Humor Gráfico, L'Avi, Lidia Sanchis, Número 17, Opinión
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Lord Jones tenía tarjeta black

Por Lidia Sanchis / Viñeta: L’Avi

El periodismo ha muerto. La novela está en crisis. Los personajes no son esenciales para la narración (lo afirmaba ya Alan Robbe-Grillet allá por 1957). La poesía no necesita de la rima para tener sentido. Una obra de teatro se puede representar ante tres únicos espectadores y la acción se puede desarrollar consecutivamente en tres salas (salitas más bien). Estas y otras afirmaciones categóricas las venimos escuchando desde que Alfonso Guerra usaba paletón y chaquetas de pana, o incluso desde antes. Y quizá sean ciertas.

Especialmente preocupante, puesto que soy del gremio, es la anunciada y vuelta a anunciar muerte del periodismo, ese viejo oficio de contar a la gente lo que le pasa a otra gente… y de hacerlo tan magistralmente que aunque no estemos en ninguno de los dos extremos de ese hilo nos sintamos implicados, incluso cohesionados como sociedad gracias a aquello que nos cuentan. Porque para mí eso es el periodismo: un lugar de encuentro, un punto de confluencia, una argamasa capaz de conectar al obrero en paro y al inspector de hacienda que, en principio, no tendrían nada en común.

Dicen que el periodismo no está en crisis, sino que quienes lo están son medios tradicionales y la sociedad entera. La precariedad laboral que sufrimos –cuando no la pobreza misma, no hay más que mirar algunas nóminas… cuando las hay; o las condiciones de semi-esclavitud en las que trabajan algunos, con jornadas interminables casi por lo que cuesta un bocadillo– es la misma que sufre el tendero de la esquina o el obrero de la fábrica azulejera, incluso que el abogado del turno de oficio. No somos especiales. La caída de las ventas, la reducción de los ingresos por publicidad, la apetencia por el “gratis total” de internet, y el cada vez más bajo nivel de educación son razones suficientes para que se haya cocinado esta larga crisis de la que aún no se vislumbra el final. Y –quizá lo más penoso– es que ese magma cristaliza en malos profesionales o, mejor dicho, en un mal uso de la profesión en donde todo vale: desde escribir con faltas de ortografía a hacerlo sin contrastar los datos; desde la falta de rigor a la invención de bulos; desde la precipitación al ‘escribe para que te entienda mi abuela’. Tenía un compañero de carrera que afirmaba que el periodismo es un oficio de proletarios. Después de veinticinco años de analizar la frase y de otros tantos de experiencias en el oficio, creo que he entendido a qué se refería.

Pero esos proletarios a los que leen, escuchan o ven (qué más da si es en un medio tradicional o en twitter) son más necesarios que nunca; sus fotografías, sus crónicas, sus vídeos, son esenciales para desvelar la verdad. Hace un siglo que Chesterton dijo aquello de “el periodismo consiste esencialmente en decir ‘lord Jones ha muerto’ a gente que no sabía que lord Jones estaba vivo”. Ese es o debe ser el papel fundamental de los periodistas: localizar a los lord Jones de nuestro entorno, señalarlos y vigilarlos. Y cuando finalmente mueran seguir haciéndolo en las necrológicas. Que ningún ataque de amnesia nos haga olvidar que lord Jones tuvo una tarjeta black y que se pagó unas putas con ella. Decir otra cosa a los lectores, los oyentes y los telespectadores sería indigno del mejor oficio del mundo.

 

Lidia Sanchis

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L'Avi

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