Editoriales, Humor Gráfico, Luis Sánchez, Número 17
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El ocaso del periodismo

Editorial / Viñeta: Luis Sánchez

La prensa, en sus diferentes variantes (periódicos, radio o televisión), se encuentra ante el momento más delicado de su historia. La recesión económica, la irrupción de las nuevas tecnologías, la piratería, los diarios gratuitos, junto a otros factores como la crisis de identidad de los medios, la pérdida de valores éticos y periodísticos, el sometimiento a los poderes financieros y gubernamentales han abocado a los medios de comunicación a una situación crítica, casi a un callejón sin salida. En todas las encuestas sociológicas la profesión de periodista aparece como la segunda peor valorada, solo por detrás de los políticos, lo que dice muy poco de la prensa española. Esta pérdida de confianza no ha llegado de la noche a la mañana, sino que ha sido fruto de una larga evolución negativa. Desde hace años asistimos a una serie de males endogámicos, cancerígenos, en el mundo del periodismo. Redacciones mal pagadas, en ocasiones formadas por becarios sin ninguna experiencia o periodistas sin formación adecuada, horarios interminables, abusos laborales de todo tipo, escasos medios para investigar asuntos de gran calado, sometimiento a la publicidad antes que a la información.

Cada vez es más frecuente que un lector se encuentre con una falta de ortografía o un error garrafal al abrir un periódico, una negligencia imperdonable en un medio que se debe caracterizar por el rigor y el valor literario. Si a esto se une la falta de unidad de acción sindical de los periodistas en la defensa de sus derechos laborales, cada vez más ninguneados y pisoteados, la consecuencia no podía ser otra que la degradación de la profesión más noble, como es la de contar historias y denunciar injusticias. Cada vez que el gremio de periodistas se ha planteado llevar a cabo una huelga general en el sector para exigir mejoras en la calidad de la profesión se ha encontrado con la división entre los propios profesionales, entre redactores, fotógrafos, diseñadores, empleados de rotativas, redactores jefes, subdirectores y directores, una división propiciada en buena medida por las direcciones de los medios de comunicación, sabedores de que no hay mejor filosofía para detener una movilización que el “divide y vencerás”. Así que el primer mea culpa ante la crisis de la prensa debe ser entonado entre los propios profesionales, que no han sabido defender sus derechos con contundencia y valor y han terminado plegándose a las exigencias más humillantes de los cuadros directivos.

Ahora, tras la reforma laboral impulsada por Rajoy con el pretexto de la crisis, miles de periodistas han terminado en la cola del paro en uno de los episodios más bochornosos en la historia del periodismo español. Mientras por un lado los titulares de portada de periódicos como El País denunciaban a bombo y platillo la catástrofe que para el trabajador suponía la aplicación de la injusta reforma laboral que instauraba casi el despido libre, por otro lado, y por lo bajini, firmaba los finiquitos de decenas de periodistas que durante años habían cumplido con su trabajo de informar con imparcialidad, rigor y esfuerzo. Entre 2008 y 2013 echaron el cierre 284 medios de comunicación y se destruyeron 11.151 puestos de trabajo, según los datos que maneja la Asociación de la Prensa de Madrid (APM). Hoy las redacciones han quedado diezmadas (“nos hemos quitado el colesterol de muchos periodistas veteranos que cobraban demasiado”, me decía hace un par de días cierto gerente) pero lamentablemente esta reestructuración cruenta se ha hecho a costa de la pérdida de la calidad del producto, de la información, que es un derecho inalienable de todo ciudadano.

Una prensa libre y veraz es el primer pilar imprescindible para que una democracia funcione pero parece que en España las grandes multinacionales de la comunicación van por otros derroteros bien distintos: cuadrar como sea los balances de cuentas y resultados anuales, ahorrar en salarios a costa de despidos injustos, contratar periodistas jóvenes mal pagados y dóciles, en definitiva, supeditar el periodismo a puros criterios financieros, como si en lugar de vender periódicos o información se vendieran coles de Bruselas. “Cada día se necesitan periodistas más pusilánimes para callarles las bocas y aceptar todas las prebendas que hay en los medios, cada vez hay menos dinero para invertir en periodismo, cada vez hay menos dinero para invertir en profesionales que se dediquen al periodismo, no a las prebendas. Va todo de la mano”. La frase es de Gervasio Sánchez, el fotoperiodista de guerra que en una entrevista en exclusiva para Gurb denunció la situación insostenible que viven los medios de comunicación españoles. Y cómo pasar por alto un caso tan sangrante como el cierre de Canal 9 (Radio Televisión Valenciana) cuya dirección aprobó un ERE que ha dejado en la calle a 1.680 trabajadores, a los que habría que sumar los 860 empleados de Telemadrid afectados por el expediente de regulación de empleo. A esta catastrófica situación nos han llevado esos administradores que durante años se han preocupado más por sus salarios millonarios que por diseñar medios de comunicación libres e independientes; esos gestores publicistas que eran capaces de tapar un escándalo a cambio de un buen puñado de billetes o de la subvención de turno; esos directores de medios de comunicación adocenados y cobardes que miraban para otro lado ante la vergüenaza informativa o se plegaban a las consignas del político de turno que levantaba el teléfono para decirle qué noticia debía cubrir, cómo y cuándo. Ante esta tesitura cabe preguntarse: ¿Sigue siendo el periodismo el cuarto poder?

Redacción de Gurb

Luis Sánchez

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