Francisco Cisterna, Gatoto, Humor Gráfico, Número 17, Opinión
Deje un comentario

Réquiem por un periodista español

Por Francisco Cisterna / Ilustración: Gatoto

Tuve la suerte –ya entonces lo era– de trabajar en dos periódicos, dos emisoras de radio y en ninguna televisión. Las emisoras siguen en pie. Existen más cadenas de televisión que de radio y los periódicos han cerrado. El papel prensa está herido de muerte, y no digamos el couché. Pocos son los papirolectores, y menos son los que están dispuestos a pagar por la información, a menos que sean del CNI, especuladores, o trabajen en una casa de apuestas deportivas. He tenido muchos amigos en la profesión o en el oficio –que todavía hay controversia–, pero tengo muchos más en el paro sin una mala entradilla que llevarse a la boca ni un titular que les consuele… Tratamos de la crisis de los medios y nos olvidamos de los mediadores. Talento desperdiciado a raudales, dilapidado. Miles de horas de estudio y formación. Miles de millones invertidos en instruir legiones de periodistas que ganarían la batalla de la sociedad de la información. Generaciones y vidas en blanco, en un angustioso folio en blanco, o a medio escribir. Vocaciones sin estrenar o interrumpidas, sin solución de continuidad, por la crisis económica. Empresas ERE-dadas y profesionales desheredados. Pero, ¿quién se ocupa de nosotros? –no digo ya preocupa–. Al parecer, no merecemos ni un pobre reportaje ni un mal informe por parte de nuestras ex, cuando en términos porcentuales, seguramente seamos uno de los colectivos más castigados por el desempleo. Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero un simple reportaje tuyo bastará para aliviarme. Pero, no. No mentemos a la bicha en casa del herrero. No vende. No se lleva bien con el Estudio General de Medios. ¿Un medio que dedica reportajes a sus trabajadores despedidos? Lo nunca visto. ¿Un medio que informa de la desesperada situación de sus ex compañeros, de su negro futuro? Lo que nunca veremos. No somos despedidos de la Coca-Cola ni mineros del carbón; eso sí vende. Si acaso una fría nota –forzada por el comité de empresa– informando de las milagrosas y exitosas reestructuraciones de plantillas, que elevarán las ventas y engordarán el paro. Así empezó el éxodo hacia la tierra prometida de Internet. El veneno que nos mata es el antídoto salvador. El reino de la tinta digital y sus adláteres enredados y enredadores. El intangible software de la nada. El abismo lógico donde millones de voces luchan a golpe de ratón por hacerse oír. Pero, ¿quién las oye? ¿Quizás los megustas caprichosos, que imponen su tiranía discriminatoria con el dedo delator? Hace años se tuvo por máxima que un hecho solo existe si es noticia. Llegará el día que podamos afirmar –tiempo al tiempo– que una noticia solo existe si es megusta. Nunca el medio fue tanto el mensaje como lo es ahora.  Y en este mentidero digital sin pies ni cabecera, miles de seudoinformadores en red, con infinitas capacidades reproductivas, quieren venderte sus historias: auténticas o inventadas. ¡Qué más da! Todo sea en aras de la libertad de expresión, tantas veces confundida con el derecho a la información. Uno puede comunicar en un tweet que el Granada empató a cero con el Elche, pero eso no le convierte en periodista deportivo. Así, ejércitos de twitipitifláuticos, Locomotoros de la información, capitanes Tanes de sus viajes, Valentinas del cotilleo, Espinetes del panfleto, Caponatas del chismorreo, facebusteros y blogueros, con secreta y tardía vocación periodística, juegan a informar de lo divino y lo humano. Comentaristas de lo filtrado por un amigo que trabaja en no sé dónde o de lo glosado con su vecina del 3º mientras tiende la ropa. Éramos pocos y llegó el ébola. Ni cien vidas de cien años luz –¡que ya es vivir!– bastarían para engullir los millones de billones de mensajes y escritos que anidan y pululan en el firmamento electrónico. ¿Cómo los descubro? ¿Dónde está escondido, entre tantas estrellas,  ese Cervantes anónimo o esa preciada información que puede cambiar El Mundo o El País? La realidad digital es tan plural, tan abrumadoramente plural y enriquecedora, que no hay cabeza que la albergue ni tiempo para amueblarla. Los mediadores siguen siendo necesarios en este caótico y embravecido mar si no queremos ahogarnos en la creciente marea de la multi(des)información.

 

Jaculatoria a la prensa escrita Bendita Prensa estructurada, que de un  simple vistazo todo lo abarcaba. Benditas Secciones, que me ordenan las informaciones. Bendito papel, que el Mundo entero cabe dentro de él. Mi cultura es el papel y mi religión la letra impresa. Amo el papel, Señor, el papel prensa, el papel cebolla, el papel charol. Alabado sea el papel higiénico, el papel pintado, el papel timbrado. Bien hallado sea el papel moneda, el de fumar y el de envolver. Bienaventurado sea el papel del bueno en las películas, el papel en blanco y hasta el papel mojado. Bendito sea, ¡oh, Señor!, sobre todas las cosas, el papel de la prensa en la sociedad. Prometo, Señor, que por mis venas siempre correrá tinta, tinta fresca, tinta embriagadora, fresca tinta de imprenta, hasta el día que me muera. “Por eso, doctor, solo por eso, falseo los análisis. Aunque bien, bien, lo que se dice bien, no estoy”. “Ni es para estarlo, hijo, ni es para estarlo.”

 

Francisco Cisterna

Francisco Cisterna

Gatoto

Gatoto

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *