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Hoy todos somos parisinos

Ilustración de L’Avi

Ilustraciones de L’Avi y J.L Castro Lombilla. Miércoles, 7 de enero de 2015

Editorial

Editorial

El mundo ha vuelto a sufrir el azote de la barbarie yihadista. La masacre perpetrada en París por tres fundamentalistas islámicos sobrecoge por su crueldad y su falta de humanidad. Esta vez el objetivo de los terroristas fue la libertad de expresión y de prensa encarnada en la revista satírica Charlie Hebdo, autora de las últimas caricaturas sobre Mahoma. Los tres activistas, sin duda profesionales armados con fusiles de asalto, irrumpieron en la sede de la publicación y acribillaron a bocajarro a los periodistas sin que les temblara mínimamente el pulso, lo que da una idea del grado de salvajismo y degradación al pueden llegar los fanáticos islamistas. El resultado: doce personas vilmente asesinadas, entre ellos el director de la revista, quien en una demostración de valentía y profesionalidad que conmueve había hecho caso omiso a las amenazas talibanes semanas atrás y, sin dejarse amedrentar, llegó a tildar a los fundamentalistas de simples “analfabetos”. La Revista Gurb, una publicación que como Charlie Hebdo hace de la sana sátira, el pluralismo informativo y la libertad de expresión sus señas de identidad, tenía previsto dedicar su editorial del próximo número a los problemas judiciales de la Infanta Cristina y su marido, Iñaki Urdangarín. Sin embargo, la brutalidad del atentado de París se ha cruzado en nuestro camino y no podemos permanecer ni impasibles ni en silencio. Los periodistas, escritores, humoristas gráficos y fotoperiodistas que cada quince días trabajan en los monográficos de actualidad del magacín Gurb, quieren expresar su más enérgica y rotunda condena ante un atentado absurdo obra sin duda de enloquecidas alimañas que hace tiempo perdieron la condición de seres humanos. También queremos mostrar nuestra solidaridad con las familias de los fallecidos. La amenaza yihadista es inminente y es real, eso lo sabemos bien en España desde aquella fatídica mañana del 11M de 2004, en la Estación de Atocha de Madrid, donde doscientas personas fueron brutalmente masacradas por las bombas de los fanáticos en los trenes de la muerte. Nueva York, Londres, Boston y otras ciudades del mundo ya saben lo que es sufrir el zarpazo de esta peste que sin saber cómo ni por qué nos llega de pronto desde Oriente como un nuevo jinete del apocalipsis. Hoy, esta negra y macabra ruleta se ha detenido en París, la ciudad de las luces y las ideas, el corazón de la civilización occidental, la cuna de la Ilustración donde el ser humano rompió para siempre con el yugo de la superstición y la injusticia, ensalzando valores dignos como el de la libertad, la igualdad y la fraternidad. Los fanáticos sabían que atentando en París, en las entrañas mismas de la vieja Europa, enviaban un mensaje muy claro a los ciudadanos de todos los países occidentales: si no nos plegamos al oscurantismo teocrático, a la religión más enfermiza y abyecta, al fascismo de la creencia única, a la esclavitud medieval y a su descerebrada sinrazón que aplasta el progreso cultural, técnico y científico, así como las ideas humanistas y el pensamiento libre, no podemos esperar otra cosa que nuevos atentados, más sangre, más dolor y más muerte. Pues desde aquí queremos decirles con rotundidad a los asesinos que no conseguirán que renunciemos a nuestro modo de vida, que no conseguirán doblegar todo lo bueno que ha logrado Occidente en los últimos trescientos años de Historia, desde que los librepensadores colocaron al hombre por encima de la superchería. Ellos tienen fe ciega en su Alá despiadado y sanguinario, pero nosotros confiamos aún más ciegamente en el poder de los buenos valores, como la defensa de la vida, la inteligencia y el amor.

J. L Castro Lombilla

J. L Castro Lombilla

Todos esos principios que la religión musulmana defendió en su día, hace siglos, y le llevó a su época de mayor prosperidad y esplendor. Hoy el camino que los talibanes quieren imponernos no es otro que el de la miseria, el terror y la esclavitud bajo el yugo de sus ideas fascistas de corte religiosas. Europa ya vivió tiempos de oscuridad cuando otro loco iluminado llamado Hitler quiso reducir nuestra civilización a escombros. Finalmente, el fanático perdió la batalla como la perderán también los talibanes. París se blinda mientras cientos de policías despliegan una operación jaula sin precedentes en la capital francesa para tratar de localizar a los tres asesinos mientras los ciudadanos lloran por las víctimas y se suceden manifestaciones de repulsa por todo el mundo. No es momento ahora de entrar a analizar si las caricaturas publicadas por Charlie Hebdo fueron más o menos respetuosas o más o menos hirientes con la fe de los creyentes musulmanes. Es momento de que todo el mundo libre, desde Estados Unidos a Australia, desde Finlandia a Sudáfrica, se mantenga unido en su lucha contra un grupo de exterminadores, similares a aquellos carniceros de Auschwitz, que se ha propuesto liquidar al hombre y disolverlo en la locura de un ser supremo y divino tan enloquecido como ellos mismos. Es momento de incrementar la colaboración antiterrorista. Y es momento también de no dejarse llevar por la xenofobia y mantener la calma, diferenciando lo que es el islamista radical del musulmán de buena fe. “Estamos amenazados porque somos un país libre”, ha dicho el presidente francés François Hollande. Todos los países libres deben sentirse amenazados y concernidos por esta lucha. No debemos caer en el error de pensar que el atentado es un problema exclusivo del país donde se produce. Hoy ha sido París, mañana puede ser Roma, Lisboa, Londres, Madrid o Barcelona. España, como país que ha sufrido el terror islamista, sabrá estar junto a Francia en estos duros momentos, como Francia estuvo con nosotros cuando la necesitamos. Juntos todos los países europeos y occidentales, enarbolando nuestras nobles ideas como nuestras mejores armas, conseguiremos derrotar a los fanáticos. Juntos, podemos.

L'Avi

L’Avi

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

3 Kommentare

  1. Fran dicen

    Echo de menos en un editorial un análisis más sereno, que aporte razonamientos no basados en el desprecio a Oriente. Los terroristas son los únicos culpables de los atentados de París. No creo que Occidente y Francia tengan valores superiores que debamos defender, pues el colonialismo ha marcado a Oriente Medio. Son los Derechos Humanos los que hay que defender, no sólo para nosotros, sino para toda la Humanidad. En este texto se ofende al Islam cuando se escribe lo siguiente: “su Alá despiadado y sanguinario (…) un ser supremo tan enloquecido como ellos mismos”.
    Es un asunto de política, no de religión. Y no sólo ha sufrido Madrid o París, también ha sufrido Bombay, Nairobi o Damasco.
    El objetivo verdadero de Al Qaeda no son los dibujantes, sino alimentar la islamofobia. No caigamos en su trampa.

  2. Aún sigo horrorizado y desalentado por lo ocurrido ayer y, es más, me atrevo a decir que esos asesinos no saben ni siquiera que es ser musulmán. Los verdaderos musulmanes deberían levantarse en contra de los que matan en su nombre. Magnífico artículo. Estupendas viñetas. Un fuerte abrazo.

  3. el periodimo es el grito mas grande libre que tenemos los que somos invisibles es lamentable y triste que este amenazado
    el periodismos es valiente y nunca nunca va a callor
    los que atentan contra el peridimos
    tinen el fracaso asegurado
    mis felicitaciones a dodos los periodistas del mundo

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