Artsenal, Humor Gráfico, Número 17, Opinión, Xavier Latorre
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Exclusiva mundial

Por Xavier Latorre / Ilustración: Artsenal

Soy Teresa Romero. Sí, ésa, la misma, la auxiliar de enfermería infectada del virus del Ébola. Gracias a los sueros, a los antibióticos y al plasma de la monjita negra, a la que no quisieron traer con el misionero Pajares y que luego tuvieron que implorar para que viniera a arreglar con su sangre el estropicio montado, estoy viva y coleando. Soy famosa en todo el mundo, el primer caso de contagio en Occidente y va y lo puedo contar en vivo y en directo. Tras unos cuidados extremos de excelentes profesionales, víctimas de la medio desmantelada red sanitaria madrileña, estoy ya repuesta de mi grave dolencia. Ahora soy un ejemplo a seguir, y muchas personas se han alegrado por mí y también por saber que hay posibilidades de cura en caso de pandemia.

Oigo la radio y me entero de que Rodrigo Rato, Ángel Acebes, la banda de los Pujol y otros forajidos me han disputado las primeras páginas de los periódicos. Sin embargo sé que soy una bomba informativa incontrolada, de efecto retardado. En cuanto abra la boca, en cuanto comience a hablar, si me apetece, la puedo montar muy gorda. Me han dicho las enfermeras que el consejero de Sanidad, tristemente famoso, me envía flores cada día. La ministra Ana Mato ha hablado con mi familia y les ha ofrecido una mejora laboral para mí y que elija el destino que más me interese. Los tengo temblando de miedo, puedo hacer lo que quiera con ellos. Quizás preferirían que la hubiera palmado para obtener el silencio eterno, pero no me ha dado la gana de irme al otro barrio. Se han quedado con las ganas.

En el primer plató televisivo que pise al salir del Hospital voy a contar que al leer las disculpas del consejero me dieron arcadas y que cuando veo algunas grabaciones estelares de la ministra escurriendo el bulto me enciendo y me sube temerariamente la ira, igual que antes me subía la temperatura corporal. Mis primeras palabras van a ser portadas en todas partes. He de meditar bien mis declaraciones a la legión de periodistas que montan guardia día y noche a la puerta del Carlos III. Voy a vender cara mi cuarentena. Mediré bien mis opiniones en todos los medios, sin rebajarme a salir en el Sálvame ése del cotilleo inmundo: no voy a mendigar interés mediático como algunos políticos. Diré lo que pienso, y en paz. ¡Todos hablarán de mí porque estoy viva! Os tengo que dejar que voy a preparar mi comparecencia ante las cámaras, eso si no me roba protagonismo el presunto cachorro del PP, el Nicolás ése todopoderoso, que aparece hasta en la sopa y que se colaba por el morro en todos los saraos. Un abrazo a todos.

Dos tercios de los 80.000 licenciados en materias relacionadas con la comunicación de masas en paro prolongado y los más de 12.000 profesionales despedidos durante los últimos cuatro años se quedarán sin esa exclusiva. Tendrán que mirar el telediario con ojos críticos y solo podrán redactar un original tuit desde el móvil, mientras se ganan los garbanzos como buenamente pueden inmersos en un drama laboral sin precedentes. Lo peor es que muchos de ellos, sin duda, bordarían esa entrevista. Cada día nos perdemos miles de buenas historias y reportajes por culpa de una hecatombe profesional que ha facilitado la sucia tarea de construir un periodismo dócil, precario y servil. ¡Qué putada!

 

Xavier Latorre

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Artsenal

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