Artsenal, Ecto Plasta, Humor Gráfico, Número 19, Opinión
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No he querido saber…

Por Ecto Plasta / Ilustración: Artsenal

La justicia es ciega, todo el mundo lo sabe, y como tal no suele ver muchas de las cosas que ocurren a su alrededor. Es algo que siempre ha pasado y el tintineo de las monedas ha hecho siempre que la justicia, esa dama de ojos vendados y balanza en ristre, mirase (esto es un decir) para otro lado.

Y lejos de ser algo pasado o que les ocurre a otros, sigue estando a la orden del día. No hay nada que cause mayor frustración que ver cómo los culpables de delitos salen indemnes, libres y dispuestos a disfrutar de lo conseguido por medios ilícitos. Pocos son los que, en España, son condenados y ninguno el que devuelve lo robado.

Todos los días nos levantamos con nuevos fraudes, robos o corruptelas cometidos por aquellos que administran lo público, los que deberían dar ejemplo. Da lo mismo el partido al que pertenezcan (aunque los hay más dados a ello, quizá porque simplemente disponen de la oportunidad) todos y cada uno meten la mano o benefician a quien pueden (normalmente gente con más poder que les podrá dar algo a cambio). Hay quien dice que no todos los políticos son iguales, que los hay honrados, pero más bien parece que simplemente no se les ha presentado la oportunidad de demostrar su honradez.

Es curioso que en este momento en el que grandes titulares anuncian a diario nuevos casos de fraude, la justicia parezca menos justa que nunca. A veces desea uno no saber (hay un libro de Javier Marías que comienza precisamente así: “No he querido saber, pero he sabido…”) y sin embargo se termina por conocer para después no poder hacer nada, para que la frustración de ver la impunidad con la que actúan los culpables nos vaya haciendo pensar que el sistema está ideado para aquellos que ganan unas elecciones. Pequeñas dictaduras de cuatro años en las que todo vale. Ya no hay cunetas, pero siguen existiendo jueces en el exilio. Alguno hay que se atreve a plantar cara y al que se le administra justicia de manera casi inmediata, sin que nadie ponga ninguna objeción. ¿Quién lo haría? Nadie, pues a los cuatro años la dictadura podría cambiar de manos.

De esta forma en España, los ciudadanos, que cada vez protestamos menos, si es que alguna vez lo hemos hecho, tejemos nuestras pequeñas corruptelas, perpetramos a pequeña escala lo que políticos, banqueros y poderosos hacen como si esa especie de venganza fuese una solución, cuando es todo lo contrario. Vamos saliendo de un sistema que nos empieza a dar igual y damos por bueno o por lo menos por perdonable el engaño generalizado, pues también nosotros lo hacemos. Les damos una excusa y perdemos toda razón moral.

A veces es mejor no saber, sobre todo si la solución de lo que descubrimos no está a nuestro alcance o si no tenemos ni siquiera intención de ponerle fin al problema.

Ecto Plasta

Ecto Plasta

Artsenal

Artsenal

1 Kommentare

  1. Pedro Carrasco Pérez dicen

    Totalmente cierto. Demostrar que se es honrado cuesta un suplicio. Es mejor no saber pero todos lo sabemos.

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