Ecto Plasta, Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 22, Opinión
Deje un comentario

Avaricia

Por Ecto Plasta / Viñeta: Luis Sánchez

Tomás de Aquino definió Pecado Capital de la siguiente manera:

Un vicio capital es aquel que tiene un fin excesivamente deseable, de manera tal que en su deseo, un hombre comete muchos pecados, todos los cuales se dice son originados en aquel vicio como su fuente principal. […] Los pecados o vicios capitales son aquellos a los que la naturaleza humana está principalmente inclinada.

No me atrevería a decir cuál de los pecados capitales es el peor de todos, pero sí creo tener claro que algunos de ellos, como ocurre con la avaricia, son menos perdonables en según qué casos. Supongo que es cierto que una persona pobre poca avaricia puede tener, pues por mucho que desee poseer y acumular se quedará muy lejos de lo que convierte este deseo en vicio y mucho menos en enfermedad; hablaríamos seguramente de ambición. Si nos atenemos a esta reflexión parece que, al contrario de lo que en un principio podríamos pensar, es el que más posee el que más posibilidades tiene de resultar avaricioso en el sentido más enfermizo de la palabra.

Se hace difícil concebir que una persona que lo tiene todo pueda meterse en oscuros negocios para poseer más. Sería imaginable, quizá, del que empieza desde abajo, desde cero. El mafioso, político, constructor que crece, el traficante que acaba convirtiéndose en un gran narco de la droga y que no es capaz de parar y retirarse a tiempo. Acaso siga traficando por lo que pudiera ocurrir si lo dejase. Algún tipo de represalia que lo ate a su puesto y le haga seguir. En otros casos, como el de Iñaki Urdangarin, se hace prácticamente imposible de entender. Una persona que parte de un estatus más que razonable, ¿acaso ser noble no es a lo que siempre quisieron llegar las grandes fortunas, los nuevos ricos? ¿Una manera de hacer respetable un apellido? ¿una manera de triunfar en la sociedad?

Parece que todo esto es cosa del pasado y hoy en día lo que otorga un nombre es la cantidad de patrimonio y cuentas en Suiza con dinero negro que uno tenga. La reputación y el buen nombre poco importan, pasa en las mejores familias y no es una manera de hablar.

El dinero y el poder del que dota ha llegado a cegarnos y la acumulación de bienes es una nueva religión que compite con las más radicales (estos días lo hemos vuelto a sufrir de mano de los radicales islamistas que no dudaron en atentar contra la revista Charlie Hebdo en nombre de Alá).

Urdangarin nos ha demostrado, de manera ejemplar, lo que la palabra avaricia significa. Una persona que no necesitaba mover un dedo para vivir muy por encima de la media, ha hecho todo lo posible para ganar mucho más sin importarle las consecuencias, quizá se sabía o se creía intocable.

Nunca sabremos, mejor dicho, nunca se demostrará, ni se intentará demostrar, la implicación o la permivisidad de un Rey y de unos políticos cómplices. Ni de una mujer, infanta, hasta hace bien poco, que ciega de amor desconocía las actividades de su marido y que nunca se preguntó de dónde salía el dinero y el patrimonio que iban adquiriendo. Es posible que pensase que todo lo que sucedía era cosa normal, perteneciendo como lo hacían a la nobleza.

Poco importa ya lo que les ocurra, ya no pertenecen a la Familia Real, borrados de la existencia monárquica y abdicado el Rey Padre todo parece cosa de un borroso pasado, una travesura de unos empresarios alocados que jugaban a ser Bonnie & Clyde.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *