Humor Gráfico, Joaquín Aldeguer, Número 19, Opinión, Tonino Guitián
Deje un comentario

La leyenda legal

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

“Mi papel favorito es el de la mujer, a la que todavía se desea, pero marcada por la injusticia del tiempo” decía, con muy buen criterio y sensualidad, un personaje de Fellini. Como ella, y con su misma frivolidad aparente, sólo creo en dos formas de acabar con la injusticia: la justicia personal y la del tiempo, las únicas opciones que nos permiten a los que nos somos nadie tomar decisiones. Lo demás pertenece a ese gran teatro de las leyes y el Derecho que se nos ofrece como solución a disputas llevadas a un aséptico laboratorio teórico donde se nos hace una disección a fin de que la autopsia iguale nuestro caso con el de los demás, después de un largo y lejano consentimiento muy histórico. Sí, a veces se consiguen cosas interesantes como cambiar el concepto de la institución social del matrimonio, algo que molestó sólo a los moralistas, pero la Justicia que un miserable implora desde el agujero real de su desgracia no se parece a la Justicia que administra entre códigos un magistrado bien alimentado.

La justicia que conocemos y nos dan es sólo una solución en un Estado que precisamente se ahoga en soluciones. Aquí no vemos nunca temblar a los culpables sino siempre a los acusados. España es un país de bárbaros a los que se les ha impuesto la toga romana y donde algunos se revisten de la túnica cristiana para parecer santos manteniendo viva la llama de los tribunales de la Inquisición. En nuestros tribunales actuales se analizan con esfuerzo los casos, se resuelven y –milagro– se multiplican: cada vez salen más corruptos, nuevos ladrones, se alarga la lista de mujeres asesinadas y todavía hay gente que se pregunta qué está pasando, no lo puedo comprender, por qué no existe una solución, que venga Podemos y lo resuelva, esto es culpa del bipartidismo en las leyes, ven Capitán Trueno, cómo lo hemos podido permitir. Y cada día le exigimos más a la sociedad para poder exigirnos menos a nosotros mismos. Una nación de resignados patriotas donde nos miramos unos a otros preguntándonos qué hay que hacer. No debemos olvidar que vivimos en un país donde se concedió una amnistía general que bloqueó nuestra memoria histórica. Jamás se resolvió: unos se quedaron en sus fosas comunes y otros en sus despachos y así quedó un país donde pedir cuentas desde abajo cuesta mucho más que imponer las reglas. Solo desde una perspectiva así de autoritaria un partido puede elaborar una ley de seguridad ciudadana como la que nos va a caer encima.

Desde el momento en que el Gobierno y el Congreso intervienen en la elección de las más altas instancias de la Justicia, poco hay que hacer con toda esta ignominia excepto comprender que los jueces se pongan de parte del gobierno de turno para no ver sus carreras profesionales en entredicho. ¿Supondría la separación de poderes una mejora de la justicia o los juristas se están disculpando con la culpa ajena más que con la inocencia propia? Habría que situarse en casos en concreto, pero en lo general parece ser que sí. ¿Acabarán así esos juicios en los que los jueces se ven obligados a refutar las tonterías que alegan los acusados? ¿Alguien con peso suficiente explicará en voz alta que nosotros los ciudadanos no nos rebelamos contra la autoridad, sino contra quienes llevan usurpándola desde hace años? Somos un país desordenado para contentar a unos y a otros sin contentar a nadie y este desorden es de donde emana la injusticia de un estado que debería aprender a ser parcial sin ser por ello injusto. Una sociedad que aún está por civilizar y que en la calle insiste en aprovechar las injusticias de hoy y aprovechar las de mañana, cuando cambien las cosas. La Naturaleza en esto nos da una lección: cuanto más tarda en vengar los delitos que se cometen contra ella, más cruel es su venganza. Así nos lo demuestra la costumbre y la Historia; no siempre es posible resolver bien un problema, pero siempre es posible resolverlo peor.

Tonino Guitián

Tonino Guitián

Joaquín Aldeguer

Joaquín Aldeguer

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *