Humor Gráfico, LaRataGris, Lidón Barberá, Número 19, Opinión
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Adosado en la Ciudad de la Justicia

Por Lidón Barberá /  Ilustración: LaRataGris

Había una vez una época en la que los periodistas encargados de sucesos y tribunales se las veían cada día con traficantes, delincuentes de medio pelo, agresores sexuales y, muy de vez en cuando, un asesinato de esos con algún toque más mediático de lo normal. Se sabían casi de memoria los casos, las rutinas, lo que iba a pasar cada semana. Los de sucesos eran los de sucesos e ir a la Audiencia era ir a pasar la mañana rodeado de delincuentes de toda la vida, los quinquis del colegio que se habían hecho mayores.

Pero luego, todo cambió. Los juzgados y las audiencias se convirtieron en Ciudades de la Justicia, así tan grandilocuente y tan en mayúsculas, como si alguien hubiera sabido, mucho tiempo atrás, las grandes cosas que iban a pasar allí. Los juzgados de siempre se quedaban pequeños para la que se nos venía encima. Ciudad de la Justicia, en cambio, suena a sentencia, a grandes delitos y a grandes temas. Menos mal.

También cambiaron los ‘inquilinos’ de los juzgados. Ya no eran solo cosa de pequeños delincuentes, homicidas sin remordimientos y algún despistado que pasaba por allí y acabó en la cárcel. Hasta la delincuencia se ha democratizado y hasta los artistas, los políticos, los empresarios o los arquitectos entran por la puerta grande en la Ciudad de la Justicia.

¿Y qué fue de los periodistas de sucesos? ¿Qué redactores habitan ahora los juzgados? Se ve, desde fuera, esa extraña mezcla de ‘castas’ periodísticas, en la que igual te encuentras a un redactor de deportes haciendo guardia para coger declaraciones al representante de un futbolista que no paga impuestos porque no sabía que eso existe que ves a los reporteros del corazón meter la alcachofa hasta la tráquea al cantante que tampoco sabía que ese dinero que le daban el bolsas de basuras tenía que oler mal. Siempre están también los redactores de política esperando al último gran jefe caído en desgracia y hasta los de Economía, que han cambiado los bancos por los banquillos. Todo el mundo tiene su adosado en la Ciudad de la Justicia.

Lidón Barberá

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LaRataGris

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