Artsenal, Fran Sevilla, Humor Gráfico, Número 20, Opinión
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Me gustan las cosas sencillas

Por Fran Sevilla / Ilustración: Artsenal

“Me gustan las cosas sencillas, como la mantequilla en mi culo y las piruletas en la boca. Son las cosas que disfruto, llámame loco, llámame pervertido.
Pero hay algo que quiero hacer en esta vida, y es que quiero ganar dinero con este negocio.” Floyd Gondolli (“Boogie Nights”)

La sociedad se enfrenta a una serie de problemas y riesgos que el sistema, los medios de comunicación, se encargan de hacernos ver como demasiado complejos y por tanto con una difícil solución. Hasta el punto en que acabemos viéndolos con normalidad, resignándonos a cosas a las que no tendríamos por qué resignarnos.

Un ejemplo de esto es la tasa escalofriante de muertes por accidente de tráfico que sufrimos cada año en el país. Debo admitir que estallo a reír entre carcajadas cada vez que veo a los medios de comunicación dirigir la paranoia de la gente ante supuestas enfermedades devastadoras, que parecieran abocadas a extinguir a la raza humana. Ya sea la encefalopatía espongiforme, la gripe aviar o ahora el ébola. Pues seguro que cada año mueren más personas en España por accidentes de tráfico que las que puedan morir en África por cualquier brote de ébola.

El caso de las muertes por accidente de tráfico tendría una solución tan fácil como prohibir la venta de coches que alcanzasen velocidades que estuviesen por encima de las de los límites establecidos legalmente en cada país. Alguien podría decirme que esto que digo es un disparate, ya que esos límites de velocidad pueden cambiar entre países y un coche es algo que se usa para viajar. Pero hace años que los coches han dado el salto de lo puramente mecánico a lo digital. Por tanto, no me creo que no puedan llevar integrados unos limitadores de velocidad capaces de adaptarse en cada autovía o ciudad a la nueva reglamentación, con una tecnología similar a la de los GPS.

Por supuesto, esa solución tan sencilla que acabaría con miles de muertes, no se toma por motivos mucho más complejos donde entran en juego los intereses de gobiernos y la propia industria automovilística. Ya que si todos los coches alcanzasen las mismas velocidades máximas, a las marcas les sería difícil justificar modelos más lujosos con los que ganar más dinero. A su vez, los estados ven en las multas de tráfico un gran negocio. Y sobre todo, en un plano antropológico, el hombre desde el siglo XX ha aprendido a reafirmar su virilidad a través de la velocidad y el motor. De ahí que el circo de la Fórmula 1 sea el negocio fastuoso que es, para Ecclestone y los gobiernos corruptos del ladrillo que suelen secundar sus grandes premios, no tanto para el ciudadano de a pie que luego debe pagar las facturas de una fiesta a la que no ha sido invitado. Hacer que el hombre, da igual si occidental, chino, o hindú, exprese su masculinidad a través del distintivo social del motor, del demuestro mi poder sobre los demás a través de la mayor velocidad de mi coche, ha sido uno de los más brillantes logros del capitalismo. Hasta el punto de que limitar hoy las velocidades de fábrica, sería poco menos que castrar a los hombres, creando una revolución sangrienta donde el lema pasaría del libertad, igualdad, fraternidad, al forocoches, gasolina y Fernando Alonso.

Y el tema de la violencia en el fútbol tiene una solución no menos sencilla que el de las muertes por accidentes de tráfico. Por mucho que los medios de comunicación intenten hablarnos de la complejidad de educar y concienciar a una sociedad para evitar lacras como la del racismo. Se trataría, simplemente, de que la federación española de fútbol y el gobierno se pusiesen de acuerdo para crear una ley que prohibiese a los clubs inscribir como socios a cualquiera que pudiese tener antecedentes penales por delitos de violencia o alteración del orden público. Por tanto, antes de cada temporada, una vez cerrado el plazo de inscripción para socios, cada club debería enviar esas listas a la federación. Que a su vez, se las proporcionaría a las autoridades policiales para que cotejaran en sus bases de datos quiénes tienen o no antecedentes. Negándoseles el abono a los que no superasen la prueba.

Pero del mismo modo que en el tema de los accidentes de tráfico, una solución tan sencilla como esa no se va a dar. Porque aquí lo que entran en juego son los intereses de los clubes de fútbol. En una industria que mueve miles de millones de euros a nivel europeo. Y lo que es más importante, el fútbol será usado muchas veces de una forma política para distraer la atención de las masas en situaciones de crisis, alejando el debate público de temas más relevantes que puedan erosionar la imagen de un gobierno. Siendo visto además como una de las formas más efectivas para blanquear dinero.

Habiendo quedado demostrado, además, que los clubes no sólo es que no tomen ningún tipo de medida contra los violentos, sino que además los alientan. Otorgándoles privilegios a los que no tienen acceso el resto de socios. Tales como regalarles entradas para que ejerzan de reventas en el mercado negro, o pagarles viajes con el propio equipo. Y dándoles un poder intimidatorio sobre la prensa que les sirva para encauzar lo que se publica del club en medios de comunicación. Relación que no sólo se da entre violentos y directiva, sino también entre estos violentos y los propios jugadores y entrenadores.

Y luego tenemos el caso de la federación española de fútbol. Que más de 48 horas después de la muerte del hincha del Dépor, sigue sin emitir un comunicado oficial. Y sobre todo, sin mostrar una reacción contundente contra el club responsable de los dos últimos asesinatos por parte de ultras. No tomaron medidas cuando murió el hincha de la Real Sociedad ni parece que las vayan a tomar ahora.

Porque si no, a estas horas, el estadio del Atlético de Madrid ya habría sido precintado para el resto de la temporada. Prohibiéndosele al club celebrar ningún otro partido ya no sólo en el Vicente Calderón, sino en ningún otro estadio de Madrid o que pueda encontrarse en las inmediaciones de Madrid, dificultando así la aglomeración de ultras. Por no hablar de que dados los estrechos vínculos que hemos venido viendo entre grupos violentos y directivas tanto del Atlético de Madrid como del Deportivo de la Coruña en los últimos años, que han concluido con Lendoiro yendo sin ningún con total descaro al funeral del ultra muerto, siendo arropado como sólo lo son los capos mafiosos y patriarcas gitanos, tampoco vería descabellado descender disciplinariamente a ambos clubes a Segunda B. Dejando en lo que resta de temporada una liga con sólo 18 equipos.

Otra solución sencilla, que crearía miedo y paranoia en el resto de clubes, preocupándose mucho más en hacer lo que sólo Laporta se atrevió a hacer en el fútbol español: expulsar a los violentos de las gradas, rompiendo cualquier tipo de relación entre ellos y la institución. Y pasando a llevar un control exhaustivo de a quién se dejaba entrar o no al Camp Nou.

Pero es otra solución sencilla que tampoco veremos, ¿se imaginan tener que rehacer ahora un montón de contratos millonarios de televisión por la emisión de los partidos?

Del mismo modo que la última cosa que veremos nunca para acabar con el fraude fiscal Europa, será esa opción tan sencilla de levantar el secreto bancario en Suiza, obligando por ley a que los bancos notifiquen el estado de sus cuentas a todos y cada uno de los gobiernos de la Unión. Por supuesto, precedido de una ley según la cuál los delitos fiscales no prescriban. ¡Hola, Juan Carlos I de España! Saluda a la cámara. Vamos a hacernos un selfie cazando viejos elefantes.

Fran Sevilla

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Artsenal

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