Humor Gráfico, Joaquín Aldeguer, Número 17, Opinión, Tonino Guitián
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Esperanza

Por Tonino Guitián / Ilustración: Joaquín Aldeguer

No debería hablar de este tema, pero al menos sí puedo hablar de lo poco que sé. En el periodismo cabe distinguir dos corrientes importantes: por un lado, los periodistas, por otra, los que usan el periodismo para sus fines personales. Hay muchas y variadas clases de periodistas; por el contrario, los que se sirven del periodismo son prácticamente iguales en ambición y podrían adaptarse a otros oficios para desarrollar su fascinación por el poder. De hecho, lo hacen.

Siempre que me preguntan acerca del periodismo tiendo a sentirme, bajo la invisible mirada de los periodistas de carrera, un profano. Alguien que se inmiscuye en terreno reservado. Es cierto, yo no soy un periodista, ni siquiera añadiendo un “al menos un periodista al uso”. Ignoro si hubiera podido resistir el oficio y sus martirios. Sin embargo yo no me serví del periodismo como una mercancía, como parece perfectamente permitido entre profesionales, aunque sí lo hice en su función de contrapoder, como tan escasamente se permite. Aunque no es nada excepcional, lo del contrapoder también se ejerce cuando se trabaja en lo bufo. La primera vez que me di cuenta de esta similitud fue, entre muchas antipatías y pocas simpatías de los medios serios al programa CQC, cuando algún veterano periodista de a pie se arrimaba en una rueda de prensa y me susurraba señalando al personaje del día: “¿Por qué no le dices…?” seguido de una pregunta punzante. No me parecía bien apropiarme de la idea pero igual me animaban a que lo hiciera: “Si la hago yo, a mi periódico no le va a gustar”. Paradójicamente, muchas preguntas que nunca hubieran podido formular los periodistas sensatos las hice yo bajo la forma de una broma inocente y, junto a las respuestas habitualmente evasivas de los personajes, se publicaron también en los periódicos.

Vale, eso no me convierte en periodista. Y mucho menos “al uso”. No es más que una curiosidad o si quieren una historieta, pero en este mundo enrevesado pudiera ser que esta anécdota revele más del periodismo de este país que algún estudio que se imparta en sus universidades.

Los periodistas, aunque a veces abominen de sus labores esenciales como Jack Lemmon en Primera plana, son gente interesantísima porque viven más de cerca los problemas de la ética de la sociedad en conjunto, además de los de la suya propia. La crisis, o la “llamada crisis”, con muchas comillas, nos ha unificado con el mal de todos, la apropiación de la ética laboral por la empresa y su transformación en moral empresarial. Al igual que artistas, obreros, ingenieros, historiadores o filósofos, padecen lo mismo: si no hay dinero, no hay moral, así que haz lo que estás obligado a hacer, ni más ni menos, u otro lo hará en tu lugar.

Tampoco descubro la pólvora si digo que no es cierto que sea por una cuestión económica. El problema viene de tiempo y bajo distintas formas. Se ha expresado por boca de personas que ni conocen los vericuetos de las ciencias de la información. La periodista italiana Oriana Fallaci sacó ya en los años 70 esta interesante reflexión al obispo brasileño Hélder Cámara, figura de la olvidada teología de la liberación:

Hubo un tiempo en que ustedes venían a Brasil sólo para hablar de nuestras mariposas, nuestros papagayos, nuestro carnaval; de nuestro folclore. Ahora en vez de eso ustedes vienen a levantar las cuestiones ligadas a nuestra pobreza, a nuestras torturas. No son todos, claro, hay también (periodistas) a quienes no les importa si morimos de hambre o de choques eléctricos. Ni siempre con éxito, es claro, su espacio de verdad termina donde comienzan los intereses de la empresa a la que sirven.

Que aún hoy exista un espacio −un resquicio− de verdad no se debe a un hecho benefactor de la suerte sino al esfuerzo personal de los que luchan por y para la esperanza. Algunos días no hay ni una noticia en el periódico, pero una sola al día siguiente hace que merezca la pena leerlo. Necesitamos a esos periodistas, fotógrafos, ilustradores y columnistas que nos obligan a buscar. Brillan y nos producen emoción porque lo que cuentan tiene, entre tanta basura, la fuerza de una revelación: llega a ser entonces mejor que ese dinero que nos tortura, porque en las crisis la gente puede vivir sin dinero, pero no se puede vivir sin esperanza.

¿Les parece desmesurada, pomposa y cursi la comparación, verdad? Pues esto lo aprendí de una reportera. En un artículo suyo contaba que cuando incendiaron Sarajevo, y a pesar de la destrucción total de sus instalaciones, el diario Liberación circuló al día siguiente como de costumbre y la edición, vendida al doble de su precio, se agotó aunque los lectores apenas sí tenían dinero suficiente para comprar pan. Parece que es en esos momentos donde importa más saber qué está sucediendo que comer. Y es posible de contar si el periodista tiene apoyo editorial y la pericia suficiente para mantener vivos sus temas durante el tiempo suficiente para despertar conciencias o aclarar lo que ocurre cuando nadie parece saberlo. Claro que no es lo mismo, no estamos en una ciudad como Sarajevo, en guerra y en llamas. O eso puede parecernos… si no existe alguien fiable que nos cuente que muchas casas han ardido menos la nuestra, y el fuego avanza.

A los que creen que un humorista es un payaso cuando toma el teclado del periodista, no puedo hacer mucho para convencerles de lo contrario. Tienen toda la razón. Al día siguiente nos sacamos el maquillaje y la nariz y hacemos nuestra vida de diario. Pero, cuando actué como periodista, con mi cara sólo enmascarada por una mueca, siempre me hacía una serie de preguntas que me salvaban de avergonzarme al mirarme al espejo a la mañana siguiente. Quizá pueda ser ésta una de tantas cosas que sirviera para salir de la crisis del periodismo y que se plantean en los talleres. En los talleres de estudio, evidentemente, en los otros sólo se oye el chirrido de las máquinas girando tuercas.



Tonino Guitián

Tonino Guitián

Joaquín Aldeguer

Joaquín Aldeguer

2 Kommentare

  1. giordano bruno dicen

    Vengo leyendo los articulos de Revista Gurb y me gustan mucho, tambien las viñetas y su plantel de viñetistas, grandes y contundentes. Lo recomendare a mis conocidos.

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