriotismo, convertido en nacionalismo, para profundizar en ellas. Aumenta la xenofobia, se crean partidos de corte fascista que reciben miles de votos en las elecciones y que no hacen otra cosa que alentar al enfrentamiento.

Quizá sea eso lo que buscan los terroristas, sembrar tanto miedo que la creación de leyes que nos priven de libertades sea aceptado como un mal necesario. Crear un caldo de cultivo de odio que justifique sus actos. O quizá simplemente sean (como dice Javier Marías en este artículo) gente a la que le gusta matar y que es tan cobarde que necesita justificar el daño que hace con alguna elevada causa.

Ecto Plasta

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LaRataGris

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