Cine, Mario Vitale
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Nils Malmros y el desconcierto

Por Mario Vitale. Miércoles, 8 de octubre 2014

Aunque no he logrado confirmarlo todavía, parece que Cineuropa, la magnífica y prolija selección que Santiago de Compostela hace del cine europeo desde hace ya 27 años, tiene previsto programar para el próximo noviembre un ciclo de uno de los grandes directores europeos de la actualidad. Es danés. Los nombres que podrían surgir en la mente de todos podrían ser dos consagradísimos en festivales de postín, salas, prensa y público en general: Lars von Trier y Thomas Vinterberg. Pero ocurre que no se trata de ninguno de los dos, sino del muy desconocido y emocionante Nils Malmros, 12 y 25 años mayor que los dos mencionados, y muy alejado de los dogmas, polémicas u obsesiones personales con los que, con frecuencia, se adorna el narcisista von Trier.

Es tentador, y nada hay más constante y digno de atención que las tentaciones, hacer una comparación entre la doble vida profesional del danés Nils Malmros, nacido en 1944 en la ciudad de Århus. Su dedicación al cine transcurre paralela, aunque adelantada, a la de su actividad como médico, y no cualquier especialidad: neurocirujano. Para el afortunado espectador que ha tenido la ocasión de ver unas cuantas de su docena de películas no es arriesgado conjeturar que su precisión en los retratos de los personajes, su utilización de los escenarios –interiores y exteriores– o su, para algunos, tajante concatenación y/o conclusión de secuencias tenga algo que ver con la precisión, utilización y tajadura del bisturí, las tijeras o las pinzas con las que un neurocirujano se aventura en el infinito océano de un cerebro dañado o en peligro. La materia prima de la que se nutren las películas de Malmros es otro vasto océano azotado de contradicciones, resacas, mareas y alguna calma: los sentimientos. En sus películas son habituales las encrucijadas y desorientaciones que surgen, inevitable y trágicamente, en las distintas etapas de la vida, cuando lo vivido y apenas alcanzado ya no sirve ni da sentido a la nueva situación. Por eso, creo, Malmros ha puesto en ocasiones un empeño especial en rodar en continuidad la presencia de sus actores para conseguir plasmar, siquiera trágicamente resumida en dos horas, los cuerpos, voces y miradas que inevitablemente mudarán durante el rodaje de la película. Una continuidad que a veces se ha prolongado años para captar ese tránsito de una etapa a otra, lo que ha convertido, en mi opinión, a Malmros en uno de los mejores retratistas de la juventud en el cine moderno. Ahí están para quien quiera acercarse a verlas El árbol de la vida (Kundskabens træ, 1979-1981), La Bella y la Bestia (Skønheden og udyret, 1983), Pena de amor (Kærlighedens smerte, 1992) o Corazones afligidos (Kærestesorger, 2009). Superdotado cineasta del desconcierto, Malmros plasma inmejorablemente el casi siempre preceptivo paso por el vacío y el dolor como inequívoca señal de una vida que se vive al tiempo que se consume, y todo esto sin que en sus películas falte o escasee la alegría y el amor, la música y la danza. En suma, el movimiento.

Nils Malmros 1

Con Afrontar la verdad (At kende sandheden, 2002) Malmros vuelve a un terreno no menos personal ya que se trata, ni más ni menos, que de contar la vida de su propio padre, el célebre neurocirujano Richard Malmros, cuya deriva existencial ya es imposible rodar en continuidad. Con semejante tema hubiera sido fácil dejarse llevar por un relato panegírico y unidimensional, pero el acercamiento que Malmros hijo hace de Malmros padre no está muy lejos de esa poética del desconcierto de la que antes hablaba, sólo que aquí ya no se trata de pasar de una etapa a otra, sino del recuento y recuerdo atormentado de un anciano médico acosado. Rodada en blanco y negro para evitar demasiadas impresiones asociadas con la visión de la sangre, como cincuenta años antes hizo nada menos que Hitchcock con su Psycho, aquí asistimos a una magistral representación de un destino repleto, como no podía ser menos, de encrucijadas y decisiones, concentrándose una vez más el destino y la fatalidad al lado de una singular voluntad, lo que propicia que esta película sea tanto una lección de bioética y conocimiento médico a la vez que una melancólica visión de un periplo trágico pero asumido, donde una vez más son los sentimientos –que se imponen sobre el conocimiento científico, el prestigio o los logros profesionales– los protagonistas de esta apasionante historia.

Nils Malmros 3

Su última película incide en el buceo autobiográfico, atreviéndose a reflejar un estremecedor episodio que arrasó su propio núcleo familiar. Una vez más, el desgarro, la perplejidad y los abismos de la psique y el corazón humano –esta vez todos en carne propia– tienen un admirable tratamiento donde es posible la convivencia (ya presente desde el mismo título, que traducido sería algo así como Pena y Alegría) del escalofrío y la serenidad, impensables en la obra –y la vida– de cualquier otro cineasta. Antes de ver esta impresionante Sorg og glæde (2013) recomendaría ver una película anterior con la que está directamente “implicada”, y mi favorita de todas las que ha realizado: Skønheden og udyret (La Bella y la Bestia, 1983), o como plasmar inmejorablemente –con una sutil combinación de patetismo y lirismo– la perturbación, el lamento, el fastidio y la desazón que puede provocar la desatadura de unos lazos que se intuyen irreparablemente devastados por el tiempo.

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