Humor Gráfico, José L. Castro Lombilla, Lombilla, Número 20, Opinión
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Carta a Gurb

Por José L. Castro Lombilla

Estimado Gurb:
Ayer, cuando estaba leyendo El Cantar de los Cantares con el director de esta nuestra revista que lleva tu nombre en un reservado del Happy bear, nuestro bar preferido, presencié un hecho asombroso. Justo en el momento en el que yo le decía: «Los contornos de tus muslos son como joyas…», «Tu vientre como montón de trigo cercado de lirios», «Tus dos pechos, como gemelos de gacela…», «Viva la madre que te parió…» y otras cosas igualmente bellas y sentidas, entró en el reservado Pablo Iglesias llevando en sus tres manos un programa electoral escrito por dentro y por fuera y sellado con siete sellos…
―¡Tú eres Pablo Iglesias! ―dije yo.
―¡Qué muchacho más mono! ―dijo nuestro director.
Pero Pablo Iglesias no habló, se limitó a abrir uno de los sellos y apareció un caballo blanco montado por Juan Carlos Monedero.
―¡Tú eres Juan Carlos Monedero! ―dije yo.
―¡Qué muchacho más mono! ―dijo nuestro director.
Tampoco habló esta vez Pablo Iglesias, se limitó a abrir un segundo sello y apareció un caballo rojo montado por Hugo Chávez.
―¡Tú eres Hugo Chávez! ―dije yo.
―¡Qué hombre más mono! ―dijo nuestro director.
Como si no hubiera hecho otra cosa en su vida, Pablo Iglesias, que continuaba callado, siguió abriendo sellos y aparecieron caballos de todos los colores, Gurb…
―¡Cuántos caballos! ―dije yo.
―¡Qué caballos más monos! ―dijo nuestro director.
En aquel momento miré y he aquí que hubo un gran terremoto, y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre, y siete perrosflauta se pusieron a tocar sus flautas como si fueran trompetas y hubo granizo y fuego mezclados con sangre, que fueron lanzados sobre la tierra, y la tercera parte de los árboles se quemó y se quemó también toda la hierba verde, y murió la tercera parte de los seres vivientes que estaban en el mar, y vi una estrella que cayó del cielo a la tierra y se le dio la llave del pozo del abismo, y del pozo subió un humo como de un gran horno y del humo salieron langostas… Entonces, Pablo Iglesias por fin habló.
―Estas langostas es una pena dejarlas porque se pueden echar a perder―dijo él.
―¡Ole, ole, a comer langostas, como la casta! ―dijo Monedero.
―¡Qué langostas más monas! ―dijo nuestro director.
Y ya todos nos pusimos a comer langostas que es que daba gloria vernos, Gurb…
Tuyo afectísimo:
José Luis Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

J. L. Castro Lombilla

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