Actualidad, Nacional, Número 18, Reportaje
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Cataluña ante su futuro

Gurb

Reportaje

Redacción. Foto: Oscar Minyo. Viernes, 7 de noviembre de 2014

Cataluña vive el momento más delicado de su historia. Romper con el Estado español o seguir unido a él es una cuestión política que deberán decidir los ciudadanos en algún momento histórico pero conviene no olvidar que detrás de esta decisión marcada por las emociones y los sentimientos nacionalistas pesan factores económicos que no se deben perder de vista. ¿Es viable un estado catalán soberano? ¿Cuánto le costaría a los catalanes la ruptura con España? ¿Se reduciría el paro, aumentaría el producto interior bruto de esta región? ¿Sería una catástrofe para la economía catalana tener que salir del euro?

Todas estas cuestiones están siendo analizadas por economistas, gabinetes jurídicos, entidades privadas y organismos públicos de todo tipo. Ha estallado una especie de guerra de informes y dosieres que tiene como objetivo ganar la partida de la opinión pública, es decir, convencer al ciudadano de que su decisión tendrá unas consecuencias con el fin último de desequilibrar la balanza hacia el sí o hacia el no a la independencia. Por un lado está el Gobierno español, que ha emprendido una campaña apocalíptica basada en un supuesto estudio técnico tan sospechoso como parcial del Ministerio de Asuntos Exteriores. Por otro la Generalitat y los partidos soberanistas, que venden un futuro esplendoroso para una Cataluña independiente en el que la riqueza entrará a raudales en cada hogar catalán. En medio, toda una amplia gama de informes para todos los gustos elaborados por bancos y entidades financieras de todo el mundo. Pero ¿cuál es el estudio técnico más objetivo y afortunado en sus vaticinios? Ésa es la gran pregunta. A fecha de hoy nadie sabe con exactitud qué podría ocurrir si Cataluña decide emprender el camino de la independencia ni qué costes económicos conllevaría tal decisión.

Según el análisis que hace el Ministerio de Asuntos Exteriores español, “este informe persigue proporcionar referencias académicas sobre las consecuencias económicas de una hipotética independencia de Cataluña, asumiendo una responsabilidad de la que han dimitido precisamente aquellos que promueven los proyectos de ruptura”. Toda una declaración de intenciones y aviso para navegantes en el primer párrafo. La primera consecuencia económica de la que alertan los técnicos del Gobierno central sería que Cataluña “no formaría en ningún caso parte de la Unión Europea y por tanto del euro”. Cataluña es la comunidad autónoma con el PIB más elevado de España, rozando el 19% del total, pero también la más endeudada en términos absolutos, y si bien es una economía muy diversificada que ha realizado un importante esfuerzo de internacionalización, “una gran mayoría de los estudios realizados por economistas así como por algunos bancos de inversión internacionales, asumen que las consecuencias económicas de una potencial independencia de Cataluña serían muy graves”, asegura el ministerio. Además, las exportaciones a la UE caerían en 7.400 millones de euros y las de las comunidades autónomas en 28.000 millones, más una pérdida adicional de 1.269 millones en fondos regionales europeos. En total una caída de 36.699 millones (un 18,8% menos de PIB). Los efectos en el turismo también se dejarían sentir: por cada 100.000 turistas de otras comunidades autónomas que dejan de ir a Cataluña, ésta pierde 15,5 millones y por cada 100.000 extranjeros la pérdida es de 97 millones de euros.

En el lado opuesto a la catastrofista visión del Gobierno central se sitúa el informe El éxito de los pequeños países, el último estudio realizado por el Instituto de Investigación de Credit Suisse, que arroja luz sobre una tendencia importante: el surgimiento de los estados pequeños. El informe cree que los estados independientes más limitados en superficie tienen garantizado el éxito económico siendo autosuficientes. Credit señala que los países pequeños se han convertido en uno de los éxitos económicos de los últimos veinte años en todo el mundo. “En el caso de Europa, a condados pequeños como Suiza y Suecia les fue mucho mejor durante la crisis de la eurozona”, aseguran Mike O’Sullivan y Stefano Natella, los autores del estudio. ¿Qué es lo que hace que los países más reducidos tengan tanto éxito en lo económico? Según el estudio, en términos de educación, salud e infraestructuras los estados minúsculos funcionan mejor en comparación con los países de tamaño medio. Por ejemplo, el índice de desarrollo humano de la ONU (que combina la renta nacional bruta per cápita, educación y salud) es mayor en los países pequeños, que constituyen más de la mitad de los 30 estados más avanzados del mundo. La desigualdad de la riqueza también es menos acusada. Además, según Credit Suisse, la homogeneidad cultural y étnica tiende a lograr índices de desarrollo humano más elevados que en los grandes estados, donde la diversidad social es mayor. A estos factores se une el de la apertura comercial: “En general, los países pequeños son más abiertos al comercio internacional o han abrazado la globalización en un grado mayor que los países más grandes”, escriben O’Sullivan y Natella. Su mayor especialización en la facturación de productos autóctonos ayuda a los países pequeños a conseguir el éxito en un entorno cada vez más competitivo, como es el de la atracción de las filiales extranjeras de las grandes corporaciones.

Imagen: Palau Robert. Patrimoni Generalitat.

Un grupo de castellers, una tradición ancestral catalana. Imagen: Palau Robert. Patrimoni Generalitat.

Otro punto importante es el de la carga de impuestos y tasas, un problema que en Cataluña es especialmente complejo, ya que muchos catalanes creen que pagan más de lo que reciben del Estado español. “En nuestra investigación encontramos que los países grandes tienden a imponer mayores tasas de impuestos a las personas, hasta en un 5 por ciento más”. Por lo tanto, el costo de la financiación de los servicios públicos para el individuo es mayor en los países más grandes que en los países pequeños. Esto es cierto en teoría también para tarifas empresariales, que son más elevadas en los países de mayor tamaño. Si bien el estudio señala que los estados pequeños son, en muchos casos, más exitosos económicamente que los grandes, en algunos “nuevos” países, donde el marco institucional y jurídico aún no se ha desarrollado plenamente, quizá deba transcurrir un periodo de adaptación antes de que se dejen sentir los beneficios de la independencia que el informe de Credit Suisse vaticina. No obstante, los expertos avisan: “muchos de los factores que han contribuido al éxito de los países pequeños de Centroeuropa y los Alpes, o de los países nórdicos, no son transferibles a otros estados que quieren independizarse”.

Y por último está el asunto que más preocupa a todos en Cataluña. ¿Habrá más o menos paro siendo Cataluña un país independiente de España? La organización Sociedad Civil Catalana (SCC), que se opone al proceso soberanista, ha presentado un informe en el que avisa de que la independencia de la comunidad autónoma destruiría más de 440.000 empleos, el equivalente a un 16% de ocupación, lo que elevaría la tasa de paro hasta el 34,4%. El economista José María Gay de Liébana asegura que “económicamente no es viable una Cataluña independiente”, que además supondría índices de paro todavía mayores. Sin embargo, desde la Generalitat se niegan estas cifras y se recuerda que no se pueden lanzar previsiones alegremente sobre empleo sin tener en cuenta otros factores económicos previos que modificarían la situación. Cifras y cifras que no hacen sino confundir al ciudadano, que se encuentra ante la encrucijada más importante de la historia de Cataluña.

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