Artsenal, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 18, Opinión
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Trópico soberanista, trópico catalanista

Por Ecto Plasta / Ilustración: Artsenal

Toca en este monográfico de Gurb escribir sobre el “asunto” catalán, la independencia catalana, la consulta soberanista o pseudo-consulta o como quiera que a estas alturas se llame. Conforme se acerca el día, lo que debería ser un referéndum, como el que se hizo en Escocia, va perdiendo fuelle y tal parece que terminará siendo un grupo multitudinario de Whatspp o una encuesta en Facebook. Sin embargo, después de tener escrita la columna he decidido enviarla a la papelera. Ha sido por hartazgo, porque me satura una cuestión a la que nadie quiere darle solución (por lo menos los que podrían y deberían), es más rentable el tira y afloja político en el que cada uno refuerza sus ideas (esperando obtener la consabida rentabilidad política), igual de nacionalistas, igual de extremas y si me permiten absurdas; supongo que todas los son cuando se alejan de un punto de encuentro.

Y este cansancio es general, de amplio espectro como los antibióticos. Nos encanta etiquetarnos, ponernos nombres, posicionarnos y defender ese posicionamiento hasta límites ridículos sin tan siquiera plantearnos cambiar, razonar o intentar ver cuál es la otra postura o posturas (aunque solamente suele haber una alternativa, resulta más interesante tener un solo enemigo, la lucha es más encarnizada).

Parece que estamos programados para posicionarnos: Coca-Cola o Pepsi, Barça o Madrid, iOS o android, fútbol o baloncesto, monárquico o republicano, PSOE o PP, Apple o Windows, hipster o mainstream (lo que viene siendo cultureta o del montón) y así hasta el infinito. Nos encanta elegir una de las opciones, hacer gala de ella y defenderla a capa y espada (dense una vuelta por los diversos foros de internet), no vaya a ser que nos demos cuenta de que la opción que elegimos no es la adecuada, o que quizá haya algo mejor, o diferente, o que se adapte más a nuestras necesidades actuales o simplemente reconocer que estábamos equivocados. A saber qué pensarían de nosotros.

Este encasillamiento vital es utilizado para manipularnos, para dirigirnos. De paso, hay quien se llena los bolsillos gracias a ello porque el único posicionamiento que entienden muchos es el del dinero, el de las cuentas en Suiza, el de las tarjetas opacas, en definitiva, el de mirar por uno mismo sin inquietarse por lo que suponga para los demás. Poco importa lo que se haga o lo que nos hagan, pues estamos debidamente adoctrinados y somos fácilmente maleables.

Quizá sea esto lo que asusta de Podemos, que surge con fuerza como tercera opción, desconocida y por tanto difícilmente manipulable, al menos ahora, en sus comienzos, luego ya se verá.

Y en esas estamos, tomando partido por esto o por aquello sin interesarnos en conocer cuál es la otra postura, sin sentarnos a hablar, sin comprender que no suele haber bueno o malo, que suelen ser las circunstancias las que aconsejan lo uno, lo otro, o la búsqueda de otras alternativas. Hacer eso nos obligaría a pensar, pero eso cansa y además corremos el riesgo de que los demás se den cuenta de que no sabemos hacerlo, a lo de pensar, me refiero. Mucho mejor enrocarse, da mejor resultado y se consiguen más adeptos.

A estas alturas, mientras suena el Animals de Pink Floyd, me doy cuenta de que mejor hubiese escrito algo guarro, siempre resulta en internet (una teta perdida, un polvo del siglo), un poco al estilo de Henry Miller en sus trópicos, pero me queda un poco lejos el Sr. Miller, nunca he estado en el París bohemio y jamás he tenido estilo. A fin de cuentas soy un fantasma y vago por el purgatorio desde hace siglos por aquello de no querer elegir entre dios o el diablo.

Ecto Plasta

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Artsenal

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