Alaminos, Humor Gráfico, Número 21, Opinión, Paco Sánchez
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Cuento de Navidad

Por Paco Sánchez / Ilustración: Jorge Alaminos

Olía a castañas asadas y la Navidad estaba cerca. Guirnaldas y bolas de colores colgaban ya del techo del bar. Pedí un café con leche para mí y un zumo de piña para mi hija. Hicimos un trato. Mientras papá trabajaba un rato con el ordenador, ella terminaría junto a mí los deberes del día siguiente. Pero no se lo digas a mamá. Si se entera de que has acabado de hacer las sumas en la mesa de un bar me mata. Vale papi.

En la televisión hablaban de la jornada de la Bolsa y de que las empresas del Ibex se estaban forrando. Con la campaña navideña la cotización podía alcanzar los máximos del año.

¿Cinco más cinco son diez?
Sí. Muy bien.
¿Y cuándo voy a aprender a multiplicar?
Todavía estás en primero. A lo mejor el año que viene.
Mientras que yo seguía enfrascado delante de la pantalla, mi hija cerró el cuaderno escolar, cogió una libreta y los lápices de colores y se acercó al hombre que tomaba pensativo una cerveza en la mesa de al lado. Qué le vamos a hacer si es así de sociable. De reojo miré la escena y la cara de aquel señor me inspiró confianza. De todas formas puse la oreja.
¿Cómo te llamas?
Teresa.
¿Cuántos años tienes?
Acabo de cumplir seis.
Pareces muy lista. ¿Sabes dibujar?
Sí. ¿Sabes cómo se dice lápiz en inglés?
No. No sé inglés, pero sí hablo francés y alemán porque he pasado muchos años en el extranjero. En francés lápiz se dice crayon.
Pues en inglés se dice pencil.
Cuánto sabes y qué simpática eres. Yo tenía una hija como tú, a la que le gustaba mucho hablar con la gente.
Cuando terminé lo que estaba haciendo en el ordenador, me levanté y me acerqué a la mesa contigua. Vámonos ya Teresa que tenemos que cenar.
Supongo que es su hija. Mi mujer y yo teníamos una hija así, a la que le gustaba hablar con todo el mundo. No paraba de jugar y de reír. Me recuerda a ella. Pero un día se bloqueó.
¿Qué le pasó?
No lo sé. Se bloqueó. De la noche a la mañana cambió totalmente su carácter. Sólo quería estar sola y ya nunca se reía. Fíjese, mi hija pintaba muy bien y al poco de pasarle eso expusieron un dibujo suyo. Fue en la Casa de España, pues estábamos en Alemania. Vino mucha gente a ver su dibujo, incluso personas de fuera de la ciudad, y no paraban de felicitarla. Y en vez de ponerse contenta, ¿sabe qué les decía a los que la felicitaban? Que preferiría que se la tragara la tierra.
¿La llevaron a que la viera un psicólogo?
Sí, pero no dio resultado. Ahora tiene 36 años y allí sigue, en Alemania. Igual, bloqueada. Me he roto la cabeza dándole vueltas. Nosotros la tratábamos lo mejor posible. Nunca le pegábamos y le dábamos mucho cariño. Pero algo tuvo que pasarle. Algo muy gordo que la traumatizó para siempre. En tantos años no he conseguido averiguar qué le pasó y creo que nunca lo sabré.
Lo siento. Bueno, tenemos que irnos. A lo mejor volvemos a vernos un día de estos por aquí.
Adiós Teresa. ¿Me das un beso? Cuide de su hija y disfrute mucho de ella.

Paco Sánchez

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Jorge Alaminos

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