Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 21, Opinión
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Carta a Gurb

Por J. L. Castro Lombilla / Viñeta:  Lombilla

Estimado Gurb:
Hace unos meses se me presentó el ángel del señor y me anunció que yo iba a ser la madre del hijo de Dios… Fíjate tú qué cosa, ¡a mi edad!
Y todo ocurrió de la forma más tonta: estaba yo tan ricamente depilándole las ingles al director de esta nuestra revista que lleva tu nombre y el ángel Gabriel apareció.
―Cuando llegues a Madrid, chulona mía ―me dijo―, voy a hacerte emperatriz de Lavapiés, y alfombrarte con claveles la Gran Vía y a bañarte con vinillo de Jerez…
―¡Vaya por Dios! ―le dije, por decir algo.
―Y he aquí ―continuó el ángel―, que vas a concebir en tu vientre y a dar a luz un hijo, al que pondrás por nombre Jesús. Éste será grande y se llamará Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de David, su padre, y reinará por los siglos sobre la casa de Jacob, y su reino no tendrá fin, y hasta se hará fotos con el pequeño Nicolás…
Yo no tuve más remedio que confesarle que no conocía varón, pero él me dijo que no importaba porque el Espíritu Santo vendría sobre mí, y el poder del Altísimo me daría sombra y que por ello también mi hijo sería llamado Kunta Kinte…
Entonces, a ver qué remedio, me vi en el compromiso de decir: «He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra». ¡Y no veas cómo vino sobre mí el Espíritu Santo, Gurb! ¡Qué hombre! Para que luego digan de las palomas… En fin, el caso es que me quedé preñadito perdido y cuando se cumplieron los días del parto di a luz un hermoso niño que pesó, angelito, ciento cincuenta y seis kilos con seiscientos gramos y medio.
Al poco vinieron a verlo unos magos muy simpáticos que le regalaron tarjetas “black”, un Jaguar de trescientos caballos y una cuenta de ahorros opaca en Liechtenstein. Pero una aciaga noche, toda mi felicidad por haber sido madre y por ser partícipe a título lucrativo de esos regalos se truncó, pues otro ángel con indefinición sexual del Señor se mostró a mí en sueños para advertirme que Cristóbal Montoro me estaba buscando para que le pagara el impuesto de actividades virginales. Yo, claro, por huir de Hacienda me fui inmediatamente a Egipto donde he encontrado un empleo de faraona. Así que, mientras espero que cambien los vientos fiscales en España para volver y que mi hijo pueda dedicarse a eso de ser Hijo de Dios y salvar de sus pecados al pueblo, que me hace mucha ilusión, aquí me tienes, Gurb, cantando por las pirámides, todos los días de nueve a una y de seis a ocho eso de:
♫Pemán ha dicho de mí
torbellino de colores,
no hay en el mundo una flor
que el viento mueva mejor
que se mueve Lola Flores…♫
Tuyo afectísimo:
José Luis Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

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