Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 20, Opinión
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Alcohol de quemar

Por Lidia Sanchis / Ilustración: L’Avi

Desde que estos cabrones me dejaron sin trabajo (a mí y a otras cinco mil familias que trabajaban directa o indirectamente para RTVV) he emprendido la tarea de (odiosa expresión) reinventarme. Hay otros compañeros, que estos días han protagonizado reportajes y reseñas, y que han optado también por ello: en este primer aniversario del cierre de Ràdio Televisión Valenciana los periódicos se han llenado de historias de periodistas que se han trasmutado en artistas falleros (Mònica Antequera); de operadores de cámara que han puesto una tienda de cervezas (Txema Millán), o de trabajadores históricos que han montado una empresa de alquiler de furgonetas (José Luis Gamboa). Es como si el gobierno de Alberto Fabra nos hubiera puesto un gran letrero luminoso sobre nuestras cabezas, como una espada de Damocles, para convencernos de que en lugar de una crisis el cerrojazo ha sido una gran oportunidad (otra expresión odiosa). Además de reinventarme, desde aquel “black Friday” de 2013, no hago más que ver símbolos. Porque yo he decidido estudiar para ser profesora y repasando y ampliando enseñanzas me he reencontrado con la figura de Joaquín Costa y el movimiento Regeneracionista. Además de darle nombre a muchas de las calles de nuestras ciudades, Costa articuló todo un ideario político en torno al lema “despensa y escuela”, en un momento histórico marcado por el Desastre del 98. Su testamento político incluye ideas como cambiar radicalmente la aplicación de los recursos y las energías nacionales; reformar la educación en todos sus grados; legislación social; crear un poder judicial digno de su función; autogobierno local y renovar el sistema político “sin dar tregua a caciques y oligarcas”.

Caciques y oligarcas. Es como estar escuchando a Pablo Iglesias, el líder de Podemos, y su oposición frontal a los partidos de la “casta” (ya les he dicho que en ocasiones veo símbolos).

Quizá les parezca exagerado relacionar a un político con otro, y eso que ambos surgieron de dos crisis: la de 1898 Costa y criado a las ubres de la de 2008 Iglesias. Pero cuando pensé en escribir sobre este último, la figura que me vino a la cabeza fue la de Costa. Y quería hacerles partícipes de ello… si no fuera porque un hombre extranjero subió al tren en la estación del Cabanyal. Iba dejando sobre los asientos vacíos un paquete de kleenex y un papel en el que contaba que tenía hijos y un alquiler que pagar y pedía “la voluntad”. Comencé a imaginar la vida de ese hombre, que no tenía otra manera de ganarse la vida honradamente que no fuera a base de limosnas: lo vi contando el puñado de monedas que había conseguido reunir en un día y haciendo cábalas sobre cómo distribuir tan magras ganancias. Contemplé a ese hombre bajo la lluvia, llevando a uno de sus hijos a urgencias y bajando los ojos ante la mirada despreciativa del resto de pacientes “nacionales”. Pensé que ciertamente hay una casta de españoles en general y de políticos en particular que jamás tendrán que hacer ninguna cola, ni sabrán cuánto cuesta un litro de leche ni uno de gasolina; una pléyade de individuos que jamás tendrán que presentarse a ninguna oposición; nunca sus conocimientos serán evaluados ni sus capacidades medidas, ni tampoco nadie les mirará con desprecio por vestir ropa vieja o anticuada ni por no tener dinero con que pagar las medicinas. A esa clase de hombres y mujeres nadie les mirará como si la culpa fuera suya.

Recuerdo que en el primer curso de carrera tuve un profesor, Jesús Bilbao, que nos dio una curiosa explicación sobre la toma de la Bastilla. Nos contó que ese 14 de julio de 1789 fue el día del año que más caro estuvo el pan y más barato el vino. Pienso en el PP y en el PSOE, en Podemos, en la casta, en los caciques, en los corruptos, en un hombre pobre mojado por la lluvia, en muchos hombres, mujeres y niños a los que la lluvia les ha calado hasta los huesos. Y sólo se me ocurre una palabra: ojalá. Muchos de nosotros hace tiempo que andamos borrachos, aunque sólo nos podamos permitir para ello el alcohol de quemar.

Lidia Sanchis

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L'Avi

L’Avi

3 Kommentare

  1. Javier Montón dicen

    Señor Celdrán: parece que no ha entendido nada en absoluto. Por favor, lea la columna por segunda vez, hágalo incluso una tercera. Si aun así sigue sin verlo claro, tiene usted un problema de comprensión

  2. Lidia Sanchis Sorribes dicen

    Gracias por tu comentario, Pancracio. Un saludo.

  3. Pancracio Celdrán dicen

    Sacar a colación a alguien que está sumido en líos de corrupción, como el líder de Podemos, y al parecer situarlo en el lado luminoso de la panorámica social, me parece que desvirtúa el sentido de ‘regeneracionismo’. Amén de lo dicho, poner en paralelo al gran pensador del siglo XIX con este profesorzuelo de pacotilla es ofensivo, y un delito de lesa Historia. En cuanto a la televisión valenciana, donde tantas veces fui entrevistado con motivo de publicación de algunos libros míos, lamento enormemente su cierre…pero a lo mejor se debió a que las cosas se hicieron desde la cleptocracia y no desde la democracia. Se tiraba con pólvora del rey, y claro: la traca final hizo que las cañas de los cohetes cayeran sobre las cabezas de quienes la maldirigieron.

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