Artsenal, Humor Gráfico, Número 22, Opinión, Xavier Latorre
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Barón dandy

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

El mundo es muy injusto, qué quieren que les diga. España está plagada de duques de Palma por todas partes. Y muchas de esas réplicas son mucho peores que los parientes del Rey. El pobre Undargarin está pagando por muchos de ellos. La mayoría de sus compañeros de profesión están en su casa a salvo viendo cómo lo empaqueta un tenaz juez. En cada autonomía, en cada municipio había un pequeño Iñaki sableando las arcas públicas, sobando el ego del poderoso con mano diestra. Con la crisis han bajado las tarifas y se ha reducido el número de asesores de humo, pero España entera estaba sembrada de listos que negociaban con un alcalde o un presidente de la Diputación un evento fatuo. Se trataba de recoger una idea peregrina como hacer un gimnasio en la ermita de la patrona, poner semáforos para subir al Calvario o construir una carretera nueva donde nadie va jamás… Posteriormente había que preparar unos paneles, un power point, un folleto explicativo, unos DVD y unos llaveros de regalo. También había que ser prevenido y contratar una carpa para no quedar a la intemperie, una moqueta de usar y tirar, unas azafatas monas, unos canapés ricos –mejor calientes, recién hechos–, un charlatán de relumbrón, un discurso potable al más tonto del lugar y con todo ello te sacaban por la puerta grande y te embolsabas la pasta gansa que querías: pagaba el ciudadano. Se me olvidaba el requisito fundamental: tres o cuatro periodistas para decorar el festival y uno en la recámara que redactaría la nota de prensa pertinente sí o sí. De tipejos así la escena pública española estaba a rebosar. Hacer de Undargarin era una profesión rentable, sencilla y hueca. Sin ensuciarte apenas podías juntar un capitalito. El duque consorte era el más cortito de su promoción porque encima de no pagar el IVA lo sacaba crudo del país.

El pobre cuñado de Felipe VI ha pagado por todos. ¡No hay derecho! Todos los fiestorros absurdos que congregaban a políticos secundarios aburridos con su flotilla de coches oficiales y a figurantes reclutados en los pueblos de alrededor se han ido al carajo. El que fuera internacional de la selección de balonmano ha arruinado al sector de esos avispados bribones colegas suyos. Era el que tenía más empaque, más títulos nobiliarios de verdad, más rancio linaje y mejor presencia de todos por lo que daba el pego a las chorradas que iba montando. Otros solo tenían morro, mucho morro. Y esos son los que se han salvado. Han logrado reciclarse en otras cosas como montar belenes vivientes, llevar a cabo festivales de cine de fauna salvaje o preparar una ruta de tapas que gira en torno al pepinillo como ingrediente básico.

Listos de estos que saben untar el ego del político de turno siempre existirán, pero Iñaki les ha asestado un golpe mortal. Ahora Louis Vuitton se lo pensará dos veces antes de montar una pasarela en la plaza del Ayuntamiento de Valencia para presentar las últimas novedades de bolsos de mujer; el Cabildo canario rechazará actores con antecedentes extremeños para encarnar sus campañas de promoción turística; el presidente gallego sólo subirá a bordo de barcas de pesca destartaladas y con marineros que ni siquiera fumen tabaco; los Pujol esquiarán en los Pirineos aragoneses –que también es el extranjero para ellos– pero donde pasarán más desapercibidos que en Andorra. Ahora los “Undargarines” de turno deben camuflarse mejor para tirar de presupuesto público; deben pasar facturas más detalladas y con el caché de los conferenciantes sin inflar. El marido de Doña Cristina de Borbón ha puesto patas para arriba el negocio. Lo ha reconvertido por completo.

Desde lo suyo con el juez Castro nadie promete primeros espadas entre los asistentes, los canapés son fríos y con la base de pan Bimbo, las azafatas alargan sus faldas y el folleto está editado en blanco y negro. Por su culpa se gana mucho menos. ¿A quién se le ocurre hacer negocios con un alto cargo mallorquín bocazas y que sufre de incontinencia verbal? ¿Quién en su sano juicio cierra negocios en tierra corrupta como es la valenciana? Este Undargarin era demasiado osado. Trabajaba en territorios sometidos al expolio masivo. Un atrevido. Primero fue Mario Conde y ahora éste. La profesión de duque ha quedado tocada para siempre. Nos tendremos que conformar con un “Barón” dandy y embaucador de segunda mano para los actos de la campaña electoral que se avecina. ¡Que remedio!

Xavier Latorre

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Artsenal

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