Número 20, Opinión, Tonino Guitián
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Una herencia en forma de círculo

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

Negar lo que es y decir lo que no es es la definición del acto de mentir; pero de algunas personas cuya valía aún no conocemos sólo podemos decir lo que no son, sin negarles poder demostrar algún día lo que son. Por ejemplo, de Pablo Iglesias se puede decir que no es José Mujica. No le he escuchado aún hablar de lo que significa la vida, sino de lo que significan las cosas. No habla de los fantasmas personales que enfrentamos en este siglo: habla con palabras que parecen prestadas para el mismo discurso de término medio que hemos escuchado siempre, aunque hay que reconocer que el discurso es variado y oportuno. Llega en el momento preciso para ser escuchado y para ser votado más que ningún otro. Cualquier cosa que no sean los dos partidos eternos va a arrasar en las municipales. Y si el discurso promete la felicidad y barrer la basura que hemos estado oliendo bajo nuestras narices, hasta olvidaremos que el discurso es oportunista.

Ojalá me entusiasmara hasta el punto de creer ciegamente como tantos de mis amigos con los que no puedo discutir de política desde que entraron en la fe de Podemos, pero es que desde Adolfo Suarez nunca he creído a los partidos personalistas que sacan a un candidato reluciente y carismático, ese señor que lo hace todo en la formación. Porque si algo sí me ha quedado claro es que el partido ES Pablo Iglesias, hasta el extremo de que tengo miedo de que él lea mi artículo y me borre personalmente de su lista de posibles elegidos como ministro. Si alguno de los otros que participan en la marca Podemos tuviera que tomar su lugar, Podemos dejaría de existir. También ocurrió con el PSOE, que se convirtió en un sucedáneo desde que Felipe dejó de aparecer, o con el PP de Aznar, desde que se supo qué había realmente dentro de ese cabezón repeinado.

Lo que más define a Pablo Iglesias son sus antagonistas. Parece que todos coinciden en ayudarle a cobrar popularidad. ¿Puede haber algo más obvio que un político del PP o del PSOE reprochándole que sea “utópico” o “poco serio”? (“¿Alguien confía en ellos? Ya tenemos bastante con lo que tenemos”, declaró el representante de los profesionales siempre mudos en cuestiones de política, el futbolista valenciano Roberto Soldado). Rosa Díez le reprocha haber dirigido contra ella hace años un escrache que atentó, de manera antidemocrática, contra su libertad de expresión. Díez deja de lado que quien más atenta contra la libertad de expresión hoy en día en este país es nuestra propia democracia que permite una ley que penaliza cualquier manifestación política, especialmente los escraches, claro. A todos los políticos que en nuestra democracia han sido, en general, les molesta que Pablo Iglesias señale con el dedo a un sistema podrido y desbordado de mierda por todos lados. Le consideran un neófito que poco tiene que aportar, piensan que le tumbarán las necesidades reales del mercado y de los empresarios, bajo cuyo rodillo se ha gobernado en España desde que dejaron de hacerlo los militares. Del otro poder, el de la Iglesia, no sabemos mucho. Pablo ha dicho que le encantaría conocer al Papa porque seguro que iban a coincidir en las mismas cosas que Jesucristo y Marx, pero aún no sé si va a tomar alguna medida para que los obispos, también competidores con él en cuestiones de opinión, entreguen sus prebendas y privilegios al pueblo.

Yo también he compartido muchas veces el sueño fácil de los taxistas de “si yo fuera presidente lo arreglaba todo en dos patadas”, pero tengo familia y eso te abre los ojos a las dificultades del consenso o a creer en cosas bonitas y buenas porque al final lo que importa es cobrar tu parte de la herencia. Y no sé si faltan los nacionalistas por echarle piedras o todavía no es el momento de que salgan a escena.

Los que ven en Pablo Iglesias un problema parecen creer firmemente en el sistema democrático creado en España. Ese es el verdadero problema: si existe Pablo Iglesias es porque este país ha permitido que sus líderes puedan ser como él y votados popularmente para gobernar. Iglesias no es más que cualquier otro candidato y se le definirá de mil formas hasta que no conozcamos cómo se enfrenta a un problema real. Por ahora yo sólo puedo definirlo por lo que no es; no es Mujica, no es mujer, no es calvo, no es viejo, no es de derechas, no es de izquierdas, no es humilde y aunque sabe lo que es un círculo, ignora cómo se comporta sometido a diversas presiones en un país tan brutalmente triangular como es España.

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Joaquín Aldeguer

Joaquín Aldeguer

2 Kommentare

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  2. guillermo dicen

    Pensaba que eras un poco autentico..Lastima me da tu comentario…No te excuses en tus hijos…No los mezcles..
    Quiero pensar que lo que vomitas resulta de que tus quince minutos de fama se fueron
    Agur

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