Cine, Miquel Mora
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The Killing versus Broadchurch

♦ Y Perdida demuestra que sí hay historias nuevas que contar… otra cosa es que merezcan la pena

♦ Nada como matar a un niño para atraer audiencia… y reflexionar sobre lo humano y lo divino

 

Por Miquel Mora. Domingo, 9 de noviembre de 2014

Las desapariciones y asesinatos de niños siempre dejan impresionado al público. Tal vez por ello en los últimos tiempos se han sucedido las series o películas en torno a esta temática, buscando unos buenos índices de audiencia. Y si algo funciona, no falta quien quiera copiarlo. Entre las producciones televisivas más exitosas están The killing y Broadchurch, que además ejemplifican a la perfección esa gran fiebre por el remake que siempre ha existido pero ahora parece acentuarse.

No en vano The killing fue primero una producción sueca, adaptada a continuación por los USA. La británica Broadchurch, en gran medida, viene a ser otro remake del mismo argumento, y para seguir prolongando el ciclo, en España ya se prepara un serial con una historia bastante similar, Bajo sospecha, que emitirá Antena 3.

Empezamos con The killing, que para eso es la serie más veterana y la que más ha durado. Con 13 episodios en su primera temporada, la adaptación de Veena Sud empezó recordando mucho a Twin Peaks en su punto de partida: el hallazgo del cadáver de la joven Rosie Larsen, con aquella mítica fase promocional, ‘¿Quién mató a Rosie Larsen?’.

Como Laura Palmer, la chica asesinada en la serie de David Lynch que pronto tendrá continuación coincidiendo con su 25 aniversario, Rosie era la adolescente perfecta, la hija que toda madre querría tener… o no. Porque, como en Twin Peaks, pronto empezarán a salir oscuros secretos a la luz, tanto de Rosie como de su familia y de la gente que se movía a su alrededor.

De la investigación se ocupa, como suele ocurrir, una pareja de detectives que trabajan por primera vez juntos, completamente antagónicos. Por un lado tenemos a Linden, una detective que arrastra tras de sí un buen equipaje: huérfana criada de hospicio en hospicio y de padres de acogida en padres de acogida, divorciada y con un hijo adolescente por el que está dispuesta a todo, con una gran facilidad para obsesionarse con sus casos, y que ya tuvo problemas con un caso anterior que dará mucho que hablar. Frente a ella está Holder, exdrogadicto que sigue con toda la pinta de yonqui, con unos métodos muy particulares.

Y ante ellos, una larga lista de sospechosos y secundarios que multiplican los dramas y tramas de qué ocuparse a lo largo de los 13 capítulos. Así, se nos muestra cómo reaccionan ante la muerte de Rosie su madre, de manera desgarradora, y su padre, de manera más contenida pero letal, ambos cargados de secretos, al igual que la tía de la joven, la hermana menor de la madre. Y también, en menor medida, vemos cómo aprenden a vivir sin su hermana los dos hermanos menores.

the killing

La película también tiene su carga política, puesto que uno de los sospechosos se presenta a las elecciones a la alcaldía de Seattle, ciudad en la que transcurre la serie, con una ambientación al más puro estilo Seven, con la lluvia y los cielos grises omnipresentes. Y si un político, también con muchos secretos, al igual que su oponente en la campaña electoral, es sospechoso de matar a una adolescente, es evidente que los medios no van a dejar escapar su oportunidad.

Así que de las aulas a la alta política, a los mafiosos de barrio y la prostitución de lujo, pasando por un misterioso casino en una reserva india –sí, esto último suena un poco raro, y muy Twin Peaks, pero aquí no hay enanos-, la serie va pasando de un sospechoso a otro, casi a uno por capítulo, desde el magistral primer episodio que acaba con la aparición del cadáver de Rosie y la llamada telefónica más sobrecogedora de la historia de la televisión.

Tal vez demasiados sospechosos y demasiados giros de guión, aunque diríase que todo cuadra cuando se cierra el último episodio de una historia ya vista, pero muy bien contada y en la que el interés no decae un segundo.

El problema es que a nadie le gusta perder su gallina de los huevos de oro, y tras el exitazo, de público y crítica de The killing, la productora optó por renovarla una segunda temporada de 13 episodios. Esto llevó a un epílogo en el último episodio, donde descubríamos que el aparente final era mentira y que el sospechoso definitivo también era inocente. Para muchos fue una tomadura de pelo que hizo bajar los índices de audiencia y llevó a la cancelación de la serie tras el final de la segunda temporada, para ser recuperada en otro canal con una tercera temporada de 12 episodios y finalmente acabar en internet con la definitiva última temporada, más corta pero de episodios más largos.

¿Qué ha ocurrido en dichas temporadas? En la segunda se cierra la historia de Rosie Larsen, prolongando la suspensión de incredulidad para explorar aún más todos los personajes ya conocidos y potenciar el papel de Linden y Holder, ahora solos contra todos, ya que parece que hay gente muy influyente detrás de la muerte de Rosie, y encima ella tratando de conservar la custodia de su hijo ante la reaparición de su exmarido. Una continuación tal vez menos perfecta que su predecesora, pero aún más adictiva, hasta llegar al cierre definitivo y a una resolución bastante satisfactoria del caso.

En las siguientes temporadas Linden y Holder se reúnen de nuevo para dos casos más. En la tercera, todo gira en torno a un asesino de prostitutas menores que viven en la calle, mostrando la difícil situación de estas jóvenes que no parecen importarle a nadie, mientras la relación entre los protagonistas sigue evolucionando. De nuevo hay un gran plantel de secundarios, aunque se echa en falta la parte política o todo lo que giraba en torno a la familia de Rosie. A cambio, tenemos una trama en torno a un hombre condenado ¿injustamente? a pena de muerte, que sirve para una nueva reflexión sobre esta cuestión. Los golpes de efecto siguen sucediéndose y los múltiples sospechosos, con la misma o aún mayor eficacia que hasta ahora, e incluso con el director de El silencio de los corderos, Jonathan Demme, dirigiendo uno de los mejores episodios… hasta un desenlace que no deja a nadie indiferente.

La cuarta y última temporada, al estilo Algunos hombres buenos, parte de un asesinato en un centro de adiestramiento del ejército, un lugar más cerrado, y que supongo que los guionistas habrán aprovechado al máximo, aunque esta temporada aún la tengo pendiente.

Así que pasamos a Broadchurch, la diríase versión british de The killing, que también arranca con el hallazgo del cadáver de un niño en un pueblo costero aparentemente idílico, pero en el que una vez más, todos sus habitantes, empezando por cada uno de los miembros de la familia del fallecido (padre, madre y hermana adolescente) guardan sus propios secretos y nadie se libra de la sospecha.

De nuevo pareja de detectives antagónica: ella es del pueblo y vuelve tras la baja de maternidad de su segundo hijo, para encontrarse con que no le han mantenido su puesto y le han buscado un nuevo superior, un detective más profesional, que evidentemente arrastra muchos secretos, empezando por un caso anterior que no acabó de la mejor manera. Y, como suele ocurrir desde el éxito de House, nuestro detective es de lo más antisocial.

broadchurch

Broadchurch es un pueblo más pequeño que Seattle, así que aquí sí parece que todos tienen algo que decir sobre lo ocurrido, y eso les sirve a los guionistas para hablar de todo: de la prensa, con el joven periodista que trata de hacerse un nombre y la estrella del periodismo que acude buscando carnaza; la iglesia, con el párroco que trata de aprovechar el crimen para conseguir feligreses o simplemente llevar consuelo; e incluso un vidente, en una de las tramas que parecen más fuera de lugar.

Como en The killing, casi salimos a sospechoso por episodio, con detenidos entrando y saliendo de la comisaria cada dos por tres. Y si en la serie norteamericana tal vez abusaban de los giros de guión, aunque parece inevitable dado el alto número de episodios, aquí se utiliza hasta en dos ocasiones en ocho episodios el manido truco de apuntar obscenamente a un personaje, para a continuación revelarnos que su secreto no era exactamente el que parecía y pasar rápidamente a buscar otro posible asesino.

A diferencia de The killing, he de decir que aquí la identidad final del criminal no fue para mí una sorpresa, puesto que en Broadchurch, como en las buenas novelas de intriga, las pistas están ahí para quien quiera verlas y resultaba bastante evidente, a pesar de lo cual, la tensión lograda en el último episodio cuando va a desvelarse el misterio, resultó casi insoportable. Resolución bastante creíble y que supone todo un golpe para el espectador y cambia por completo las vidas de los protagonistas, con un final cerrado… a pesar de lo cual ya se ha anunciado una segunda temporada.

Broadchurch resulta un tanto más intimista y menos ‘peliculera’ que The killing, aunque esta última resulta un producto mucho más redondo: mejor dirigida, mejor interpretada y mejor llevada en todos los aspectos. Tal vez por eso Broadchurch, algo más deslavazada y de brocha gorda, no me enganchó del mismo modo, aunque tiene momentos muy logrados. Pero es que es prácticamente la misma historia, empezando por la gran pregunta: ¿quién mataría a un niño inocente o a una adolescente modélica? Por ahí ya se engancha al espectador, y luego sobre todo con las reacciones de la madre, incapaz de comprender por qué ha ocurrido eso e incapaz de seguir adelante. En este último aspecto, una de las mejores escenas de Broadchurch es aquella en la que la madre del niño asesinado habla con la madre de la víctima del anterior caso del detective, sencillamente magistral.

Entre las principales diferencias entre las dos series, también me gustaría hacer referencia al tempo. The killing, al menos en sus dos primeras temporadas, sigue los pasos de Twin Peaks, de manera que cada episodio es un día a partir de la desaparición de Rosie, e incluso cada capítulo empieza con el rótulo ‘Día x’, de manera que el caso se prolonga durante 26 días. En cambio, creo recordar que en Broadchurch la acción se prolonga durante un par de meses desde el hallazgo del cadáver, condensados en los ocho episodios de una manera menos marcada.

serie broadchurch

Y pasando a la versión patria, mientras esperamos el estreno de Bajo sospecha, que también gira en torno a la desaparición de una joven perteneciente a una familia… con muchos secretos, acabamos de tener otra historia de intriga en torno a adolescentes asesinadas. Como mencionaba en mi anterior post, La isla mínima, el último gran éxito del cine español pre Torrente 5, que vuelve a demostrar cómo funciona en la taquilla una buena promoción, lo tiene más que complicado para estar a la altura de las dos producciones que acabo de comentar, puesto que su duración no llega a dos horas. A pesar de ello, funciona como una síntesis en versión reducida de dicho argumento.

La película de Alberto Rodríguez arranca con la desaparición de dos adolescentes en un pueblo perdido, lo que nos sitúa más en la línea de Broadchurch, y más concretamente en la siempre sórdida ‘España profunda’. De nuevo tenemos pareja de detectives reunida por azar y de personalidades opuestas: un joven antifranquista al que han degradado por sus inclinaciones políticas y un veterano policía del régimen acostumbrado a perseguir rojos. Y es que, en otro de los puntos de interés del film, la acción se sitúa en plena transición, reforzando el clima de opresión que transpira toda la cinta. Para hacer aún más interesantes a los dos protagonistas, el joven parece pasar por problemas en su matrimonio, retratados en una serie de llamadas telefónicas, y el veterano se ve acosado por los fantasmas del pasado.

La investigación de la desaparición se convierte pronto, y esto apenas es spoiler, en la de un doble asesinato, mientras se empieza a sospechar que el asesino podría haber actuado con anterioridad. Como en las series citadas, los secretos del pueblo y de sus habitantes empiezan a salir de debajo de las piedras, y nadie está a salvo de sospecha. Ocurre, eso sí, que tenemos menos personajes y menos secretos, aunque para dos horas hay de sobra. De lo que tampoco nos escapamos es de algún que otro agujero de guión que pone un tanto en duda la resolución final del misterio, pero nadie es perfecto.

Y por el camino, Rodríguez va dejando apuntes sobre el tráfico de drogas, la represión franquista, el caciquismo, el periodismo sensacionalista, etc., sin perder el buen pulso para narrar una historia redonda, aunque vista mil veces…

…lo que no ocurre con Perdida, que ha venido a sacarme de mi error y a demostrar que no todas las historias están contadas, aunque otra cosa es que valgan la pena. El último trabajo de David Fincher, que tan buenas obras nos ha dado en el género de intriga, como Seven y sobre todo Zodiac, adapta la novela de Gillian Flynn que en los USA desbancó del número 1 en ventas a 50 sombras de Grey, con guión de la propia autora, así que resulta difícil saber cuánto hay de la cosecha del director y cuanta de la novelista.

El film arranca siguiendo las pautas del género, con un matrimonio perfecto y la desaparición de la esposa. A medida que van apareciendo pistas descubrimos que tal vez el matrimonio no era tan ideal, y todo apunta a que el marido se ha cargado a su mujer. En esta primera parte la película sigue, con el impecable pulso narrativo de Fincher, los caminos más trillados del thriller, como bien apunta el protagonista cuando dice “si esto parece un capítulo de Ley y Orden”, serie tan exitosa como académica y anodina. El único punto de interés, y esto tampoco es nuevo, es ver cómo los medios de comunicación, muy a lo USA, convierten la investigación en un circo y al marido en una diana. Por contra, la pareja de policías encargada del caso no tiene el menor interés, aunque la inspectora mantiene el tipo y trata de buscar más allá de las apariencias… que son la clave del film.

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Porque esto solo es el comienzo. Todo cambia por completo a partir del primer gran giro argumental y entonces se nos pasa a contar algo distinto y nunca visto. En el aspecto positivo, el espectador nunca sabe cómo va a continuar el argumento. En el negativo, la autora abusa de giros inesperados y golpes de efecto buscando más la sorpresa a toda costa que justificar las acciones de sus personajes, acercando la historia más que peligrosamente a un esperpento. Y en el film encuentra la complicidad de Fincher, que parece querer componer una parodia de thriller. Vamos, que una ‘peli’ de misterio te acabe pareciendo divertida, no parece el mejor elogio.

Con todo, lo mejor de Perdida, y ahí el film sí funciona a la perfección –pese a que Ben Affleck vuelve a demostrar que está mejor tras la cámara-, es su reflexión sobre la imagen que mostramos a los demás de nosotros, una imagen que puede cambiar en función de lo que queramos conseguir de aquellos con quienes nos relacionamos. Una idea que esta historia lleva al límite, para mostrarnos una verdad tal vez demasiado incómoda.

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