Cine, Miquel Mora
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¿Ya están contadas todas las historias?

♦ El niño y El hombre más buscado: Eficacia de sobra, falta de originalidad alarmante (Y otro tanto para La isla mínima)

 

Por Miquel Mora. Sábado, 18 de octubre de 2014

Hay quien dice que todas las historias están contadas ya en la Biblia, o si nos remontamos solo unos pocos siglos atrás, que Shakespeare ya abordó todas las pasiones humanas. Hay quien dijo que la literatura, o más bien creo que era la novela, ha muerto. Tal vez eso resulte exagerado, pero cuando uno ha cumplido los 40 y lleva desde su infancia viendo películas, leyendo libros, cómics, y en los últimos años devorando series de televisión, la verdad es que resulta muy difícil que te sorprendan y da la sensación de que, efectivamente, escritores, autores y guionistas llevan años dándole la vuelta a los mismos cuatro argumentos en todas sus variantes posibles.

Una idea en la que me reafirmo a raíz de las dos últimas películas que he visto en el cine, El niño, el último y megapublicitado éxito del cine patrio, y El hombre más buscado, última adaptación a la pantalla grande del maestro del thriller John Le Carré, también bastante promocionada aunque sin tanto éxito en la taquilla, puede que porque el protagonista no sea Tom Cruise o Brad Pitt, sino Philip Seymour Hoffman, en uno de sus films póstumos.

Ambos son dos ejercicios impecables de cine negro, cada uno optando por un distinto enfoque, con una dirección solvente y eficaz, un derroche de medios técnicos que proporcionan un envoltorio visual perfecto, e interpretaciones sobresalientes en el caso de sus protagonistas principales, Luis Tosar en la cinta española y Philip Seymour Hoffman en la norteamericana, rodeados ambos de un elenco de secundarios de lujo.

Como consecuencia, las dos propuestas cinematográficas son un disfrute para el espectador, que verá bien invertido el dinero de la entrada… con el único ‘pero’ de que ninguna de ellas dejará huella en su memoria, ya que empezará a olvidarlas en cuanto salga del cine. Y es que, por desgracia, y este es un mal cada vez más frecuente en el cine actual, hay una gran inversión de medios y dinero pero poco guión al que sacarle brillo.

En el caso de El hombre más buscado, desconozco el original literario de John Le Carré, pero vaya por delante que en este caso la adaptación a la gran pantalla ha quedado muy por debajo de El jardinero fiel y la nueva versión de El topo, dos auténticas obras maestras. La película sigue de una manera milimétrica y fría, ya apuntada por su director, Anton Corbijn, en su anterior El americano, en la que el único problema era ya su anodino guión, el trabajo de un grupo especial de espías dirigido por el personaje encarnado por Seymour Hoffman, que trata de descubrir si un inmigrante ilegal recién llegado a Hamburgo es un terrorista.

el hombre mas buscado

La trama se sigue con interés, pero como dije, se olvida en cuanto aparece ‘Fin’ en la pantalla, ya que carece de novedad alguna o una mínima sorpresa. Es cierto que hay un giro inesperado… pero solo inesperado hasta cierto punto o para el espectador poco versado, porque esa historia ya la hemos visto antes, y por poner un ejemplo cercano, Smiley, el protagonista de El topo, resulta mucho más interesante que el ‘héroe’ de esta ocasión.

Peor resulta el caso de El niño, con una historia menos vista y trillada que la anterior, pero con resultados aún más decepcionantes. En realidad, el film de Daniel Monzón, también lejos de la fuerza de su anterior Celda 211, nos propone dos tramas que apenas se entrecruzan, ambas carentes de interés. Por un lado, y con más de un punto en común con la historia de El hombre más buscado, tenemos a un grupo de policías que tratan de acabar con una red de narcotraficantes mientras se cuestionan si lo que hacen tiene algún sentido. Y por otro, se nos muestra de una manera bastante ‘didáctica’ qué ocurre cuando tres chavales tratan de levantar un imperio criminal basado en el tráfico de drogas sin tener dos dedos de frente. En resumidas cuentas, que ninguna de las dos historias engancha de verdad, y solo el oficio de director y actores salva la papeleta. Pero si El niño es la película del año solo porque Monzón sabe rodar a la perfección cómo un helicóptero persigue a una lancha motora… (y encima sin mostrar la imagen realmente complicada de rodar…) pues extraña y mucho que esta película haya estado en la terna de posibles candidatas al Oscar.

el niño

Dije que hablaría de dos películas, pero al final serán tres, pues otro tanto ocurre con La isla mínima, nuevo, afortunadamente, éxito del cine español. Aquí encontramos otro brillante ejercicio de género, en el que el punto más sobresaliente es la dirección, en este caso demostrando gran pericia técnica sobre todo a la hora de dirigir una persecución automovilística nocturna como pocas hemos visto en pantalla. Pero una vez más no hallamos nada que no hayamos visto antes, un mínimo de originalidad, a excepción de los planos aéreos de las marismas con los que el director parece querer relativizar la trama, como dando a entender que los hombres y sus miserias pasan mientras la naturaleza queda, sin que le importen nuestras penas.

Bastante más lograda, sólida y coherente que El niño, no ofrece sin embargo nada más que, y me resulta extraño que nadie lo haya apuntado aún, la película que todos sabíamos llegaría sobre el crimen de las niñas de Alcàsser. Porque resulta más que evidente desde el minuto uno del metraje cuál ha sido la inspiración principal de Alberto Rodríguez a la hora de pergeñar la trama, junto a algunos elementos de La Dalia Negra. Todo muy bien llevado, y por fortuna dejando algunos cabos más o menos sueltos al final, pero que no espere el espectador ninguna sorpresa. Como dice uno de los personajes, “aquí funcionan las cosas como en todas partes”.

Tal vez por eso vivimos la gran era de las series de televisión, porque en ellas pueden contarse historias infinitamente más complejas y con más personajes, dado que, a diferencia de una película, no tienen la duración limitada a dos horas, que en buenas manos pueden dar para mucho, pero tampoco se pueden hacer milagros. Sin ir más lejos, El hombre más buscado vendría a ser un buen par de episodios de Homeland –aunque aquí Saúl no gana-, El niño los dos mejores episodios de El Príncipe, y a La isla mínima le resulta imposible llegar a la complejidad de series como The killing o Broadchurch, que en esencia tienen el mismo punto de partida, pero muchas más horas para desarrollar tramas y personajes. Bastante hace La isla mínima con menos de dos horas.

Y es que, como en los libros o los cómics, en la pequeña pantalla una historia puede prolongarse indefinidamente… si la audiencia aguanta. Pero esa es otra cuestión…

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