Gil-Manuel Hernández, Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 21
Deje un comentario

El niño Jesús

Por Gil Manuel Hernández Martí / Ilustración: Luis Sánchez

Hay que ser muy insensible para no reconocer la potencia del mito que se esconde detrás de ese niño Jesús que da sentido a la Navidad cristiana. Un mito que antes que cristiano fue asiático y mediterráneo, pero que porta siempre el mismo mensaje: que es posible comenzar de nuevo, que es posible limpiar todo lo horrible y sucio que se ha ido acumulando en las cloacas del mundo, que es posible la esperanza y que vuelva a brillar la luz. La mágica estrella de Oriente lo sintetiza a la perfección: una guía luminosa para orientarnos en este entramado de falsedades, iniquidades y maldades en que se ha convertido la mal llamada “civilización”.

El niño Jesús es, ante todo, un bebé, el tipo de ser que despierta la simpatía, dulzura y ternura de casi todo el mundo, pues siempre hay mentes inflexibles dispuestas a no sentir ni a dejarse nublar por sentimentalismos. Nuestra oscura fauna política, empresarial e intelectual se sitúa justamente en esa línea de la realpolitik deshumanizada que apenas deja huecos para otra cosa que la táctica, la desconfianza sistemática y el trato al “otro” como posible enemigo o competidor. Para ellos el mito luminoso del bebé sagrado es solo un cuento para espíritus crédulos e inmaduros, una oportunidad para incrementar las ventas o un bonito pretexto para hacerse fotos con niños enfermos o pobres ancianas desvalidas a la espera de votos o una limpieza de imagen corporativa.

Y sin embargo el mito continua presente, escondido entre los pliegues de las ilusiones, buenos deseos y momentos de introspección que estas fechas nos traen. Porque el mito de un recién nacido en la miseria, aunque posible faro del mundo, nos dice que en cada cuál hay un niño siempre presto a renacer, que todo no está perdido y que frente a los ogros del sistema la inocencia primigenia viene cargada de una gran inteligencia, la que porta esa consciencia que no se conforma con este paisaje gris y sin alternativas, con este infierno de muros infranqueables y lugares comunes. Una consciencia que desde un humilde establo está dispuesta a deslumbrar, a poco que se la deje crecer libre.

Cada año la Navidad, que es ya la principal fiesta global por lo que tiene de espectáculo consumista a gran escala, nos regala los mensajes de un mito que pasa inadvertido, de tantas capas banales con que ha sido recubierto por la modernidad materialista. Los mensajes nos hablan de todo aquello que en el fondo sentimos pero que no nos atrevemos a reconocer, aquello que mostró Frank Capra en Que bello es vivir, una de las más bellas versiones cinematográficas del mito del niño Jesús: que la vida es un milagro y que eso, aunque sea una vez al año, debe ser recordado para sentirnos un poco más humanos.

Gil-Manuel Hernández

Gil-Manuel Hernández

Luis Sánchez

Luis Sánchez

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *