Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 21, Opinión
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Su Navidad, gracias

Por Lidia Sanchis /  Viñeta: L’Avi

No sé si se habrán detenido a pensar alguna vez de qué viven las personas que no trabajan en nada, en cómo puede ese país invisible poner el puchero en el fuego, comprar medicinas o pagar los libros y los regalos de Navidad de sus hijos. Esta reflexión me asalta a menudo sobre todo cuando voy al supermercado un martes cualquiera y escucho una de esas típicas conversaciones entre cajera y clienta:

―¡Pero si van a recoger la comida al centro asistencial con unos cochazos…!
―A ellos les dan las lentejas gratis y yo lo tengo que pagar todo.
―¡No hay derecho a que les den tantas cosas a esos!

Es un argumento ad nauseam, tan repetido que a veces hasta los más sensatos se sorprenden a sí mismos asintiendo con la cabeza cuando lo escuchan.

Hay personas que, aunque ustedes no se lo crean, tienen nada. Y hay otras que, aunque a ustedes les resulte increíble de concebir, son nada. Para que comprendan de qué estoy hablando les voy a contar el caso de Aurora Sales. Es una trabajadora del sector del calzado en un pueblo de la provincia de Alicante. De los doce años que lleva en el sector sólo poco más de tres ha tenido un contrato. Es decir, durante casi nueve años su empresa se ha ahorrado los costes de la Seguridad Social y demás contingentes. Aurora cuenta que su caso no es, ni mucho menos, único. Dice que los sindicatos calculan que ciento diez mil personas trabajan en esta economía sumergida, tan lucrativa para los empresarios. Argumenta que ella se ha atrevido a denunciar y ha sido despedida por ello, es decir, por exigir un contrato. Asegura que la empresa ha amenazado a sus compañeras (son las mujeres quienes casi siempre sufren este tipo de esclavitud laboral) con correr la misma suerte si protestan o declaran en favor de Aurora. Y por si todo esto no les parece lo suficientemente abominable les diré (y esto no me lo ha contado Aurora, sino que lo intuyo yo) que algunas (muchas) de sus compañeras le habrán conminado a desistir en su denuncia porque necesitan ese dinero, ese sueldo negro como el carbón con el que calentar sus hogares esta Navidad.

Imagino que esto pasa en otros sectores. Sin ir más lejos y sin salir de esta Comunidad de las flores, de la luz y del amor, en el citrícola ha sido una práctica habitual al menos hasta hace unos años. Mi propia abuela se encontró en su jubilación con que la empresa en la que trabajó durante más de veinte años no le había declarado los jornales suficientes para poder tener derecho a la prestación. Lola, mi abuela, murió hace más de veinte años, pero creo que hemos avanzado muy poco en este tiempo.

Un país en el que se considera normal trabajar sin contrato, huele. Un país en el que, sin embargo, se exige al emigrante que llegue con un contrato de trabajo, apesta. Un país en que tantas personas son nada, sólo desesperadas sombras en la noche, hiede. Hay tantos Ebenezer Scrooge entre nosotros que Adecco va a tener que promover un proceso de selección para contratar millones de fantasmas de la Navidad. Y que conste que esto lo digo imbuida en el espíritu de Charles Dickens, como es tradicional en estas fechas. Y con lágrimas en los ojos.

Lidia Sanchis

Lidia Sanchis

L'Avi

L’Avi

3 Kommentare

  1. lidia dicen

    Muchísimas gracias a ti por haberme confiado tu historia. Ojalá sirva para algo tanto sufrimiento. Un beso y ánimo.

  2. aurora dicen

    Genial liddia me e emocionado mucho muchisimas gracias por todo lo que estas haciondo por mi

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