Artsenal, Humor Gráfico, Javier Montón, Número 19, Opinión
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Toga de aislamiento

Por Javier Montón / Ilustración: Artsenal

Pongamos que hablo de mí y de él. Dos personas de la misma quinta que, sin ser amigos, se soportaban mutuamente. Coincidieron en la Facultad de Derecho, él por tradición familiar y yo porque tenía mucha memoria y ya saben ustedes que la carrera de Derecho dispone de muchas salidas. Que bastantes estén taponadas y otras no aparezcan en ningún mapa, eso se empieza a comprender más tarde, que decía el poeta. En un momento dado, allá por tercer curso, nuestros caminos se separaron. Mi compañero acabó los estudios con notas excelentes y, como quien arranca las hojas del calendario de un plan de vida perfectamente diseñado, comenzó a prepararse para la carrera judicial. Quería ser juez, y ambición y capacidad de sacrificio no le faltaban. Yo comenzaba a escribir olvidables textos en la sección de deportes de un periódico local, aprendiendo a golpe de teclado todas y cada una de las miserias del oficio que García Márquez definió, en un instante de enardecido romanticismo, o quién sabe si de euforia alcohólica, como “el mejor del mundo”.

El futuro jurista era un tipo educado, algo estirado, estudioso, responsable, ligeramente antipático. Su familia, gente de orden,  tenía puestas sus esperanzas en aquel muchacho un poco antiguo que iba a ser el primer juez de un árbol genealógico que incluía prestigiosos abogados, fiscales, inspectores de Hacienda y altos técnicos de la Administración. Encadenó semanas, meses, años de estudio, diez horas diarias, vómito de artículos, códigos y casuística bajo la insobornable amenaza del cronómetro del preparador a quien cantaba los temas, avistando los domingos como ansiada isla en medio del temporal. Y nuestro hombre se ganó la toga. Invirtió buena parte de su juventud en prepararse el futuro, y aquel pasado de chicas, picores, colegas y tonterías que se le escapó entre prosaicos manuales le afeó un presente que amaneció soleado pero gris al mismo tiempo.

Aquí acaba el cuento y empieza la opinión.

Me permito dudar que una persona, juez o fiscal, enclaustrada tanto tiempo, aislada del mundo, que ha dimitido de todo tipo de relación durante ese periodo decisivo de la vida, sometida a la presión brutal de miles de páginas encima de su cerebro, esté en disposición de comprender por qué usted robó una bicicleta, aquél dejó de pagar el alquiler o el de más allá se saltó un semáforo en ámbar. Complicado empatizar con nadie que se encuentre tan al límite que a menudo lo sobrepase. Ya no digamos ponerse en la piel del otro, porque el protagonista de este cuento se viste con toga y se arropa con el imperio de la Ley. Que tenga más agallas para meter el dedo en la llaga, que sea lo bastante decente para no participar de enjuagues políticos, que sepa soportar las presiones de sus superiores sin que le tuerzan el criterio, que no se deje avasallar, en suma, sin ser baladí me parece algo secundario. Lo capital es que un individuo que enfila una oposición tan brutal corre serio peligro de convertirse en un robot que ni siente ni padece, un riesgo muy peligroso porque la materia con la que trabajará son las personas. Por eso, cuando alguien me pregunta si creo en la justicia, contesto: “Creer no creo, o eso creo. Aunque igual sí, no sé”.

Javier Montón

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Artsenal

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1 Kommentare

  1. Pedro Carrasco Pérez dicen

    Tengo cincuenta años y has descrito en tu artículo mi opinión sobre los jueces por razones casi iguales a las tuyas. Conozco , en éste caso, a juezas que después de llegar a su último propósito en la vida, el llegar a la cumbre, se dan cuenta de que han perdido su adolescencia, juventud y media vida en las más que exigentes oposiciones. Incluso ahora, éstas personas jóvenes tienen problema de afectividad y alguna de ellas, aún siendo juezas, han venido a dar con maltratadores como pareja. La palabra “empatía”, se les cayó del diccionario y temen por ello comprar un simple Cd a un mantero que se les acerque en alguna cafetería de postín. El imperio de la ley como forma de vida ¡¡¡ Que Horror !!!

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