Alaminos, Humor Gráfico, Juanma Velasco, Número 17, Opinión
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Es inútil, ha perdido mucho periodismo

Por Juanma  Velasco / Ilustración: Jorge Alaminos

Asistimos, al menos en este país al que unos estiman muy suyo y otros no lo consideramos tanto, aludo a España, para despejar dudas, a una esclerotización del periodismo tradicional, exponencial en los últimos tres años, con unos medios generalistas tomados casi ya sin excepción por los dogos del PP encabezados por la mosquita viva de Soraya Saez de Santamaria, que igual sirve para domesticar a la prensa que para infectar al mismísimo Ébola con un virus mucho más peligroso, el de la represión. Bajo ese aspecto de niña repelente se esconde una alguien blindada a aceptar otra tolerancia que no sea la suya. Confieso que no le aguanto la mirada.

Me sonreí no hace mucho cuando me hicieron llegar una viñeta en la que se veían unas manos practicando un masaje cardíaco a un ejemplar de “El País” y un bocadillo que rezaba “es inútil, ha perdido mucho periodismo”. Ocurrente y recopilador de la situación del periódico con más predicamento de la breve historia de la democracia española, garante otrora de un pluralismo que no dudaba en enfrentarse ideológicamente a quien todavía no le daba de comer.

El resto de medios, y me refiero siempre a los generalistas, a esos que ni siquiera voy a mencionar para no herirme con alguno de sus ángulos o por si acaso me infecto con la helicobacter intrasigentis sólo por su mera digitación, es un esperpento donde el profesional que no se pliega a las exigencias de la programación preestablecida está condenado a convertirse en sapo bloguero sin esperanzas de encontrar un príncipe o una princesa que lo desencante. Y no voy a hacer gracietas subsecuentes con la monarquía, pero podría, eh.

Uno, que también tiene un blog no apto para princesas, conoce lo que conoce, que es escaso, pero sobre todo conoce mejor lo que no conoce. Y ese mismo uno, yo en este caso, viene teniendo desde décadas un consumismo visceral por todo aquello que rodea a la climatología, ya aludí a ello en el artículo con motivo del monográfico de Gurb sobre el cambio climático al que titulé “y sin embargo, se enfría”. Tanto preámbulo para escenificar ese secuestro de la verdad por parte de periódicos y televisiones en lo que que concierne al cambio climático, donde si alguno de los profesionales a sueldo del poder tuviera la tentación de escribir sobre cualquier desaceleración de la calor, o cualquier hipótesis en favor de la recuperación de los osos polares sería de inmediato deportado a Vanuatu, uno de esos archipiélagos del Pacífico que ya debería estar bajo las aguas.

Esa continuidad en los mensajes procalentamiento, emitidos sin contrastar con la ciencia, va construyendo religión en una masa que no tiene porque tener parecida curiosidad que la mía en ese apartado y que asume como suyo, porque lo dicen todos, que el pretendido calentamiento global les va a joder la Tierra, los alvéolos y los orgasmos. Resulta deprimente para quienes no son profanos en determinadas materias el contemplar como demasiados titulares sonrosados acaban arruinando la verdad. Como decía el Piyayo, “a chufla lo toma la gente, y a mí me da pena y me causa un respeto imponente…”

Este mediodía de jueves cuando escribo, mientras comía con la televisión por compañera, para evitar el centralismo abyecto y doctrinario, esencialmente madridista, de los programas de deportes de la Sexta y Cuatro, la primera edición del telediario (me cuesta referirlo de otro modo) de TVE le ha dedicado al abordaje del clan Pujol los diez primeros minutos de su escaleta. Todo un alarde de tendenciosidad informativa desplegada para conducir a la masa hacia ese antisemitismo catalán que no hace sino promover una divergencia irreconciliable porque Catalunya ya hace muchos meses que se ha escindido de España en lo emocional. No imagino en estos tiempos amordazados una apertura tan generosa en tiempo con cualquiera de los múltiples escándalos que sacuden al partido que está realizando un último esfuerzo censor para contar con la última oportunidad para repetir alcaldías, autonomías y parlamento.

Pero quizá el periodismo tradicional esté abocado a la desaparición. Los periodistas más veraces se esconden tras cada blog, tras cada cámara de móvil. Las redes sociales están incrementando su capacidad para informar, más bien para difundir, aunque en última instancia una buena parte de la información provenga de medios más especializados, medios que se han ido atomizando ayudados por la facilidad de Internet para llegar más lejos, más rápido, más alto. De la incapacidad del gobierno para controlar, también, esta diáspora de la información da muestra la irrupción de Podemos en el consciente colectivo.

Erdogan prohibió durante un tiempo, creo que por marzo de este año, Twitter y YouTube en Turquía y ganó sus elecciones. Igual tendría que mirar algo parecido la repelente niña Soraya, para no tener que volver a malbaratar su voz y sus proclamas desde la bancada de la oposición.

Sí, todos hemos perdido mucho periodismo y no parece, a corto plazo, vislumbrarse un desfibrilador que lo retorne.



Juanma Velasco

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Jorge Alaminos

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