Cine, Miquel Mora
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El espacio, la última frontera

♦ Sunshine, Gravity e Interstellar, tres odiseas en el Cosmos

 

Por Miquel Mora. Lunes, 1 de diciembre de 2014

Parafraseando a Star Trek, la idea de viajar por el universo ha fascinado al hombre desde siempre, tanto como la de volar. Con la excusa del reciente estreno de  Interstellar, repasamos también dos de las cintas precursoras del último trabajo de Christopher Nolan, las más recientes travesías por el firmamento que nos ha dado el celuloide para tratar de que experimentemos en la cómoda butaca del cine cómo es eso de salir al espacio exterior.

Empezamos nuestra tournée galáctica con Sunshine (2007), del británico Danny Boyle. El film se inscribe en la segunda etapa del cineasta en su país, donde regresó tras el fiasco de sus cintas norteamericanas, especialmente La playa. Para entonces había recuperado el éxito de público y el aprecio de la crítica con la cinta de zombis 28 días después, clave en la evolución posterior del género, y aquí reincidió en la ciencia ficción, ahora en su vertiente espacial.

El argumento, a cargo de Alex Garland, quien ya firmara los libretos de  La playa y 28 días después, tiene bastante en común con Interstellar, puesto que la misión de los protagonistas también es salvar la Tierra. En este caso, detonando una bomba en un Sol que se está apagando, y por tanto, matando de frío a nuestro planeta.

Sunshine

Con un apartado visual que, una vez más, bebe de 2001, la película sigue los pasos de la tripulación, donde encontramos hombres y mujeres, y todo tipo de razas, mientras van superando los problemas que hallan en su viaje al Sol. Entre los detalles más sobresalientes, cómo los tripulantes resuelven todas las situaciones tomando decisiones según la lógica –como diría Spock─ anteponiendo los intereses generales a los sentimientos particulares, así como la manera en la que es retratada la fascinación por el astro rey de algunos tripulantes.

La cinta contiene varias secuencias que luego encontrarían su versión en  Gravity, el otro film del que hablaremos, e Interstellar, mostrándonos cómo trabajan los astronautas en el exterior de la nave, siempre a contrarreloj y acechados por peligros. En este aspecto, las tres películas alcanzan idéntico nivel de realismo, aunque, francamente, sin mostrar nada que no hubiéramos visto ya en 2001, y eso que el film de Kubrick data del 1968.

Pero ocurre que la misión de Sunshine ya fue intentada por una primera tripulación en otra nave que desapareció. Y esto dará pie a que el film acabe convirtiéndose en la enésima copia de Alien, con los astronautas cayendo como moscas. Boyle demostró que el cine británico podía competir con Hollywood en efectos especiales, pero el guión acabó cayendo en lugares comunes, con un desenlace poco acorde con el nivel mostrado por el film en sus primeros compases.

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Eso sí, Boyle se llevaría el Oscar al mejor director por su siguiente trabajo, la multipremiada Slumdog Millionaire. En cambio, el mexicano Alfonso Cuarón obtendría tal reconocimiento precisamente con su incursión espacial, Gravity, con la que el cineasta tenía objetivos bien distintos a los de Boyle. Si este apostó por una historia de género, en la que primaba el entretenimiento, Cuarón quería explorar las posibilidades de los últimos avances técnicos en el cine.

Con, al parecer, bastante asesoramiento de James Cameron, el guión, casi inexistente, de Gravity, resultaba una mera excusa para realizar un alarde técnico, que es lo que premió Hollywood, otorgándole todos los Oscar de esta categoría, además de la dirección, ante el reto que supuso para Cuarón.

Lástima que el argumento se reduzca a seguir los pasos, como ya vimos, por ejemplo, en Sunshine, a astronautas entrando en un módulo espacial, maniobrando para acercarse al mismo, flotando en el espacio, etc. Algo increíblemente asombroso la primera vez que uno lo ve, lo que ocurre es que, como dije, 2001 data del 1968, y no se ha hecho nada que no se hubiese hecho entonces. Otra cosa es que además de esa perfección técnica, se aproveche para contar una historia, ya sea de entretenimiento, como ocurría en Sunshine, más bien existencial, como en Interstellar.

Cierto es que Gravity logra atrapar al espectador durante no llega a hora y media con su acción en tiempo real y la resolución de puzles que afronta su protagonista, aunque cierta escena que no desvelaremos está a punto de cargarse toda la credibilidad y realismo de la cinta, que por cierto, tal como ha ocurrido con Interstellar, traiciona ese verismo al insistir en meter banda sonora, cuando en el espacio no hay sonido. Aspecto que ha querido remediar la productora de  Gravity con una nueva edición en dvd, coincidiendo con el estreno de Interstellar, donde se elimina dicha banda sonora en pro de un mayor realismo. Y eso que en ambos casos hablamos de magníficas partituras, especialmente la de Hans Zimmer para Interstellar, aunque algo machacona en determinados momentos.

Al final, eso sí, lo que nos deja Gravity es una lección interpretativa a cargo de Sandra Bullock, que sostiene sobre sus hombros toda la película, más allá de los virtuosismos técnicos de Cuarón, que solo apreciarán los estudiantes de cinematografía… y los miembros de la Academia de Hollywood.

Gravity

Inciso: ¿Qué hubiera pasado si Gravity hubiera sido protagonizada por Scarlett Johansson y Robert Downey Jr., primeros intérpretes de los que se habló para los papeles de la Bullock y George Clooney?

Y de una actriz por la que muy pocos hubieran apostado como posible ganadora de un Oscar hace solo unos años, a otro por el que nadie daba un duro hace un año, Matthew McConaughey, capaz, tras su rehabilitación cinematográfica, de capitanear el viaje interestelar iniciado por Christopher Nolan tras despedirse del hombre murciélago.

Precisamente si algo no le falta a Interstellar es guión, y diálogos para aburrir. Nolan se caracteriza por un cine muy cerebral, aspecto que se mantiene en su último trabajo, que sin embargo resulta también el que tiene más corazón, hasta el punto de que su gran mensaje, un tanto cogido por los pelos, eso sí, es que el amor lo puede todo.

Para llegar hasta ahí, como en Sunshine, nos sitúa en otro escenario apocalíptico, con nuevo viaje en busca de una solución. Aquí, directamente un nuevo planeta para el hombre, que ha agotado las reservas de la Tierra. En el film, la excusa para situar la acción en un futuro a corto plazo son una serie de plagas, pero es evidente que Nolan quiere hacernos reflexionar sobre la sobreexplotación de los recursos del planeta, que más pronto que tarde puede dejar de ser suficiente para una humanidad en crecimiento exponencial.

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Pero ese es solo uno de los temas que Nolan lanza al espectador, con una cantidad de información apabullante, empezando por nociones físicas o la teoría de la relatividad, cuyos efectos se muestran con una contundencia pocas veces vista con anterioridad. En el arranque también se nos muestra la indignación del personaje de McConaughey, un ingeniero reconvertido a la fuerza en granjero, cuando su hija es expulsada por sostener que el hombre llegó a la Luna, después de que este hecho haya sido purgado de los libros de texto porque en época de hambruna no está bien visto gastarse el dinero en viajes espaciales y al Gobierno solo le interesa que los jóvenes se metan a granjeros.

El protagonista debe finalmente emprender un viaje interestelar, buscando otro planeta habitable al otro lado del universo viajando a través de un agujero de gusano, cuya aparición, por cierto, al igual que algún otro punto del argumento, es tan creíble de acuerdo con las teorías científicas, como un recurso habitual de la ciencia ficción, que deriva en el clásico ‘porque yo lo digo’ del guionista, y sanseacabó. Otro tanto ocurre con el tramo final del film, que no se hace en absoluto pesado pese a sus dos horas y tres cuartos, donde será precisamente el amor lo que lo salve todo… de la manera más rebuscada.

Evidentemente, el film de Nolan resulta tan perfecto y realista técnicamente como los de sus predecesores, aunque el norteamericano puede permitirse mayores licencias a tenor de lo que nos cuenta. En cualquier caso, a Nolan lo que más le interesa es mostrar lo que ocurre cuando para los protagonistas pasan unos segundos, y en la Tierra pasan años. Eso, y escenas, unas cuantas, en las que el trabajo de los intérpretes, tanto McConaughey como, sobre todo, Jessica Chastain, sin olvidar a Anne Hathaway o el veterano Michael Caine, deja al espectador sin aliento, golpeado por determinadas revelaciones. Porque otra cuestión que nos propone el film es ¿hasta dónde llegaríamos para salvar a la humanidad? ¿A costa de qué?

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Al final, tal vez Nolan quiere abarcar demasiado en un film mucho más ambicioso que Sunshine, mero entretenimiento de género, y Gravity, puro virtuosismo técnico. Tal vez recurre en exceso a soluciones improvisadas, y posiblemente sea su film en el que más me ha costado entrar, y eso que estoy acostumbrado a este tipo de propuestas de ciencia ficción. Pero lo que no puede negarse es que el norteamericano dirige como pocos, y que ahí queda su mensaje: no dejéis de fascinaros con las estrellas, y con la posibilidad de alcanzarlas.

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