Gil-Manuel Hernández, Número 23, Opinión
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Ante el sacrificio

Por Gil Manuel-Hernández Martí / Ilustración: Jorge Alaminos

Ha bastado con que el gobierno griego anunciara elecciones anticipadas para que las principales instituciones de la Unión Europea, como buenas portadoras de los intereses de los “mercados”, hayan amenazado a los ciudadanos griegos con el apocalipsis económico –salida del euro, fuga de capitales, bancarrota financiera e implosión estatal– si se les ocurría votar mayoritariamente a la formación izquierdista Siryza.

Un aviso para navegantes por si acaso en España a las buenas gentes se les ocurre votar a fuerzas como Podemos o a otras que sean percibidas por los que mandan como “izquierda radical”. La cosa no es ninguna broma ni un burdo farol. La amenaza es seria y cuenta para ser aplicada con la complicidad y beligerancia de una serie de fuerzas políticas locales alineadas con el neoliberalismo global, fuerzas que en cada país del sur europeo harán lo imposible para impedir que ganen los que no deben. Por ello se debería ir pensando en que, si llega el caso de que los ejecutores se dispongan a ahogar definitivamente a la democracia, se abriría un escenario en el que se jugaría el todo o nada, dadas las formas de gangsterismo organizado que se gasta el gran capital.

Dicho de otro modo, ¿estaría dispuesta la misma ciudadanía que apoye un cambio contra la tecnocracia autoritaria a soportar las consecuencias de dicha heroicidad? Porque las cosas se pondrán muy mal si a los que tienen la sartén por el mango se les ocurre, como sin duda se les ocurrirá, dar un escarmiento ejemplar a los que han osado desafiar su poder. Tienen mecanismos de sobra para hacer colapsar un país “rebelde” y poner a su población bajo el yugo vergonzante del aislamiento internacional y la criminalización de sus nuevos líderes. Lo hemos visto antes y lo volveremos a ver. Y en ese caso, ¿qué harán los ciudadanos si de repente se producen “corralitos” inducidos desde afuera, si el combustible se pone por las nubes, si se encarecen las importaciones, si el dinero deja de valer lo que vale y el Estado se ve impotente para mantener dignamente sus administraciones? ¿Lucharán por sus libertades? ¿soportarán una austeridad brutal y posiblemente tiempos de escasez? ¿renunciarán a lo que todavía disfrutan, los que lo disfrutan? ¿serán verdaderamente solidarios y mirarán por el bien común? O a las primeras de cambio se dirán que más vale malo conocido que la incertidumbre y el dolor que comporta plantar cara a los mercados y sus extensiones políticas? ¿Soportarán verdaderamente tanto sufrimiento? ¿Se comprometerán con el sacrificio que exige mantener cierta soberanía y respetar la democracia? Demasiadas preguntas sin una respuesta previsible.

Y es que estamos en el umbral de un cataclismo social que no por anunciado deja de ser menos dramático: la definitiva voladura de las formalidades democráticas que todavía quedaban en pie en el viejo continente. Teóricamente las elecciones sirven todavía para poner y quitar gobiernos, e incluso para poner gobiernos capaces de emprender transformaciones verdaderamente progresistas. Además, la indignación masiva que ha causado la crisis ha incrementado la necesidad de más democracia y la reivindicación de una mayor participación ciudadana en los asuntos públicos. Sin embargo, la deriva del neoliberalismo salvaje apunta justo en la dirección contraria, y empieza a llegar el tiempo en que se se van a caer todas las caretas de conveniencia con que se disfraza el autoritarismo de los mercados para mostrar su faz más depredadora, atroz e implacable. Su mensaje está meridianamente claro: la democracia es lo que nosotros permitimos que sea la democracia. Frente a ello no quedan demasiadas opciones: o resignación o resistencia. La primera conduce a un totalitarismo de facto. La segunda al sacrificio para intentar salvar lo que se pueda de la mejor tradición democrática occidental. Está por ver si optamos por defender valientemente nuestra condición de ciudadanos o preferimos, resignados y derrotados, volver a ser súbditos.

Gil-Manuel Hernández

Gil-Manuel Hernández

Jorge Alaminos

Jorge Alaminos

 

2 Kommentare

  1. Eugenia Pérez dicen

    Qué puedo pensar si no publican ideas opuestas a sus ideas? Oxigenar la ideologia ayuda a avanzar!

  2. Eugenia Pérez dicen

    Los mercados se parecen a quienes los crearon …las personas. Su capacidad de autoregulacion es confiable y sucede cuando la sociedad en que se desarrollan es madura, seria y responsable. Division de poderes, libertad y defensa nacional. Intercambio e investigacion

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