Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 20, Opinión
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No hay enemigo pequeño

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

La decimotercera jornada de liga se presenta apasionante. Para abrir boca, la matinal del domingo depara un partido muy atractivo, con dos equipos duros que no hacen ascos al fútbol directo. El Atlético de Madrid recibe en su fortaleza del Vicente Calderón a un Depor ansioso por escalar puestos en la clasificación. El fútbol científico de los de Simeone, acostumbrados a urdir emboscadas a los enemigos, chocará con el juego blanquiazul de percusión, martillo contra clavo, mazo contra pedernal.

Las primeras escaramuzas llegan bien temprano; no son ni las ocho de la mañana. El autocar en el que viajan los Riazor Blues, una larga ristra de delitos condensados en 50 cómodos asientos, estaciona junto al Manzanares. El Frente Atlético, conformado por desenfadados muchachos entre quienes se incluyen padres de familia y algún que otro graduado en educación primaria (no en vano, al igual que sus homólogos, tienen web propia), despliega su furia contra los rivales sin apenas avisar. Se desata entonces una batalla campal en el centro del campo, todos los protagonistas agrupados en pocos metros cuadrados, y los primeros golpes se suceden. Las armas impresionan: cuchillos, catanas, bates de béisbol, barras de hierro… Todo es poco para asegurarse los tres puntos. Hasta la victoria siempre, no hay enemigo pequeño, el más tonto hace relojes y a ti te encontré en la calle. Gente preparada, curtida en mil batallas, atléticos y deportivistas dan lo mejor de sí mismos durante una hora y media que se pasa volando hasta que el equipo arbitral, con una extraña indumentaria como de policías, decreta el final del encuentro. Algunos de los valientes gladiadores son conducidos a una sala donde, tras tomárseles la filiación, intentarán pasarán el control antidopaje. Pocos lo conseguirán. Su agresividad estaba alimentada con sustancias no recomendables. Gana el Frente a los Blues por 1-0 gracias a un certero golpe de barra de acero despachado por su delantero centro en plena cabeza de un contrario.

En la sala de prensa, ambos entrenadores, Diego Simeone y Víctor Fernández, lamentan lo sucedido y repudian solemnemente la violencia en el fútbol. “Al fin y al cabo, no es más que un juego”, razonan. Más arriba, en la zona noble del antepalco, Enrique Cerezo, de profesión peliculero, de vocación presidente del Atlético de Madrid y con el sello de calidad que le distingue como delincuente convicto, lanza a los micrófonos la letanía no por esperada menos insultante. “Lo que ha sucedido hoy no tiene nada que ver con el fútbol”, vomita a palo seco. Los periodistas se quedan con las ganas de preguntarle si quizá ambos bandos quedaron para asistir a la ópera. No lo hicieron porque tanto Cerezo como Tino Fernández, máximo dirigente del Deportivo a pesar de su nombre de pila, no responden preguntas. Moda perversa para mentes huecas.

Los responsables públicos (delegada del Gobierno, Consejo Superior de Deportes) echan balones fuera: “Era impensable que sucediera una cosa así”. Los mensajes intercambiados por las dos facciones en lucha a través de las redes sociales no les parecieron suficiente pista. El presidente de la Federación, anestesiado por sus 26 años ininterrumpidos en el cargo, no dice nada. Villar ni siente ni padece.

Mañana comienza en Elche la jornada 14 de la liga. Vuelve el ritual. El espectáculo. La pasión. Hasta el rabo todo es toro.

Javier Montón

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Artsenal

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  1. Pedro Carrasco Pérez dicen

    Descerebrados en el sentido amplio de la palabra.

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