Arte, Carmen Fernández
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El color en la escultura antigua

Fotografía: Dieter Rehm

Por Carmen Fernández. Viernes, 14 de noviembre de 2014

Serenidad, armonía o pureza son algunas sensaciones que pueden aflorarle si contempla  atenta y lentamente una escultura griega o romana en cualquier museo del mundo. Y probablemente sea el mármol blanco el que inspire gran parte de estas impresiones. Este es uno de los ejemplos más claros de la falsa percepción que tenemos de algunas obras de arte. Cierto es que un museo no es el lugar más idóneo para contemplar cualquiera de estas esculturas: expuestas a la altura de los ojos cuando en realidad muchas estaban concebidas para decorar los tímpanos de templos a varios metros sobre el suelo,  a otras las vemos amontonadas saturando las salas de museos cuando originariamente presidían altares de solitarios y silenciosos santuarios, e intentamos entenderlas pero están descontextualizadas, muy alejadas de espacios para las que fueron concebidas como termas, teatros o atrios de lujosas villae. Pero sobre todo poseemos una imagen errónea de la estatuaria antigua porque no la contemplamos en su plenitud, tal y como los artistas la idearon. Las esculturas de la antigüedad no tenían el aspecto que muestran en la actualidad sino que estaban policromadas total o parcialmente y decoradas con complementos y joyas que no se han conservado.

Fue primero el Renacimiento pero sobre todo el Neoclasicismo (en la figura de Winckelmann) el que contribuyó a fijar en nuestra mente la imagen de estatuas y templos blancos, sobrios y elegantes. Blancos se veían los dioses y héroes liberados de las entrañas de la tierra en las excavaciones de Pompeya, Herculano y Paestum, que no pudieron resistir intactos el paso de los siglos, y el tiempo les despojó de su pátina de color. En algunos casos los arqueólogos encontraban piezas que conservaban algún rastro de policromía pero esta era eliminada por considerarla un anacronismo que afeaba la obra y quebraba su belleza idealizada y pura (afortunadamente algunas se salvaron de esta “limpieza”). Y así las esculturas clásicas fueron reinterpretadas por artistas como Canova o Thorvaldsen que favorecieron la difusión de esa falsa percepción.

Las tres gracias y cupido de Thorvaldsen

Las tres gracias y cupido de Thorvaldsen (1817-1819)

Dispuestos a rendirle cuentas a la Historia y restituir a la escultura antigua su olvidada riqueza visual, un equipo multidisciplinar capitaneado por el arqueólogo alemán Vinzenz Brinckmann ha realizado un proyecto fruto de años de investigación, para devolverle el color a la estatuaria antigua. El cometido es encomiable, el resultado… personalmente discutible. La exposición se puede visitar actualmente en la Gliptoteca de Copenhague bajo el título Transformaciones: esculturas clásicas en color hasta el 7 de diciembre y se compone de 120 piezas originales y sus reconstrucciones pintadas. La muestra ya ha estado en varios museos del mundo, y la pudimos ver en Madrid en el Museo Arqueológico Regional en el año 2010.

Iconos del arte como el Augusto de Prima Porta, la Koré del peplo o Paris del Templo de Afaya en Egina aparecen con un aspecto extraño y −si se me permite− estridente con su nueva policromía.

La valoración personal resulta cuanto menos osada, es cierto, porque el equipo, formado por diversos especialistas ha realizado un meticuloso estudio mediante tecnología avanzada: Rayos X, microscopía electrónica, láser o reflectología infrarroja, técnicas estas que identifican el color incluso en zonas donde el pigmento ha desaparecido por las reacciones químicas en la piedra y ha contado con el parabién de diferentes expertos. No obstante permítaseme la audacia de plantear una serie de interrogantes y discrepancias como por ejemplo ¿se han tenido en cuenta, además de los resultados científicos, las fuentes históricas (tanto escritas como iconográficas e historiográficas) y por supuesto el sentido común? 

Sarcófago de Alejandro fines s. IV a. C

Sarcófago de Alejandro fines s. IV a. C y la reproducción en color propuesta por Vinzenz Brinckmann

La propuesta de Brinckmann sorprende por el uso de colores planos, fuertes, aplicados sin matices ni intención de verismo. Si no se duda del virtuosismo alcanzado en la técnica escultórica (la aplicación de un canon perfecto de proporciones, la consecución de la mímesis de la naturaleza bajo el prisma del idealismo, la expresión del carácter ethos y del sentimiento pathos) entonces ¿por qué no conferir a los pintores igual grado de maestría? ¿Permitirían Fidias, Polícleto, Praxíteles o Lisipo que sus obras fueran policromadas por cualquiera? El “nuevo” Augusto de Prima Porta más parece una burda escayola pintada por un niño que una obra de arte.

Augusto de Prima Porta

Augusto de Prima Porta (s. I d. C) y la reproducción coloreada.

No nos han llegado obras pictóricas griegas, aunque sí romanas, sus más fieles imitadores, y se evidencia en ellas el conocimiento que poseían de técnicas como la encáustica, el temple o el fresco, el uso de claroscuros e incluso de la perspectiva aérea (difuminando los colores en los fondos para crear así la ilusión de lejanía) y la utilización de veladuras, recursos estos que empleaban de forma empírica y que no se volvieron a usar hasta el Quattrocento ya con fundamentos científicos.

Bodas aldobrandinas. Fresco de Pompeya

Bodas aldobrandinas. Fresco de Pompeya (s. I a. C) que demuestra el virtuosismo alcanzado en pintura en la antigua Roma.

Lo que sí conocemos son algunos pintores de la antigüedad como Apeles, Polignoto, Apolodoro, Zeuxis o Parrasio gracias a fuentes escritas. Dice Plinio el Viejo que el griego Zeuxis poseía tal reconocimiento entre sus coetáneos, que llevaba su nombre bordado en letras de oro en la capa y recoge una curiosa anécdota donde el pintor discute con Parrasio sobre quién poseía una mejor técnica ilusionista. Así, Zeuxis “presentó unas uvas pintadas con tanto acierto que unos pájaros se habían acercado volando a la escena, y aquel (Parrasio) presentó una tela pintada con tanto realismo que Zeuxis, henchido de orgullo por el juicio de los pájaros, se apresuró a quitar al fin la tela para mostrar la pintura, y al darse cuenta de su error, con ingenua vergüenza, concedió la palma a su rival, porque él había engañado a los pájaros pero Parrasio le había engañado a él, que era artista” (Plinio, Historia Natural XXXV, 65).

Busto de Calígula

Busto de Calígula (37 – 41 a. C) y su reproducción polícroma.

 ¿Alguna de estas réplicas puede considerarse tan realista que engañe a un pájaro? Los descubrimientos científicos parecen incuestionables, entonces ¿cómo es posible que su plasmación nos resulte tan desacertada? ¿En qué ha fallado el equipo de Vinzenz Brinckmann? Quizás el problema no esté en los resultados sino en las conclusiones que se extraen de esos datos.

León de Loutraki (c. 570-560 a. C)

León de Loutraki (c. 570-560 a. C)

Koré del peplo de Atenas (540 a. C)

Koré del peplo de Atenas (540 a. C)

Si observamos a cualquier artista pintar, veremos cómo la obra se construye mediante una base de colores planos y saturados a la que poco a poco se van superponiendo diferentes capas de color que son las que van otorgando volumen y realismo a través de claroscuros y veladuras.

Si el paso del tiempo destruyera esas últimas partes del proceso, la imagen que veríamos no tendría nada que ver con el aspecto de una obra terminada. Estaría desvirtuada. Las sofisticadas técnicas empleadas para recuperar el color de la escultura antigua han podido detectar los restos de pigmento que conforman esa primera base polícroma, pero es imposible que logren reconstruir las capas más exteriores (las más delicadas y frágiles) porque no existe ningún resto de ellas.

Mucho más factible nos resulta la réplica policromada de la cabeza de la Diosa de Herculano para la exposición Entre dioses y hombres del Museo del Prado en el 2009.

La Gran diosa de Herculano (s. I d. C)

La Gran diosa de Herculano (s. I d. C)

Además, una visita al Museo Arqueológico de Atenas puede darnos más argumentos para considerar que esta exposición ofrece una percepción de la escultura antigua igual de errónea que las estatuas blancas. Es un simple fragmento en una vitrina junto a muchos otros que puede pasar inadvertido ante tantos iconos del arte clásico pero que posee una fuerza y un magnetismo imposibles de ignorar. Son solo unos ojos conformados por piedras encastradas que pese a su color, no despojan el mármol de sobriedad y elegancia sino todo lo contrario.

Es solo un atisbo, una pálida huella que ha podido conservarse, de lo que pudo ser la escultura antigua.

Fragmento de escultura griega en Museo Arqueológico de Atenas

Foto: Carmen Fernández. Fragmento de escultura griega en Museo Arqueológico de Atenas

 

Carmen Fernández

Carmen Fernández

2 Kommentare

  1. Escultor Pablo Olivera dicen

    Creo que la posible vision del arte antiguo con color, aparece como algo que choca con la experiencia que ya se tiene del propio material, particularmente con las esculturas de piedra.
    Si el color daba un supuesto naturalismo a las piezas como necesidad de acercarlas a la realidad, actualmente no se necesita esa impresion ya que han sido asimiladas y valoradas como obras de arte.

  2. fran dicen

    Por fin encuentro una reseña mínimamente crítica con esta nueva abominación que son las reconstrucciones “científicas” de obras de arte. El hecho de que los originales fueran policromos (si efectivamente lo fueron, porque ¿quién puede asegurar que no fueron pintados posteriormente?) no justifica esta convergencia con Pokemon o los Simpson. El hecho de que se hayan encontrado muestras microscópicas de tal o cual pigmento no implica que los artistas se limitasen a colorear los huecos con rotuladores Carioca. Hay, afortunadamente, multitud de ejemplos de esculturas policromadas que desmienten semejante despropósito, e incluso intentos de reconstrucción , quizás no tan pretendidamente científicos (ni tan rentables mediáticamente), pero que al menos demuestran una cierta intuición artística, que me parece esencial cuando se trata de reconstruir obras de arte.
    Otros ejemplos aquí.
    Muy interesantes también los comentarios a esta entrada. y a ésta.

    Otros (en inglés):
    http://timesonline.typepad.com/dons_life/2007/12/were-ancient-st.html
    http://hyperallergic.com/159420/what-do-classical-antiquities-look-like-in-color/

    Un saludo.

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